domingo, 19 de abril de 2009

Montevideo













Montevideo, Uruguay, abril 2009.-


Blogger desconsiderado

Loco, no me funca el blog.
Muy pocas son las veces que puedo entrar, por eso la deserción parcial.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Welcome to paradise

Mañana terminamos todos por el suelo

martes, 3 de marzo de 2009

Punta blanca, sabios pescadores





Punta blana, Ecuador, febrero 2009.-

Montañita dos




Montañita, Ecuador, febrero 2009.-


                   


Baños: todos los bichos, el bicho









Baños, Ecuador, enero 2009.-

Otavalo, el pueblo mercado





Otavalo, Ecuador, enero 2009.-

lunes, 2 de marzo de 2009

Los pibes


La música que necesitamos.
Ollin, desde México.

El barrio, Cumbayá





Cumbayá, Ecuador, enero 2009.-

Montaña a fin de año





Montañita, Ecuador, diciembre 2008.-

Era una vez Máncora




Máncora, Perú, diciembre 2008.-

martes, 17 de febrero de 2009

Punta blanca

Luego de unos días en Montaña, Punta blanca me recibe.
Días tranquilos, un sol que arde y mucho té -me duele la garganta-.
La costa ecuatoriana me atrapa, hay otro aire.



miércoles, 11 de febrero de 2009

¿Oye, pana, qué pasa por la calle?

Sí, viejo, Guayaquil city va a reventar, tanto calor no se puede aguantar.

El jueves parto a Montaña. Pacífico, ya te veo.

sábado, 31 de enero de 2009

Del placard

¿Olés el tomillo de mis valles?

domingo, 25 de enero de 2009

Sábados circulares

desayuno, café con leche, tostada con queso crema, frío en los pies, taxi, ciudad atascada, viernes, muy viernes, el terminal, los boletos, las ganas, el frío que se va, el pasillo, habas, habitas, sed incurable, ruta, por fin ruta, mis auriculares débiles, bachatas, vallenatos, la risa, el sueño breve, el perseguidor, el mareo, el dolor de cabeza, la risa, billetes por favor, latacunga, siga no más, el perseguidor, las líneas chuecas, los baches, los cráteres, la llovizna, ambato, ¿sur o este?, ambato atrás, casas casitas, las costuras de los cerros, los ponchos, los cultivos insólitos, la niebla, jeans, muchos jeans, pelileo, estamos cerca, estación de servicio, comida por baño, bus, ruta, caminos, calles, calles pequeñitas, bienvenidos a baños, el terminal, la foto, el cielo recortado por un techo que se cae, dos fotos, las ganas, hugo, buen día, vamos, la coca cola, los discos, el remedio para el dolor de cabeza, mío no, suerte, melcochas, cañas de azúcar, la ruta, el hotel, el bosque de guayabas, el cielo cede, el sol, calor, mis pies queriendo pasto, el otro hotel, las caras conocidas, la alegría, la búsqueda, el asombro, nuevas fotos, el río, baños de lujo, comida casera, café, mucho café, el mate olvidado, la puta madre, la piba de montecastro, mate encontrado, alivio que vuelve al cuerpo, las piedras, las hojotas de cartón, las sillas, las moscas irreverentes, los mosquitos, arañas, picaduras, viento huracanado, tarde calma, charla de viajes, borracheras, noche hermosa, el pueblo, la iglesia, el puente del amor, los bares, los turistas, la novela, el kiosco, las ganas, una club fría, el karaoke, la de rojo que baila, los chicos entonados, los gringos, las argentinas rubias desorientadas, marieta y el sueño, la escalerita, la van, la ruta, el hotel, el frío, el sueño que vuelve pero no, la van, el otro hotel, el shampoo, el beso, hasta mañana, despertador, manu chao, las siete y pico, la ducha caliente, el peine, suéter, lluvia, mucha lluvia, nubes bajas, todo blanco, todo lindo, el banco incómodo, la espera, las caras de sueño, el pelo mojado, el frío, puto frío, la van, el desastre, agua cayendo del techo, desayuno improvisado, café frío, todos locos, malhumor, mediodía, sale el sol, vuelve el viento, los bichos, tarde,  la cena temprana, todos corren, todo pasa, el vino, la sexta copa, los sillones de hierro, la incomodidad física, palabras, anécdotas, propuesta encubierta, las ganas de irse, los borrachos, el chichón del piso enculado por los premios, los mozos borrachos, las melcochas, puchos, cansancio, querer estrellarse contra una cama, cuatro y media, cinco, llegamos, el último cigarrillo compartido, la charla dormida, seis menos cuarto, vayámonos a dormir ya, sí, hasta mañana, ¿a qué hora?, diez, despertador sin batería, reloj biológico, sueño, terrible, pesado, dolor de piernas, de todo, todo el cuerpo que no durmió, el desayuno, el café más feo, el jugo de papaya, hola, buen día, la espera, la reunión, chau trapiche, hola ruta de vuelta, curvas que nos pegan, nos amontonan, pelileo, ambato, terremoto, ochenta y tres, latacunga, almuerzo de paso, las ojeras, las ganas de bañarme, la torta de naranja, curvas, buses, lluvia, cambio de clima, frío en los pies sucios, en todos lados, mi cabeza que se cae, se cae, cae en su hombro y chau, hasta no llegar no abro un ojo, estoy cansada, sueño con algo magenta, alfombras tingo, mirá dónde estamos, cumbayá, orellana, comisaría, 230, llegamos, hubiese querido seguir durmiendo ahí, baúl, mochila al hombro, bolso rojo, listo, bienvenida a casa, a los mates, a la ducha caliente, tengo que dormir, pero soy argentina y hasta las once no creo que lo logre.   

Cumbayá, Ecuador.

jueves, 22 de enero de 2009

Decisiones

Volver a cero. La página.
El motor de la lluvia en curva densa.
Mirarte.
Tímido, buscando
el gerundio que fastidia y da movimiento
lento, callado;
el rayo.
Los sonidos intermitentes y mi mano
misterio
luz.
---
Es el mate. La yerba que sobra
y parte la tapa del termo.
La ilusión de tomarlo;
madera que me olvido.
Tímida yo, buscando
el nuevo viento, el páramo
me enamora.
Vida nueva.

Cumbayá, Ecuador.

sábado, 17 de enero de 2009

Desde Cumbayá

yo en mi oficio de playera desorientada.
hace frío (ecuatorial) y llueve todo el día, todos los días.
la niebla es densa de noche y eso me gusta.
el mate se toma desde la tapa de un termo y la yerba cuesta lo que un earl grey.
escribo desde una mac temiendo hacerla explotar tras cada movimiento.
hago libretas en mis ratos libres (bien libres, o cuando necesito despejar más la mente).
juego con toña, lavo la ropa, camino sin paraguas.
este año, sí tomo colectivos y menos remedios para el dolor de cabeza.
para mí, esta vez, yo estoy de viaje.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Terminal

Terminal. Máquina de enganchar muñecos en un local de video juegos. Suena de fondo la lambada.

-¿Querés que te queme el osito panda, maricón?

-Sí, te quiero, te quiero.

 

Esa no era la respuesta ni la frase para remediar una relojeada lasciva de culo a la negra que revoleaba todo lo que a ella le faltaba. Pita estaba re podrida, cansada de la humedad de Río, de Chano, de los quince días que tuvo que soportar al lado de su futuro ex novio. Chano ya lo era, pero pronto se convertiría, para todos sus conocidos, en el abominable, en el calentón incurable, en el desgraciado que le había destrozado la vida. Pita se encargaría, personal y minuciosamente, de arruinarlo.

Hacía dos horas que estaban varados en la rodoviária, como Pita había aprendido a decir. Ya no le gustaba eso de “terminal terrestre”, de modo que cada vez que se le presentaba la oportunidad de decirlo, lo hacía orgullosa. Lo había intentado todo. Le había dado a Chano todas las oportunidades que no merecía, pero esta vez no iba a pasar de Brasil.

Por los altoparlantes, entre interferencias de todo tipo, una mujer comunicaba la cancelación del micro que ellos iban a tomar de regreso a Misiones.

-¡Brazucas de mierda!

-No hables así. ¿Sos pelotudo? ¿Querés que nos linchen, gil?

-Calláte.

Pita levantó su mochila de la forma más ridícula, pesaba unos cinco kilos menos que ella pero lo logró. Chano, mirando el televisor que tenía sobre su cabeza, tomó la correa de su valija con rueditas.

-¿Vamos?

-¿A dónde?

-Y, qué sé yo, nena, pero ¿vos tenés muchas ganas de quedarte a dormir en la terminal?

Salieron.

La calle estaba más húmeda y pegajosa que hacía unas horas. Una leve llovizna había caído y ahora, el último sol evaporaba cualquier huella de agua que hubiera quedado sobre el asfalto. El calor era cada vez más fuerte y Pita andaba tropezándose. 

No tenían mucho dinero. Chano se las había rebuscado para achicar la suma intentando sacar algún osito de la máquina, hasta que, tras la quinta desilusión, desistió, no por orgullo, sino porque prefirió gastar los últimos diez reales en una cerveza importada de Argentina.

Caminaron hasta el pequeño centro donde Chano eligió un cuarto de pensión. Pita necesitaba un baño, hacía días que no aguantaba las ganas de pillarse y vomitar. Estaba segura de que era culpa de los cuatro kilos que camarão frito que había consumido en la última semana, así que no se preocupaba, pero sí incrementaba su mal humor.

En planta baja, a menos de dos metros de la calle, estaba el cuarto, oscuro y estancado; las paredes eran de color mostaza invadidas por manchones grises de los años y la humedad. Grandes huecos descascarados en las esquinas y una pequeña ventana corrediza que dejaba ver un puesto de comida sobre la vereda de enfrente. Con algo de suerte o más bien pura casualidad, consiguieron una habitación con baño. Un ínfimo cubículo sin puerta, con una ducha eléctrica y un inodoro.

Pita tiró la mochila al lado de la cama, y la hizo chocar contra la mesita de luz desde donde voló un portarretratos con una foto del Fluminense posando en el Maracanã. El vidrio se astilló y ella suspiró al darse cuenta de que era una foto y no un espejo. Pita era tremendamente supersticiosa. De todas formas, antes de disparar hacia el baño, procuró ordenar lo que había provocado y decir en voz baja un versito protector, no fuera cosa de que su estadía siguiera empeorando.

Chano se tiró panza arriba en la cama matrimonial sin reparar demasiado en las pulgas ni en que el cubrecama no estaba húmedo, como todo en la ciudad, sino mojado.

Pita encontró la manera de hacer de su paso por el baño una situación poco traumática, aunque la descompostura se dejaba palpar por cualquier rincón. Con una voz doliente, le avisó a Chano que saldría a buscar una farmacia. Chano, prefirió no escucharla y se cubrió la cabeza con la almohada.

Tras el portazo inadvertido, Chano se asomó al baño, se calzó las hojotas y giró la llave de agua. Tenía miedo de morir electrocutado pero el calor ya era insoportable. Movió la patita hot/cold pero no había diferencia aparente entre una y otra, así que prefirió la fría presumiendo que de ese modo no correría peligro.

Al salir del baño, el cuarto seguía vacío, pero él no lo notó. Desnudo como estaba, volvió a acostarse; era estúpidamente corajudo. Una hora bastó para que Chano se sumiera en el más profundo sueño.

No mucho tiempo después, alguien llamó a la puerta. Dos o tres golpes amables y unas patadas desquiciadas segundos después. Chano soñaba con la negra de la lambada.

La foto del último día era una cama matrimonial, él durmiendo y Pita haciendo fuerza para abrir la ventana y saltar dentro de la habitación para poder estrangularlo, posiblemente. Tras meter la segunda pierna, el portarretratos del Fluminense volvió caer y Chano abrió los ojos.

-¿Te hago café?

-Uh, sí, sí, dale.

-¡Sos pelotudo, eh!

Chano se quejó y volvió a dormirse.

Pita dio vuelta su mochila, volcando todo lo que había en su interior sobre el borde de la cama. Arrimó la valija de Chano y repitió la operación. Inercambió el contenido, abrió la ventana y tiró la valija afuera. Las cosas de Chano quedaron sobre el piso. Buscó la llave de la habitación y se cercioró de que la puerta estuviera cerrada. Saltó nuevamente por la ventana. Se quedó quieta un momento mirando hacia delante, luego buscó en el suelo de tierra mojada. Consiguió lo que quería. Cerró la ventana y en el marco colocó dos varillas de madera. Paró un taxi y partió rumbo a la Terminal.

 

Cecilia Larregui

Diciembre 2008