martes, 26 de febrero de 2008
viernes, 15 de febrero de 2008
Si la tierra quiere
pancho con su diciplina. adios a las agujas, a las chancletas, a las miradas de la calle.
buscándolo; el colombiano amigo con su franqueza me sienta frente a él y nos saludamos riendo.
-pancho, cecilia gusta conocerte.
y hablamos. le di mi reloj como si de esa forma le estuviera entregando una parte de mi.
me invita a la playa, a un fuego para vernos mejor.
nos sentamos y dejamos nuestras chancletas en un tarro de basura y bailamos en la arena húmeda.
buscándolo; el colombiano amigo con su franqueza me sienta frente a él y nos saludamos riendo.
-pancho, cecilia gusta conocerte.
y hablamos. le di mi reloj como si de esa forma le estuviera entregando una parte de mi.
me invita a la playa, a un fuego para vernos mejor.
nos sentamos y dejamos nuestras chancletas en un tarro de basura y bailamos en la arena húmeda.
camarón de la isla. el mediterráneo.
buscamos otro fuego y descubre mi luna, mis ojos grandes, canarios.
las brazas.
un amigo ecuatoriano nos ofrece su botella y brindamos junto con la mamita para no emborracharnos.
-¿te gusta el mar?
-lo respeto.
-¿te vienes de viaje conmigo?
...
sentados junto a otro fuego, de golpe la lluvia de verano y caido del cielo nos recive un paraguas hermoso, rojo.
un rap nacional nos une por primera vez.
el agua es astuta y corremos al primer techo.
cubiertos con un lienzo floreados nos queremos.
hostal:centro del mundo (cierra el ciclo de mi viaje)
un guardia duerme y nosotros bailamos salsa frente a él.
un pasillo. puertas. una habitación con baño, libre. nos teníamos que encontrar y nos amamos bajo el aire ecuatorial. el sueño. el no tiempo.
sale el sol y escapamos.
salimos bailando, girando en la playa.
nuestras chancletas ya no estaban, habían desaparecido. una suerte! siento la tierra en mi cuerpo.
sin tiempo.
vamos a desayunar.
encebollado con chifles en la vereda mientras los muchachos siguen derrochando carnaval.
...
pancho es un caminante de la península ibérica, quiere ser viejo con pelo blanco narrador de historias.
pancho quiere nietos y ver el mar.
viernes, 8 de febrero de 2008
Intermedio
encabalga.miento
22.18hs. Cuenca.
la cama rechina
el vecino se enfiesta con pirotecnia
aguardiente de carnaval
vermouth nuevo
los pies se calientan
muerden el filo que quema
que quisiera
hoy es noche y marea
las siete con televisor-alarma
el respaldo choca
la pared recive con las dos bes
beso de nunca antes
en mí
blusa desarmada de ver
sólo
tu fotografía este enero
jueves, 7 de febrero de 2008
viernes, 18 de enero de 2008
La naranjilla mecánica
- cielo quiteño despejado por primera vez en siete días
- la soga con la ropa limpia secándose
- antonia cada día más grande
- mariana inquieta por mis "momentos de malhumor"
- la música de playa
- el aire de montaña
- la pitahaya de las mañanas
- las boliyucas, manjar
- los fantasmas, todos los miedos sincronizados
- guadalupe, la curiosa impertinente pero que me lava la ropa con sonrisa
- el canelaso que no probé todavía
tengo mi cuarto en el ecuador
miércoles, 16 de enero de 2008
El Bolivar

el bolivar fue
art-decó y déco
ventanales árabes
columnas góticas
molduras renacentistas
el bolivar fue
camerinos de puertas blancas
cincuenta poleas
escenografía negra
dos proyectores
cintas de john wayne
les luthiers
la sinfónica de quito
la pantoja
un piano de pared
dos mil cuatrocientas butacas
el miedo
el frío de las paredes
las escaleras de pino
los ruidos
sus dueños
la bronca
las malditas multinacionales
fueron al bolivar
domingo, 13 de enero de 2008
El Tiempo N3818
22.30, jueves 10 de enero
ciudad de quito
el pichincha bañado de nube
los cables de la calle
veinte cactus vecinos
tres abrazos
ojos inquietos
cielo bajo
taxi kamikaze
cerveza
regalos, visita guiada
mi cuarto a 2800
la misma pared
los grillos
los sapos
la tele del vecino
no tan distintos
ciudad de quito
el pichincha bañado de nube
los cables de la calle
veinte cactus vecinos
tres abrazos
ojos inquietos
cielo bajo
taxi kamikaze
cerveza
regalos, visita guiada
mi cuarto a 2800
la misma pared
los grillos
los sapos
la tele del vecino
no tan distintos
miércoles, 9 de enero de 2008
Sesión
Parece que ese día estábamos todas como quietas, como cuando se quiere ver qué pasa en la habitación contigua y dejamos de respirar, sí, algo como eso. Nos sentamos en un sillón de pana verde que resguardaba bien nuestra elegancia y esperamos. Abajo, para sostener al sillón, indefectiblemente había un piso de madera; listones que nos daban ritmo: tarugo, veinte centímetros, tarugo. Para que estuviéramos ahí, además de silencio necesitábamos té, entonces alguien trajo uno de bergamota, muy delicado. También parece que a eso de las cuatro de la tarde, ya no recuerdo, hubo un ruido. Como un chasquido, o algo agudo pero seco; una de nosotras se había comido una uña. La tuvimos que echar.
Reorganizándonos para continuar con lo nuestro, nos ubicamos. Lo único que se nos estaba permitido era mover los ojos y tomar té, además de respirar, pero manteniendo un ritmo casi imperceptible, haciendo fuerza y concentrándonos para no mover el estómago ni los hombros. Casi obedientes, inmutables.
Yo, particularmente, no podía evitar inclinarme hacia la izquierda; problemas de columna. Una de nosotras, en cambio, se tumbaba hacia delante, cada vez de forma más pronunciada hasta que le tuvimos que advertir que si seguía de esa forma tendría que abandonar la sala ella también. No debía haber ningún error, un mal paso nos habría costado mucho. Todo indicaba que la tarea se estaba llevando a cabo correctamente salvo por ciertas torpezas que no podíamos controlar pero seguramente las disimulábamos bien con un sorbo de té.
La sala era muy fría, salvando el sillón, que como buen sillón inglés, elegante y suave, nos daba calor. Pero no así las paredes, las paredes concentraban todo el frío imaginable, y esas sombras difusas y el color beige que siempre odié.
El fin del trabajo lo veíamos cada vez más lejano, la imposibilidad de movernos libremente nos embestía pero con una insoportable morosidad. Por la ventana se iba terminando la tarde y eso complicaba las cosas, quedaba sólo una hora más de sol. Nos empezábamos a inquietar.
Greta, la mayor, comenzaba a empalidecer, su corsé la estaba haciendo temblar, yo le había dicho que no sufriera, que esa prenda ya se estaba dejando de usar pero ella insistió porque parece que la hacía verse más delgada. Yo, en cambio, me quejaba por dentro, la falda de lana me hacía picar las piernas de una manera terrible, pero no debía moverme, lo sabía. Todas simulando felicidad, cuerpos erguidos, peinados intactos, tazas de té chino y un charleston distorsionaban la situación saliendo de la vitrola. Era de no creer, algunas de nosotras nunca habíamos visto una de esas, tan bonita, tan de madera, tan a cuerda.
Finalmente parece que estaba todo en condiciones; salvo la luz natural que para esa hora ya era demasiado tenue; gracias a dios, Greta había guardado de la última vez algo de polvo de magnesio y se lo ofreció al señor.
De izquierda a derecha estábamos Adela, Irene, Greta, Julia, Nora y yo, que para no perder la costumbre, salí mal, una de mis botinetas estaba desatada y el sombrero no dejaba ver mis ojos.
Reorganizándonos para continuar con lo nuestro, nos ubicamos. Lo único que se nos estaba permitido era mover los ojos y tomar té, además de respirar, pero manteniendo un ritmo casi imperceptible, haciendo fuerza y concentrándonos para no mover el estómago ni los hombros. Casi obedientes, inmutables.
Yo, particularmente, no podía evitar inclinarme hacia la izquierda; problemas de columna. Una de nosotras, en cambio, se tumbaba hacia delante, cada vez de forma más pronunciada hasta que le tuvimos que advertir que si seguía de esa forma tendría que abandonar la sala ella también. No debía haber ningún error, un mal paso nos habría costado mucho. Todo indicaba que la tarea se estaba llevando a cabo correctamente salvo por ciertas torpezas que no podíamos controlar pero seguramente las disimulábamos bien con un sorbo de té.
La sala era muy fría, salvando el sillón, que como buen sillón inglés, elegante y suave, nos daba calor. Pero no así las paredes, las paredes concentraban todo el frío imaginable, y esas sombras difusas y el color beige que siempre odié.
El fin del trabajo lo veíamos cada vez más lejano, la imposibilidad de movernos libremente nos embestía pero con una insoportable morosidad. Por la ventana se iba terminando la tarde y eso complicaba las cosas, quedaba sólo una hora más de sol. Nos empezábamos a inquietar.
Greta, la mayor, comenzaba a empalidecer, su corsé la estaba haciendo temblar, yo le había dicho que no sufriera, que esa prenda ya se estaba dejando de usar pero ella insistió porque parece que la hacía verse más delgada. Yo, en cambio, me quejaba por dentro, la falda de lana me hacía picar las piernas de una manera terrible, pero no debía moverme, lo sabía. Todas simulando felicidad, cuerpos erguidos, peinados intactos, tazas de té chino y un charleston distorsionaban la situación saliendo de la vitrola. Era de no creer, algunas de nosotras nunca habíamos visto una de esas, tan bonita, tan de madera, tan a cuerda.
Finalmente parece que estaba todo en condiciones; salvo la luz natural que para esa hora ya era demasiado tenue; gracias a dios, Greta había guardado de la última vez algo de polvo de magnesio y se lo ofreció al señor.
De izquierda a derecha estábamos Adela, Irene, Greta, Julia, Nora y yo, que para no perder la costumbre, salí mal, una de mis botinetas estaba desatada y el sombrero no dejaba ver mis ojos.
martes, 8 de enero de 2008
Pavadas
sábado, 5 de enero de 2008
Última parada
No te vayas tan rápido en el día. (retener esto)
Humo
La sensación extraña de no poder escribir una palabra mientras pienso en el último día, el viento que no hay. La mañana clave si no fuera por el sueño de la madrugada, por el chino mandarín, el olor a tabaco oriental y vino argentino. La última hora, el sol clavado en el este, la rotación, inclinación, chaquetas, padres de las chaquetas, tábanos asesinos. La última chupada al mate, el perro en frente que duerme indeciso con el lomo al calor y la mente a la sombra.
Curioso
Richard, de alaska, me pregunta sobre rodolfo walsh y charlamos horas sobre bluegrass y skip james.
Julia-the-newyorker-makes-lovely-carrot-and-pumpkin-soups!
La parejita de israel me dejó trecientos pesos argentinos sobre la almohada.
(los devolví)
Humo
La sensación extraña de no poder escribir una palabra mientras pienso en el último día, el viento que no hay. La mañana clave si no fuera por el sueño de la madrugada, por el chino mandarín, el olor a tabaco oriental y vino argentino. La última hora, el sol clavado en el este, la rotación, inclinación, chaquetas, padres de las chaquetas, tábanos asesinos. La última chupada al mate, el perro en frente que duerme indeciso con el lomo al calor y la mente a la sombra.
Curioso
Richard, de alaska, me pregunta sobre rodolfo walsh y charlamos horas sobre bluegrass y skip james.
Julia-the-newyorker-makes-lovely-carrot-and-pumpkin-soups!
La parejita de israel me dejó trecientos pesos argentinos sobre la almohada.
(los devolví)
martes, 1 de enero de 2008
Gente de montaña
¿El tiempo?
Eso que pasa cuando me quedo sin palabras y me voy a buscar.
¿El sur? El comienzo de todo viaje.
Una historia.
Unas ganas furiosas de esperarme.
Me vas a querer de lienzo.
Ya estamos; mis hojas y yo en blanco liviano.
Eso que pasa cuando me quedo sin palabras y me voy a buscar.
¿El sur? El comienzo de todo viaje.
Una historia.
Unas ganas furiosas de esperarme.
Me vas a querer de lienzo.
Ya estamos; mis hojas y yo en blanco liviano.
sábado, 29 de diciembre de 2007
Nota al pie
viernes, 28 de diciembre de 2007
martes, 25 de diciembre de 2007
Equipaje - Juan Quintero
Voy hurgando pa' ver que llevo
sin olvidar destino y pasaje,
origen y documentos.
Me voy a un horizonte
tan difuso
y tan incierto
que mejor me llevo en norte
en una brújula que me invento
la palabra con el acento,
calma en el paso y ansia de abrazo
y la arenga del ser querido
que me despide y que me acompaña:
"metéle chango,
metéle fuerza y maña"...
Mañanitas de sol de Enero,
luna y lucero
canto y mirada,
llanto con su silencio.
El mate y la palmada amiga y franca,
la guitarra y el asado
llevo un lastre de cariño por todos lados
y el dolor del error pasado,
el daño que hei hecho viaja en el
pecho
Pa' tratar de matar los miedos
me llevo encima un poco 'e prudencia
y para sobre llevar la ausencia
la paciencia y nada más.
Cotidianos que pierdo el paso,
y desgarrándome en pedazos
me voy entero.
Y ya te estaré encontrando,
no se dónde y no sé cuándo
y mientras tanto largo esta copla
para que agite un poco el vacío
y que te abrace en el nombre mío
si no estoy más.
sin olvidar destino y pasaje,
origen y documentos.
Me voy a un horizonte
tan difuso
y tan incierto
que mejor me llevo en norte
en una brújula que me invento
la palabra con el acento,
calma en el paso y ansia de abrazo
y la arenga del ser querido
que me despide y que me acompaña:
"metéle chango,
metéle fuerza y maña"...
Mañanitas de sol de Enero,
luna y lucero
canto y mirada,
llanto con su silencio.
El mate y la palmada amiga y franca,
la guitarra y el asado
llevo un lastre de cariño por todos lados
y el dolor del error pasado,
el daño que hei hecho viaja en el
pecho
Pa' tratar de matar los miedos
me llevo encima un poco 'e prudencia
y para sobre llevar la ausencia
la paciencia y nada más.
Cotidianos que pierdo el paso,
y desgarrándome en pedazos
me voy entero.
Y ya te estaré encontrando,
no se dónde y no sé cuándo
y mientras tanto largo esta copla
para que agite un poco el vacío
y que te abrace en el nombre mío
si no estoy más.
domingo, 23 de diciembre de 2007
Para el que se va
el azulclaro, parte dos
es un saludo de vuelta
se va dejando atrás el camino parejo
un poco de polvo, piedrita en el zapato
las piernas inquietas
esa niebla
mirada descontrolada
hoy me cuesta
la ventanilla con el sol de mediodía
sobrecarga de equipaje
el aire nuevo
un viaje de tu mano en el mapa
el alcohol en órbita de
la inquietud que llama
la contención de las palabras
es un saludo de vuelta
se va dejando atrás el camino parejo
un poco de polvo, piedrita en el zapato
las piernas inquietas
esa niebla
mirada descontrolada
la nuca
hoy me cuesta
la ventanilla con el sol de mediodía
sobrecarga de equipaje
el aire nuevo
un viaje de tu mano en el mapa
el alcohol en órbita de
eso, desgarrador
la inquietud que llama
la contención de las palabras
ya: conmigo
dibujáme la espalda.
dibujáme la espalda.
sábado, 22 de diciembre de 2007
On a parlé dans la radio
Y venía con un ritmo constante, algo de eso que tienen los ritmos, vos al lado de la puerta, yo con miedo a que se abriera. Vos con pantalón azul, yo también. Hacía tanto calor, me faltaba el aire, me faltaba un nombre. Tus ojos yendo, los chicos, el deporte, el viejo que duerme un poco, tus ojos viniendo. Yo así, como hoy, o como casi nunca derecha, colocando mi columna en el centro, intentando hacerla coincidir con algún punto que no conozco, con un punto que me deja sin aire y ya, tu mano tan blanca en el bolsillo derecho del pantalón.
Mis pies: insoportables, tanto calor, tan poco lugar entre tantos hombros y mujeres. Y así, las mujeres, el tren que pasaba tarde, las dificultades. Tres: la desesperación, el vagón quieto, tus ojos igual, yo sin aire, yo te miraba y tu mochila en el piso. Un gesto alto en las cejas, el chico gritando, el cuello que me duele tanto y tan feo, unas cuantas canas y los dedos rápidos y algo de amor encima. El francés. ¡Merde alors! Y tu risa, cuánta alegría verte, estar en este momento, yo que pensaba que no tenías risa con tu postura tan correcta y la mano en el bolsillo.
Mis pies: insoportables, tanto calor, tan poco lugar entre tantos hombros y mujeres. Y así, las mujeres, el tren que pasaba tarde, las dificultades. Tres: la desesperación, el vagón quieto, tus ojos igual, yo sin aire, yo te miraba y tu mochila en el piso. Un gesto alto en las cejas, el chico gritando, el cuello que me duele tanto y tan feo, unas cuantas canas y los dedos rápidos y algo de amor encima. El francés. ¡Merde alors! Y tu risa, cuánta alegría verte, estar en este momento, yo que pensaba que no tenías risa con tu postura tan correcta y la mano en el bolsillo.
miércoles, 19 de diciembre de 2007
lunes, 17 de diciembre de 2007
Moreno.Domenico.Kassin
Senti de longe mas não quero saber
pra mim só quero paz
No fim bem onde já não tenho você me diz se nunca mais
É só me confirmar a frase mágica que eu vou entender
Não tem mistério já, eu posso suportar mais que um janeiro sem te ver
E se a chuva faz florir o jardim também tristeza traz
Ouvi, o Rio ao longe chama por mim, adeus Minas Gerais
Pois se quiser voltar mais esta página pagando pra ver
Já pode preparar as suas lágrimas que as minhas ninguém vê
Senti de novo mas não quero saber
eu não vou ligar pra você
Ouviu? o Rio ao longe chama por mim
e se eu for não volto mais aqui.
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