jueves, 23 de octubre de 2008

El Bloque

NOTA PEGADA CON CINTA ADHESIVA SOBRE LA BOTONERA DE UN ASCENSOR

 

“Se les comunica a los inquilinos de L.N. Alem 452 que el……martes 10…….., a partir de las…10h…, la empresa fumigadora ESTHER MINIO pasará a realizar su trabajo por los departamentos. Se ruega atender a los fumigadores ya que, desafortunadamente, sufrimos una invasión imprevista de bichos munición, más comúnmente llamados bicho bolita.

 

La Administración.

*

 

L.N. Alem 452 1º B

San Isidro (CP1642)

Buenos Aires

Argentina

 

San Carlos de Bariloche, 9 de marzo de 1983

Estimado Coronel Honorio Bote:

                                                           Desde la Escuela Militar de Montaña, le hago llegar a Ud., mi Coronel, las insignias y condecoraciones que me ha pedido. Me he tomado el atrevimiento, mi Coronel, de enviarle la placa de bronce en su honor que, a desgracia, ha olvidado en el cuartel.

Con sumo respeto y honor, lo saluda

Teniente 1ro Raúl Remo.

 

 

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 10 de agosto de 1983

Al Sr. Bote Honorio:

                                   En el boletín adjunto se detalla la información solicitada.

Atte.

I.A.F.P.R.P.M Instituto de Ayuda Financiera de Pago de Retiros y Pensiones Militares.

 

BOLETÍN

Los Retiros y Pensiones Militares se rigen por la Ley Nº 19.101, sus modificatorias y por la Reglamentación de la Ley para cada una de las Fuerzas Armadas. Dicha normativa corresponde a un Régimen Especial de retiros y pensiones que nada tiene que ver con los llamados Regímenes de Privilegios. Sus particularidades más importantes son:

1. El Personal Superior y Subalterno del Cuadro Permanente de las Fuerzas Armadas tiene derecho a un haber de retiro a partir de los veinticinco años de servicios militares, según la Tabla de Porcentajes establecida en la citada Ley.

 2. El Personal Militar en situación de retiro y sus pensionistas continúan aportando el 11% de su haber hasta la extinción del beneficio.

El trámite para el otorgamiento de un beneficio pensionario debe ser iniciado en la Fuerza Armada correspondiente, existiendo a la fecha, un régimen de pagos provisorios.

Una vez otorgado el beneficio, se envía una comunicación de alta al titular, indicando la fecha y el lugar de pago en donde deberá efectivizar el primer y los sucesivos cobros.

*

PAPELES TRABADOS POR EL BURLETE DE LA PUERTA DEL 1º B

Rotisería “Los Cedros” Menú-Mediodía 12/08

 

Colita de cuadril al horno con papas…………………………….        $1050

Soufflé de calabaza gratinado……………………………………       $800

Tarta de acelga o choclo…………………………………………       $600

Milanesa de ternera con fritas……………………………………       $1000

Budín de pan…………………………………………………….        $350

Arroz con leche (me quiero casar)………………………………        $400

 

Tintorería Yatekito

 

Honorio: el gabán y el vestido de gasa verde están listos. Páselos a buscar por favor que no tengo más espacio en los percheros. La capa se la tengo lista para el miércoles a última hora. ¿A quién se le ocurre ponerse spray con la capita puesta?

 

De la estación –Diarios y Revistas-

Sucursal Acasusso

Eduardo Costa 604

San Isidro (1642)

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TIQUE FACTURA B

FECHA 12/08/83

HORA: 15:44

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A CONSUMIDOR FINAL

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PARA TI

4,000 X 700,0                                    2800

ÁMBITO FIN

30,00 X 300,0                                     9000

MACRAMÉ PASO A PASO            

2,000 X 800,0                                    1600   

TOTAL                                           13.400   

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Lanzarote, 9 de agosto de 1983

Papá:

            ¿Cómo te trata la zona norte, viejo? Mucha humedad, imagino. Te escribo por un par de razones:

            Ayer le festejamos el cumpleaños a Memé, no sabés lo linda que está, los dos años le sientan de maravilla, si la vieras correr a Felipe por la playa gritándole como loca “pepe”, le dice Pepe ¿Podés creelo? Pepe en vez de Pipe, qué plato. Hicimos un almuerzo con la familia de Ernesto, algo sencillo, nada de andar con preparativos.

            Por acá, entonces, todo lindo, tranquilo, acostumbrándonos de a poco a la isla, es tan diferente. Yo no sabía que estábamos tan cerca de África, para mi las Canarias eran cerquita nomás de Europa. En fin, qué te digo.

            Por otro lado, y esto es lo importante: Hacéme el favor. La semana pasada tuve la suerte de hablar por teléfono con Nelly y me dijo que todavía no hiciste el trámite de la pensión de mamá. Esas cosas hay que hacerlas, no me hagas fastidiar que estoy lejos y no puedo hacerlo yo, y Nelly ya sabemos cómo es, más vale dejarla con sus cosas que sino después anda reclamando. Sé que tenés que llevar los recibos de pago del ministerio o bueno, no sé, los que le daban en el Normal, si mal no recuerdo los guardaba en una carpetita amarilla en el cajón derecho de la cómoda, la que tiene el vidrio arriba con las fotos de La Falda, esa.

            Bueno, viejo, hacélo y no rezongues. Los nenes y yo te mandamos un fuerte abrazo, Ernesto también por más que se haga el machito.

                                                                                              Graciela.

 

*

SECCIÓN CUENTOS DE “EL ARTE ES MORIRTE DE FRÍO – REVISTA LITERARIA”

 

ENTREGA 1: “Rosa de lejos” Por Lisandro Dedánn

El edificio queda entre las calles 25 de Mayo y Acasusso. Por cada piso de los cuatro que tiene, hay dos departamentos: A (frente) y B (contrafrente, pero más luminoso que el primero).

Los propietarios son todos, en su mayoría, sexagenarios y llevan más de treinta años como vecinos. Es así que se conocen todos con todos y tienen una relación cordial. Han visto crecer hijos y morir a esposas y a esposos en esos treinta años. Yo, sin embargo llevo sólo cinco años viviendo aquí con mi madre y soy el único joven del bloque.

Es notable, ha ocurrido algo insólito hoy. Cuando bajé a buscar la revista de literatura que me llega todos los meses, me crucé con R en la planta baja, y me comentó algo que despertó la curiosidad de todos. Mientras arreglaba el zócalo de una de las paredes, comenzó a contarme de la inesperada desaparición de mi vecino de piso, H. Me dijo que mientras limpiaba el hall de entrada se cruzó con M, la señora del 2do A que se encarga de cobrar las expensas y ésta le preguntó por el Coronel (así le dicen). M le dijo que estaba extrañada que el Coronel no había pagado la cuota de este mes, que había tocado varias veces por día a su puerta durante cuatro días seguidos y no había obtenido respuesta alguna. R me dijo que también estaba atónito: H no acostumbraba a desaparecer de esa manera y el hecho de que se hallara atrasado con el pago de las expensas era aún más que inusitado en su persona.

Por mi parte, debo decir que si R no me hubiese puesto al tanto, creo que nunca hubiese notado la ausencia de mi vecino.

H era un militar de alto rango del ejército de montaña. Era un hombre de por si reservado, en estos cinco años que llevo en este edificio, nuestras charlas no se han prolongado más allá de un austero saludo matutino, cuando ambos bajábamos para comprar el diario. Luego, él salía con su perrita a dar unas vueltas, para regresar y encerrarse en su departamento, por lo tanto, siempre me había parecido un personaje algo fantasmagórico; recién hace dos semanas supe que era viudo.

Pero, desde que ella apareció he comenzado a fijarme cada vez más lo que sucede en el departamento que le pertenece, ¿o pertenecía? al Coronel; no hace ninguna diferencia no conocer su rostro, ni su voz, ni siquiera el porqué y el cómo de su súbita aparición me importa. Sólo sé que estoy enamorado y que a pesar de mis 19 años no estoy dispuesto a perder la oportunidad de conocerla…

 

Continuará.

 

*

 

ARTÍCULO APARECIDO EN LA REVISTA PARA TI DE NOVIEMBRE

 

Muebles y objetos de antaño para la decoración de hoy

En este mes que llevo en Amsterdam he aprendido algo sobre mí. Me gusta, me tranquiliza y me calma el alma el estar rodeada de historia. Pasear por calles empedradas, exuberantes parques de árboles milenarios, antiguos canales y puentes de piedra, u observar que las casas se apoyan torcidas las unas en las otras cual elegantes ancianitas fatigadas me llena del indescriptible sentimiento de pertenecer a la humanidad, de venir de algún lado, de ser una microscópica partícula de un largo camino, que en este punto se encontró conmigo.

 

Los anticuarios son lugares que, por instinto, busco en cuanto llego a una ciudad y muchas veces las amo en función de estos pequeños reductos llenos de vivencias pasadas que se reflejan en sus muebles.

En París o Londres los anticuarios reflejan más que nada su esplendor histórico, pero es en Madrid con su carácter cotidiano y desordenado donde he encontrado los anticuarios más eclécticos, variados, alegres y amistosos.

 

De entre ellos una de mis tiendas favoritas es La Europea. No se por qué, pero así son los grandes amores. La simpatía de sus dueñas, el macho pato disecado, ese mejunje de muebles y objetos inútilmente bellos que a mi tanto me emocionan ¿Quién sabe? El caso es que me gusta y mucho.

Eugenia y Sonia renuevan constantemente su stock, trayendo joyas de todas partes gracias a sus viajes. Su buen gusto refleja una predilección por los muebles antiguos, que realmente parecen antiguos, y que restaurados o no, mantienen el sabor elegante o rústico del pasado. Quizás a ellas les pasa como a mí: la restauración es indispensable, pero que no se note.

 

 

TRANSMITE LRA1 RADIO NACIONAL BUENOS AIRES, REPÚBLICA ARGENTINA Y LS 82 ATC CADENA NACIONAL PARA TODO EL PAÍS. HABLA A LA NACIÓN ARGENTINA EL PRESIDENTE RAÚL RICARDO ALFONSÍN.

 

(…) “Todos somos humanos y falibles, pero esta vez no contamos con mayor espacio para el error o la flaqueza. No debemos fallar. No fallaremos. Y si al cabo de nuestros mandatos hemos cumplido con aquellos grandes fines del Preámbulo de la Constitución que alguna vez nos hemos permitido recordar de viva voz como ofreciendo a la gran Argentina del futuro nuestra conmovida oración laica de modestos ciudadanos, entonces, como también lo hemos dicho en más de una ocasión, nada tendremos que envidiar a los grandes personajes de nuestra historia pasada, porque esta generación, la nuestra, tan hondamente agitada por las luchas y las frustraciones de este tiempo, habrá merecido de su posteridad el mismo exaltado reconocimiento que hoy sentimos nosotros por quienes supieron fundar y organizar la República.

Con el esfuerzo de todos, y unión y libertad, que así sea”.

 

 

DIARIO ÁMBITO FINANCIERO, 11 DE DICIEMBRE DE 1983

Alfonsín prestó juramento ante la Asamblea Legislativa reunida en el Palacio Legislativo, rodeado por representantes de todas las fuerzas políticas, jefes de Estado y delegaciones de primer nivel de países extranjeros, los ex presidentes constitucionales Arturo Frondizi y María Estela Martínez de Perón, legisladores y autoridades nacionales electas.

Tres minutos después de las 8, Alfonsín entró en el recinto de la Cámara de Diputados en medio de los aplausos de quienes colmaban el lugar. En el mismo acto, prestó juramento como vicepresidente Víctor Martínez, tras lo cual el presidente dirigió su mensaje a ambas cámaras legislativas, difundido por la cadena nacional de radio y televisión.

El discurso fue varias veces interrumpido por los aplausos. El mensaje se extendió 60 minutos. A las 9.10 se entonaron las estrofas del Himno Nacional, tras lo cual el senador Edison Otero dio por concluida la sesión.

El flamante presidente constitucional fue a la Casa de Gobierno en un automóvil descubierto, en compañía de su esposa, y precedido por un batallón de Granaderos a Caballo, siendo aclamado en todo el trayecto por una bulliciosa concurrencia que lo vitoreó sin cesar y cubrió la Avenida de Mayo y el vehículo con papeles celestes y blancos y flores.

 

*

 

 

LISTA DE LOS MANDADOS SOSTENIDA POR UN IMÁN, RECUERDO DE CERRO OTTO.

ü      Café La Morenita

ü      Agua tónica

ü      Gancia

ü      Zapallitos

ü      Tomates

ü      Leche

ü      Papel higiénico

ü      Acetona

ü      Jabón de tocador

ü      Azúcar

ü      Mermelada de naranja

ü      Fijador spray

ü      Clavos de acero

ü      Pomada borravino

 

NOTAS ENGANCHADAS AL PICAPORTE DE LA PUERTA DEL DEPARTAMENTO DE HONORIO BOTE POR RAMÓN

Señor:

            Le pido por favor que mañana por la mañana atienda al muchacho de la fumigación porque la semana pasada no lo atendió nadie y es importante que terminemos con la invasión de estos desgraciados.

Ramón.

Pa:

            Vine a traerte la postal que mandó Graciela, para que la vieras nomás, pero no estás. ¿Dónde estás, che? Me dijo el portero que no te ve hace tiempo. No te la dejo porque andá a saber si alguien mete mato y me la roba. Paso en otro momento. ¡Ah! ¿Quién es el pibe del A que escucha Virus a todo lo que da?

Nelly.

*

SECCIÓN CUENTOS DE “EL ARTE ES MORIRTE DE FRÍO – REVISTA LITERARIA”

 

ENTREGA 2: “Rosa de lejos” Por Lisandro Dedánn.

Yo no estaba acostumbrado a escuchar ruidos provenientes del otro departamento, menos a esas horas de la madrugada, por eso, cuando escuché unos tacos afuera del departamento, y luego el ruido de alguien buscando las llaves, me sorprendí. Me levanté de la cama trastabillando y me aproximé a la puerta, acerqué un ojo a la mirilla y la vi. Más o menos, porque sólo alcancé a verla de espalda y parte de su cabeza. Llevaba sólo un pequeño bolsito. Era una mujer de gran estatura y de contextura fornida; iba vestida de gala. Luego, cerró la puerta y la perdí de vista.

Tambaleando en la oscuridad, me senté un momento a pensar. Esta mujer era una total desconocida, sin embargo tenía las llaves de la casa del Coronel. Y ¿dónde estaba el hombre?, ¿estaría gravemente enfermo?, ¿de viaje por La Polinesia?, ¿habría estirado la pata? ¿Quién cuernos era esta señora?

Víctima de un rapto de ansiedad, tomé una libreta y comencé a formular hipótesis acerca de todos estos extraños episodios y me quedé a la espera de que, por alguna de esas casualidades, la mujer saliera otra vez del departamento.

Pasé las siguientes horas con la mirada fija en el reloj de la video casetera y escuchando el zumbido del motor de la heladera. En ese estado de hipnosis causado por el tintineo de las lucecitas de la video me hallaba cuando, a las 5.37 de la mañana, volví a escuchar movimiento fuera del departamento.

Corrí precipitadamente hacia la puerta, en el trayecto dejé que mis anteojos volaran, hasta estrellarse contra el piso, para luego ser pisados por mi descalzo pie derecho. Pero por el momento, mi mente sólo operaba para llegar a la puerta lo más rápido posible. Sólo vi una imagen difusa de una mujer de pelo castaño, pero sé que era ella. Llevaba anteojos para sol de un tamaño considerable, algo bastante curioso, dado que todavía no había amanecido.

El otro detalle que escuché junto con el taconeo de la mujer fueron los trotecitos de la perra del Coronel. Luego, sentí cómo las dos bajaban por la escalera. Me percaté de que la mujer, probablemente, saldría del edificio a pasear a la perra, por lo que nuevamente inicié una carrera hasta la ventana. Me fue sorprendente el hecho de que la mascota del Coronel fuera tan simpática con una desconocida, ya que la pequeña bestia era una de las criaturas más hoscas que haya conocido.

Sin pensarlo, salí a la calle y comencé a seguirla. Descalzo y todavía en calzoncillos y camiseta. La seguí a una distancia segura hasta el quiosco de diarios. Ahí, pidió Ámbito financiero y la revista Para Ti y continuó caminando hasta la panadería de donde salió con un paquete de cañoncitos de dulce de leche, que luego convidó a la perrita.

Dieron la vuelta manzana y regresaron al edificio. Dejé que entraran con tiempo y luego de un rato entré yo. R estaba barriendo la vereda y me abrió con una sonrisa chabacana por mi atuendo, pero al notarme tan apurado prefirió abstenerse de hacer algún comentario. Cuando llegué al primer piso, la mujer ya había ingresado a la casa del Coronel.

Decidí quedarme todo el día, de esa forma conseguiría controlar cada movimiento que ella hiciera…

Continuará.

*

Lanzarote, 23 de diciembre de 1983

Viejo:

            Qué bueno que escribiste, por fin. No pasó tanto tiempo desde la última carta, pero te confieso que me había quedado algo preocupada.

            Entiendo que los trámites sean un plomo, pero es un tirón más. Si ya tenés todo organizado es más fácil. ¿Los recibos estaban donde te dije, no? Me acuerdo patente de esa carpetita, mamá se volvía loca cada vez que yo metía mano en ese cajón. Para mí que guardaba algo secreto… no, chiste. Entonces, con eso ya está, una mañana te armás de paciencia, te comprás algo rico en la panadería y te vas a hacer la cola al PAMI sin chistar, viejo.

            Hablé con Nelly, me llama cada dos por tres ahora. Parece que la dejó el novio, es un atorrante ese pibe, yo lo vi un par de veces antes de venirnos para acá y, la verdad que no me gusta ni medio. ¿Por qué no te das una vuelta por su casa? Me dijo que el otro día pasó por el departamento y que no estabas, era para mostrarte la postal que le mandé, pobrecita.

            En fin, te dejo porque tengo que llevar a Memé al dentista; me da miedo, no sé cómo son los gallegos con los dientes. Pobre nena.

            ¡Beso grande, Pa!

                                               Graciela.

P.D.: ¿Qué tal es Alfonsín?

*

SECCIÓN CUENTOS DE “EL ARTE ES MORIRTE DE FRÍO – REVISTA LITERARIA”

 

ENTREGA 3: “Rosa de lejos” Por Lisandro Dedánn.

A eso de las 12.10 del mediodía tocaron a la puerta del departamento contiguo. Observé por la mirilla a un joven con un paquete, al parecer, de ravioles, pero nuevamente, no podría precisarlo. Al rato la puerta se abrió y la mujer lo atendió en bata de seda; estaba muy guapa o eso imaginé. Para mi sorpresa, el chico pasó adentró y la mujer cerró la puerta.

Pasaron diez minutos y el joven salió con un sobre tamaño carta.

Más tarde, decidí bajar y hacerle un interrogatorio a R, esta vez tomé la precaución de ponerme los pantalones. Cuando bajé, R limpiaba el ascensor. Me dirigió una mirada socarrona y, con una sonrisa me preguntó si se me había dado por hacer jogging matutino. No le respondí, pero sí le pregunté si sabía algo nuevo del Coronel. Dejó de pasar el trapo y me dijo que M había recibido el pago de las expensas que debía H en un sobre que le habían deslizado por debajo de la puerta, algo de por sí insólito, pero que por lo menos significaba que el Coronel había vuelto, o si no se había ido nunca, que había tomado la sabia decisión de ponerse al día con el pago de sus impuestos.

Llegué a la conclusión de que R desconocía el hecho de que una desconocida estaba viviendo en la casa del Coronel, y que seguramente, ella se había encargado de saldar la deuda. No sé por qué, pero instintivamente no dije nada y seguí sólo con mi investigación.

Comprendí que el joven había sido el encargado de entregar el sobre y que era obvio que la mujer prefería mantenerse en el anonimato. Sólo salía a altas horas de la madrugada para mantenerse fuera de la vista de todo.

Decidí pasar por el quiosco de diarios y hacerle un par de preguntas a T y por último, pasar por “La Reina” para conseguir algún indicio y, de paso, llevarme media docena de cañoncitos. Ninguno supo darme información válida. La describieron como una persona bastante corta de palabras, hacía su pedido, pagaba y se iba sin más. Aunque, a ambos le llamó la atención que estuviera tan bien vestida y que llevara lentes oscuros a las seis menos cuarto de la mañana. También mencionaron algo sobre su voz, como de fumadora vieja; pero nada más que me condujera a algo más allá de lo que ya sabía.

Me sentí frustrado, no había indicio alguno de quién era esta mujer, y cómo se relacionaba con la desaparición de H; me estaba desesperando. Pero lo que más inquieto me ponía era otra cosa: esta persecución obsesiva, este misterio que rodeaba a tan bella mujer me estaba haciendo sentir cosas que jamás había sentido por alguien. Toda esta situación me tenía muy confundido y excitado. Fue entonces que llegué a la conclusión de que para que el misterio fuese develado sería necesario entrar a la casa del Coronel por medios ilícitos, aunque fuera en contra de la ley.

El allanamiento se llevaría acabo de la siguiente manera: primero, necesitaría una ganzúa y una que otra herramienta para forzar la cerradura. De no resultar, la tiraría abajo a golpes con una maza y, en su defecto, simplemente la prendería fuego. El ruido no sería un problema, todos los que viven en el edificio por la noche no usan audífonos.

Ya para ese entonces, mi trastornada ansiedad y mi locura no dejarían lugar para hacer un trabajo más fino, sino, nunca llegaría a conocer a la mujer que me desvelaba. Ya nada me importaba.

Una vez que la puerta dejó de ser un problema, entré al recinto donde vivía mi amada. El ambiente olía a un perfume dulce y era evidente que la decoración respondía a un gusto delicado. Las figuras de porcelana, los tapices con motivos florales… ¿la colección de armas antiguas? Dejé la ganzúa sobre la mesa y empecé a recorrer los demás ambientes.

Entré a la cocina, luego a su dormitorio y, por último, al baño. Y ahí lo noté. Las dos tapas del inodoro estaban levantadas y un dejo de líquido amarillo ensuciaba el excusado. Mi corazón paró de latir y sentí que toda la sangre se me iba al estómago. Luego, sentí que alguien entraba al departamento. La pude ver de cerca. Todos mis temores y mis sospechas se confirmaron: el Coronel era Rosa de lejos, ni más ni menos.  



gracias mercedes.

viernes, 10 de octubre de 2008

El amor

Despertarme, subir la persiana y escucharlo entrar con una bandeja llena de tostadas, manteca, azúcar y un café.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Absolut vacío

-Mi lavarropas no funciona.
-Mi hermano está en casa.

lunes, 6 de octubre de 2008

Fuckin' bitch

El chico del oeste era cocinero, medio nena y no paraba de decir "ok" ante cualquier proyecto de diálogo que intentábamos mantener con él. 
"El Moreno está bueno, ok, y me gusta el dulce de leche, ¿sí?, ok". Che, te voy dejando (así, de modo lento, como congelado, ¿ok?) con  todo el gerundio sobre la mesa y mi tazón con sopa de zapallo.
"Ok, nos vemos..."

-en un vieja libreta de viaje-

viernes, 3 de octubre de 2008

Encargo

M me encomendó lo siguiente:
Formular una lista de 6 foutaises que me hagan feliz.

Veamos:

  • Manejar con las ventanillas abiertas un día de calor mientras escucho a Manu Chao.
  • Recordar la sensación (en mi mano) de la mano de mi abuela Loli .
  • Estar frente a P y verlo sonreír.
  • Viajar sin importar a dónde.
  • Haberme dado cuenta, en un vivero, de lo mucho que sabe mi vieja de plantas (legajo de Loli).
  • El perfume de los naranjos en los primeros días de la primavera.
Ahora debo pasarle la pelota a seis personas (¿conozco a seis personas?):

Diálogo

X: La religión es algo superado.
J: Sí, en el club de fans de Nietzsche...

SMS

Madre G a Hija C:

"Vine a lo de barBero.Desp 
te llamo. Silvia te mando
BereNJenas.Besito"


Estas cosas me hacen desternillar (!) de risa.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Patada ninja

Un viernes cualquiera, Pablo y Yo tomamos una cerveza en el bar amigo. 
Pablo: El otro día le pregunté a Berni si quería hacer algun deporte conmigo... 

"P: Che, Berni, te copas para hacer algo? Ninja, por ejemplo.
B: No, prefiero ser zombi
P: Nah
B: Sí, requiere menos compromiso, para ser Ninja hay que hacer una búsqueda interior del espíritu y no."
Folleto que le muestra Pablo a Berni:

NINJA
Escuela de entrenamiento gran maestro: 
ISHAO NISHI TSUSIMA
NINJA SAIGA RYU NINPO

-Goshin Jutsu: Defensa personal
-Kumite: Combate práctico
-Randori: Lucha en el piso
-Keiki Geiko: Más de 25 armas
-Odo Korutso: Arte de improvisar armas
-Henso Jutso: Disfraces
-Yaguen: Herboristería
-Oshin Jutso: Camuflaje invisibilidad
-Shinobi Iri: Desplazamiento silencioso
-Yagai Geiko: Entrenamiento de campo
-Hiki-Zuro: Técnicas de leer rastros
-Wana: Trampas

TODO TIPO DE COMBATE - ESGRIMA - ANTISALTO - ANTISECUENTRO - TÉCNICAS POLICIALES - CULTURA JAPONESA

Club Atlético Platense
Gral. Paz  y Zapiola a 4 cuadras de Cabildo.
Pitbull Gym
(dirección)
Gym Super Power
(dirección)

jueves, 25 de septiembre de 2008

Moris x dos

Esta mañana, discutiendo sobre los aspectos de los textos lógico-conceptuales:

"A ver... por un lado tenés el aborto y la eutanasia, y por otro, las verdades científicas y el gusto por el chocolate".

Minutos más tarde:

J: ¿Qué hora es?
C: No sé.
F: 12.05
C: ¡Ah, buee!
J: ¡¿12.05?! Se me enfría el puré. ("Seguimos el jueves que viene")

(Hay días en los cuales la gente se levanta particularmente graciosa)

domingo, 21 de septiembre de 2008

Podemos hacer más de dos cosas a la vez

(???)

De aburrida-ansiosa, nomás, reviví a un viejo amigo:


sábado, 20 de septiembre de 2008

Septiembre de música

Ayer, Lisandro Aristimuño, ND Ateneo.
 Palo Pandolfo de invitado: cómo me reí (genio)

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Samba meu


Hoy Maria Rita

sábado, 13 de septiembre de 2008

El dilema nuestro de cada día

- ¿Qué querés tomar C?
- Café.
- ¿Chico o grande?
- ... la taza roja.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

¡Susana, Graciela, Moria, abstenerse!

Nota de la autora -esa vengo a ser yo-: ¡hoy me puse seria, canejo!

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Ayer escuché en dos programas de televisión, curiosamente, hablar sobre la ciudad que parece esconder el secreto de la juventud eterna. ¿Hechizos, chamanismo? Veamos:

A 1500 metros sobre el nivel del mar, y a 41 km al sudeste de la provincia de Loja, en Ecuador, se extiende el valle de Vilcabamba, más conocido como “El valle de la longevidad”.

Este lugar, aparentemente, suspendido en el tiempo, se hizo un poquito famoso, allá por la década del 60 cuando unos doctores encontraron a la población más longeva del mundo. Se decía que allí, las personas vivían hasta los cien años y que muchos habían alcanzado los 135 abriles.

Un descubrimiento semejante no pudo huirle al curro turístico y no faltaran jamás, en ningún centro de informes o en ninguna página web, folletos informativos sobre el mítico valle que preserva el secreto del pibe eterno.

Sin embargo, Vilcabamaba no fue tocada por extraterrestres ni esconde pócimas secretas que hagan de nosotros un personaje de Günter Grass, como insinuaron en la tele. Más bien, nada eso.

Para empezar a atar algún cabo, podríamos tomar el factor geográfico. Como  mencioné anteriormente, el valle de Vilcabamba se encuentra a más de mil metros de altura y lo rodean algunos de los picos más altos del Ecuador, alcanzando los cuatro mil metros y todavía más; altitud suficiente para contar con un clima templado, seco y sin cambios abruptos de temperatura.

La formación norte de los Andes tuvo, como el resto de la cordillera, enormes glaciares que con el correr de los años fueron derritiéndose dando lugar a lagunas, por ejemplo, las del Parque Nacional Cajas en la provincia de Azuay, al norte de Loja. El suelo rocoso, propio de este tipo de ecosistemas, es decir, del páramo,  es poco fértil ya que tiene simplemente unos centímetros de tierra negra, razón por la cual estas zonas no son explotadas a nivel agropecuario. No obstante, cuenta con una vegetación particular y fundamental para el desarrollo de sus pobladores. Del mismo modo que la altura y las temperaturas impiden el pastoreo o el cultivo, impiden que la flora –un pasto muy duro con aspecto plástico-, al morir, se pudra. Por lo tanto, la vegetación que cumple su ciclo de vida no se descompone, si no que el nuevo follaje crece sobre este creando una especie de esponja. En concreto: crea un filtro natural para el agua de lluvia y para la de las lagunas propiamente dichas.

Este tipo de suelos se extiende, casi en su totalidad, a lo largo de todo los Andes, y los minerales presentes en esta formación rocosa es similar también. ¿Por qué digo esto? La presencia de calcio, magnesio, manganeso, hierro, es constante;  como así también de metales como el oro o la plata tan codiciados en nuestro continente. O sea, del mismo modo que en la mismísima Argentina, salvo que allá arriba, en Vilcabamba, no se practica la minería y de este modo el mercurio u otros componentes tóxicos no contaminan el agua de las lagunas ni la de los ríos que desembocan en el valle. Debido a esto, nos podríamos arriesgar a decir que todos los minerales del agua de Vilcabamaba y de la usada para el cultivo provienen de una fuente exclusivamente natural y tienen el balance perfecto para el consumo humano, ¿interesante, no?

Una de las cosas que escuché decir ayer en Mañanas Informales y en Duro de domar, fue la atribución mágica que se le concede a esta población, como es la juventud ósea y la ausencia total -sí, total- de enfermedades. Por ejemplo, no existe la osteoporosis en personas mayores; se ha determinado que poseen la misma cantidad de minerales y contundencia que la masa ósea de un adolescente. La ingesta directa y natural de calcio, magnesio, está presente en el agua de todos los días; al alcance de cualquier canilla.

Ahora bien, podría ahondar mucho más en lo que respecta al suelo, clima y demás pero, ¿no creen que exista un detonante fundamental para que en este pueblo, sus habitantes disfruten de una larga vida?

Análogamente, Cuba posee la mayor tasa de “cienteanieros” por habitantes del mundo y, por el contrario, la isla cuenta con una Sierra Maestra que no asciende más de mil novecientos metros, además de tener completamente otro tipo de suelo.

Entonces, sabemos que es indiscutible la pureza en los altos valles de la cordillera, pero no todo se simplifica a eso.

Me detengo en Ecuador que es lo que me llama a escribir esto. Saliendo de Quito, Guayaquil, o de las grandes poblaciones que, aislando diferencias puntuales, nada tienen de diferente al resto de las ciudades latinoamericanas, el estilo de vida es otro. No nos debería sorprender ver en Vilcabamaba a hombres en sus setenta u ochenta años laboralmente activos, caminando varios kilómetros por día, trabajando la tierra. Es cierto, entonces, que este estado se lo puede asociar al buen clima y al agua pero, también es cierto que la actividad física, una dieta saludable, el contacto con la naturaleza, la relación casi fraternal con el origen y, por qué no, el desplazamiento del vocabulario del término estrés, son fundamentales.

Como todo en este mundo, Vilcabamaba se está haciendo conocido, -en mi opinión: demasiado- y es, entre otras cosas, parte de la ruta obligada para los viajeros que pasan de Ecuador a Perú o viceversa. Cada vez hay más personas instalándose en la zona poniendo spas, hoteles, restaurantes. Cada vez hay más gringos, ecuatorianos –que migran de otras ciudades-, argentinos, ávidos de contagiarse aunque sea un poquito de estas cualidades, a simple vista, mágicas. Pero, ¿somos capaces de beneficiarnos con la sabiduría del valle o ya venimos con la semilla de nuestra propia destrucción?

 


 

martes, 9 de septiembre de 2008

¿A ver quién lo roba primero?

Volviendo a casa desde Belgrano City.

"Rancho Paradise"
, pensé.
¿No creen que es un título digno para un tema de Manu Chao?

No pueden decir que no.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Cajita de música

El descubrimiento del día:


¡enjoy!

Un domingo que

ya es lunes.

tengo puestas las medias marrones que compré en la costa un día de mucho frío, sin sol, sin verano, hace más de cinco años y no puedo creer que todavía sigan íntegras aunque un poco decoloradas.

él se está bañando. tiene un resfrío fulminante, tanto que lo atacó hace no más de unas pocas horas y ya está, caput, el aire no pasa.

se está bañando. le dije que respirara fuerte el vapor.

en cuanto a mi: los pies fríos pero sonriendo de ratos.

vimos una película. Once, ¿alguien la conoce? la música es hermosa; antes de meterse en la ducha le dio play al reproductor. acá estoy entonces, escuchando las canciones compuestas por los mismos protagonistas de la peli. bueno, ¿no?

el teclado de P me cuesta un perú. tiene ondulaciones, el tilde en otro botón, pero confió en que le voy a encontrar la vuelta. yo le tengo miedo a los botones ajenos. cualquier artefacto que no es mio y que llega a mis manos es tratado de una forma muy particular. en realidad, lo particular es que no es tratado, no toco nada y, si lo hago, lo hago con extremo terror, siento, continuamente, que soy capaz de desconfigurar el mundo al presionar un botón ajeno.

hoy, después de cenar (milanesas con puré), me recosté en la cama, me abrigué con la bolsa de dormir azul y cerré los ojos. P escribía, no sé qué, yo pensaba en Loli y me sonreía. Loli es mi abuela. y la pensé largo rato, me fui de viaje a su casa en san fernando, al fondo, a la ligustrina, a los pajaritos, a la imagen imborrable que tengo de ella regando las plantas cuando bajaba el sol y, de golpe, parada frente a la mesada de la cocina picando perejil y terminando de freír mis papas fritas para ponerlas en el plato hondo de vidrio marrón.

en este tipo de pensamientos es difícil poner comas o puntos es todo tan.

cuando pasan (ustedes) mucho tiempo frente a algo, supongamos, al monitor de la computadora, y después de un rato deciden volver a mirar lo que dejaron atrás, ¿no encuentran ese atrás curiosamente extraño?

creo que ahora estoy escupiendo pensamientos que nada tienen de célebres. pongamos un punto acá.

hoy tengo las medias marrones que compré en la costa un día de viento. P sigue en la ducha pero, hace bastante que no me sentía tan acompañada como en este preciso momento.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Rien de rien.


Un segundo.

El silencio de esta noche me molesta, 
pero puedo oír, aunque más no sea,
la bocina del último tren.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Gremio del or...

Amigas, si no cuentan el tiempo suficiente para leer, tejer un gorro a crochet, hacer un curso de auto maquillaje, saquensé un turno con su ginecólogo amigo.


martes, 2 de septiembre de 2008

¡Patio, yo te quiero!

  • jazmín del cabo
  • lavanda dentata
  • marimonia
  • ruda
  • romero
  • violeta de los alpes
  • kalanchoe
  • menta

jueves, 28 de agosto de 2008

El día que me volví cursi *

Esto podría empezar con la historia del déshabillé, mi déshabillé, pero no, no creo que pueda. Me genera una incapacidad tal que se me frunce la cara y siento cosquillas en la nariz. Tantas, tantas que no creo poder hacerlo, no soy capaz.

Siempre es difícil el comienzo; los principios de las cosas, siempre, pero siempre generan un no sé qué, una discusión, un revuelo, una sonrisa, un gesto de duda y terror. Salir de la cama a las siete menos veinte y no saber si ponerse la pantuflas o el déshabillé; bañarse y después cepillarse los dientes o al revés. Entrar a un café y pensar en si es más prudente ir al baño al ingresar o esperar a tomar lo que sea: el cortado o el submarino e ir al baño luego de pagar la cuenta. Esa duda, siempre la duda.

Hoy, después de levantarme, de bañarme y cepillarme los dientes, no necesariamente en ese orden, me puse las medias tres cuartos rojas. Una de las dos tiene un agujero en el talón. La otra no.

Es un sábado de invierno y hace muchísimo frío, entonces, ahora pienso en que si me conviene prender la estufa halógena, si poner a calentar el agua para la segunda tanta de mate o si en realidad lo mejor sería ir a buscar el saquito punto yérsey de entrecasa que me hizo mi abuela, la buena, cuando yo era todavía niña. Me tomo dos minutos para volver a cero: abrigo, agua, halógena.

La yerba que empecé a comprar hace unos meses me gusta. Y no porque siga el patrón generalizado de los paquetes de yerba. Los hay los todos rojos, los azules con centro rojo, los blancos con letras rojas, los verdes con la tranquera roja. Pero no. Este es todo verde, distintas gamas de verde y un poco de blanco en el centro para que el nombre reluzca. En la parte superior de la caja, porque esta viene en caja, no en paquete, dice Barbacuá, personalidad robusta y sabor levemente ahumado. Casi como Piedrabuena, el casero del campo que teníamos en 9 de julio. Bar-ba-cuá, divino diptongo creciente guaraní, ¡ja! ¿A quién engaño? El proceso de la yerba, o más bien, de las hojas a la yerba es lo que me interesa; por motivos de salubridad, supongo, dejaron de secar las hojas en parrillas. La de mi yerba se hace en una especie de horno de barro. Kilos de hojitas ahí dentro, un túnel, fuego en la punta. Combustión lenta, gases calientes, y las hojas se vuelven quebradizas y listas para el consumo. Es el claro ejemplo del derroche exacerbado. Cien kilos de hojas verdes reducido a veintitrés de una exquisita e incomprendida yerba mate seca con un cinco por ciento de palitos.

Muchas veces me tomo dos minutos para volver a cero (podrían ser sesenta y siete segundos, pero me gustan los números redondos, suenan más convincentes). Levanté el pie derecho y me puse la media roja, la que tiene el agujero en el talón. La otra, la del pie izquierdo no. Digo, no que no tiene agujero en talón, sí que me la puse. Tiré fuerte de cada una de ellas, llegaban a unos centímetros por debajo de mis rodillas, blancas, bien blancas del invierno. Por un momento sentí un temblor, una mueca rara debía tener entre las cejas. Así como una magdalena puede evocar la infancia de un hombre, toda la vida de un hombre, las medias rojas me había llevado a un momento preciso de mi vida cuatro años atrás.

Hace cuatro años (que podrían haber sido tres años y seis meses), era de noche. Yo tenía dieciocho años o quizás los estaba por cumplir. Sí, tenía diecisiete. Andrea y María, me acompañaban.

Curiosamente, quizás, también era sábado, sábado a la noche y yo quería salir. Necesitaba compensar las horas de encierro en el local. De golpe, el recuerdo de un bar que había abierto sus puertas hacía muy poco, que quedaba cerca de mi casa, que era tranquilo, para un público un poco mayor que nosotras, con música en vivo. Se podía decir que era precariamente perfecto para la ocasión.

Caminamos siete u ocho cuadras hacia el bajo. Se sabe que el bajo de cualquier ciudad siempre tiene algo de agradable; el viento es diferente, las caras, los faroles; claro que hablo de un bajo de los ochentas y no de uno con conventillos, burdeles y milongas, que de todas formas presumo que debían ser bastante pintorescos.

Frente a una puerta cancel entreabierta, había una escalinata y un pizarrón lleno de inscripciones en tiza de colores que nos informaba algo así como que a las once había comenzado a tocar un dúo de guitarras que reversionaba temas de Sting en (reversionar a? en? Igual no creo que exista la palabra) bossa nova. “Lindo”, pensamos sin acotar nada más. Le dimos rienda a los treinta y nueve escalones. En la cumbre, miramos para todos lados y fuimos hacia donde estaba la música. Era una casa antigua, a simple vista acogedora, con un gran patio en el centro rodeado por una galería. Entramos por una de las tantas puertas que había, casi al azar, y vimos a dos pibes tocando. Eran ellos, claro.

Lamentablemente, en un principio, estaban todas las mesas ocupadas. Nos quedamos paradas unos dos minutos (que ya sabrán que podrían haber sido cincuenta segundos o cuatro minutos y medio). Nos sentimos un poco observadas por la gente, toda muy mayor y maquillada, hasta que se nos arrimó una señorita muy amable con una sonrisa de otro mundo, o de los lugares donde va gante mucho mayor que nosotras y nos hizo pasar a otro de los tantos ambientes que tenía la casona. Nos advirtió que ­­ahí no íbamos a tener música, que no habían instalado los parlantes todavía. No nos importó demasiado y fuimos tranquilas a lo que en algún otro momento, muchos años atrás, debió haber sido la habitación de uno de los integrantes de esa numerosa familia, quizás el más agraciado, porque tenía un ventanal enorme que daba a la plaza Mitre. Pero, lo interesante, al menos en ese brevísimo instante en el cual me encontraba parada ante la puerta, con un pie (el derecho, el de la media roja todavía sin agujero en el talón) adentro y el otro afuera, no fue el asombro de ver el ventanal que había advertido primero María, sino el temblor que me recorrió el cuello al mismo tiempo que Andrea me tironeaba del suéter.

Era una habitación pequeña con piso de pinotea y una de las paredes con ladrillo a la vista; ¿el ventanal?, sí, con vista a la plaza, pero frente al ventanal había un sillón. Tres sillones, en realidad, y una mesa ratona en el centro. La luz era imperceptible, sólo un foco colocado en un rincón apuntando hacia el techo, alto, de unos tres metros. Cerca, muy cerca de los sillones, había una mesa redonda con una vela, una macetita con una flor de cuestionable frescura y tres sillas.

Paro dos minutos y vuelvo a cero: estoy con un pie adentro y con otro afuera, siento un temblor que me recorre el cuello y el tironeo de Andrea. Lo primero que veo, antes del piso de madera, de los ladrillos y del foco, es a él, sentado en uno de los sillones frente al gran ventanal. Él con todas las letras, con una campera beige y con una polera roja. Roja. Si alguien puede afirmar que existe el amor a primera vista, ahí estaba sucediendo. Me estaba sucediendo.

Me paralicé por un momento. Nos sentamos en la mesa redonda y abrimos el menú. Esa noche tomamos café; dos cafés para las chicas y un café doble recargado para mí. Según como nos habíamos sentado, había quedado no de frente ni de espaldas a él, sino que de costado, nunca una peor ubicación frente al que sería mi primer amor. ¿Cómo haría para mirarlo? Girar la cabeza deliberadamente cada cinco minutos hacia mi izquierda me delataría enseguida. En cambio, si hubiese estado de frente, ¡ah!, así todo hubiese sido más simple. Lo podría haber mirado toda la noche, todo el tiempo, simulando ver el fotomontaje de Jeff Koons comiéndose a la Cicciolina que colgaba de la pared de ladrillo a la vista o mismo el ventanal que daba a la plaza Mitre con sus faroles tan del bajo. O, sencillamente de espaldas, sí hubiese estado de espaldas, me podía ahorrar mirar, aunque sea sin querer, ese póster tan kitsch, y las chicas me contarían si me estaba mirando, qué estaba tomando, cómo se acomodaba el cuello de la polera; y él, pensaría en mi cara, en cómo sería mi cara, en qué estarían haciendo mis ojos, en cómo me acomodaba las medias rojas que se me hundían en las zapatillas.

Pero no. Había quedado de costado; al costado de ese hombre que conservaba un parecido casi inverosímil con la estrella pop más querida, y amada, y santificada de aquel momento; pero no es necesario que diga que ese no fue el motivo para que mi cuerpo sufriera el potencial congelamiento…

¿A quién engaño? Unas semanas más tarde volví a Satélite Kadmon (así se llamaba el bar). Ya con movimientos y postura de habitués, María y yo, nos acercamos a la misma habitación de aquella noche. Esta vez, la sala estaba vacía, de modo que tuvimos la suerte de poder apoderarnos de los sillones. No pasó mucho tiempo hasta que la puerta rechinó.

Saludaron al entrar como quien saluda a un viejo de la cuadra; un “buenas” y una leve sonrisa.

Esa noche hacía tanto frío como la anterior. Había sido un inverno crudo. El cielo estaba despejado, negrísimo, y la luna, tan enorme como cursi se dejaba ver por el hueco de la galería. Me levanté del sillón y con todo el cuerpo hice el difícil gesto de “seguíme por favor”. Salí y me senté en el piso helado –la sufrida postura de una mujer en invierno no falla-; saqué el cigarrillo del bolsillo de la campera y lo encendí con cierta dificultad -temblaba realmente-. Tras un par de pitadas, escuché el ruido viejo de la puerta y procuré permanecer inmutable, sorda, poeta congelada bajo la luna de agosto. Se acercó y me miró un minuto (que ya saben que podrían haber sido…). Buscó el cigarrillo aplastado que guardaba en el bolsillo trasero de su pantalón y lo encendió. Lo miré y, rápidamente, bajé la vista hacia su mano.

— ¿Me das uno?, no sé por qué, pero me gusta fumar Parissiene cuando hace frío— le dije intentando disimular mi estupidez indisimulable.

Buscó, alisó la marquilla y me lo ofreció.
Apagué el que tenía mientras levantaba la cabeza para regalarle ese gesto lindo o quizás mi mueca de duda, esa que siempre sale cuando estoy frente al comienzo de algo. Se agachó y me dijo:

— ¿Viste que hoy murió el Gato Dumas?
— Sí, qué pena, ¿no?

Estaba definitivamente enamorada.

* Sabemos que debería ser: “El día en el cual me volví cursi”, pero ¿a quién queremos engañar? Suena horrible.

Me fui de chopin

Aquí, la adquisición kitsch del año.

viernes, 22 de agosto de 2008

L’esprit de l’escalier

(o Pucha che)*

Le gustaba leer a cummings y llorar; aunque lo que más le impresionaba y conmovía era la cuestión de las minúsculas y esa especie de identificación con la humildad falluta. …………………………………………………………………………..
Lleváme.
Los colectivos ya no tienen nombre.

o

Intentó poner en palabras cosas que nunca tuvieron que ver con lo literal de una mañana, una taza de café con leche, un malhumor callado y un beso.

o

Intentó materializar cosas que jamás tuvieron que ver con átomos, puentes o salitre.

* los franceses le ponen nombre a esas cosas que nosotros no.
L'esprit de l'escalier (el ingenio de la escalera) es una expresión francesa que describe la sensación que tenemos cuando nos viene a la cabeza, demasiado tarde, la acción que deberíamos haber tomado. Fue acuñada por Denis Diderot, el enciclopedista francés, en su Paradoxe sur le Comédien.
La frase se utiliza cuando nos viene a la cabeza un insulto o una réplica ingeniosa demasiado tarde, cuando ya estamos bajando la escalera de la tribuna, habiendo perdido la oportunidad de lanzarlos.
La expresión data de la época en que la palabra esprit, que significa espíritu o mente, se usaba comúnmente para designar el ingenio.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Avinagrado

Con algo de ingenuidad, se me ocurre pensar en que, quizás, si los creativos publicitarios jugaran menos al pac-man y dedicaran más tiempo a la palabra, yo no estaría analizando oraciones en mi más que hermoso tiempo libre:

Así y todo, no creo que sea efectiva... Estuve pensando (con Paquito) y jugando en estos días, pero no tengo idea de qué bodega es. Casi, casi tan maravilloso como La llama que llama (que me tomó años entender que era de Telecom -la relación waaa de que las llamas están en el norte y la empresa operaba en la zona norte de Buenos Aires y Telefónica en el sur de la meeesma) (¿Quedó arcaica la significación, no?)

odio decir gracias MMA

NO POR NADA VA TAN PEQUEÑO

Impresiones normativas

Claramente, no es lo mismo:

. Ingirió un emparedado

. Comió un sandwich

. Se morfó un sánguche


guiño a los compañeritos

lunes, 11 de agosto de 2008

Magnum nos pide a gritos

Paco, Guido, Fla, Pitu y Chech

sábado, 9 de agosto de 2008

Actualidad

M: ¡Ceeee, Ceeee!, guerra en Rusia.
C: ¡¿Queeeé?!
M: ¡Guerra en Rusia! ¡Rusia y Georgia!
C: ¿Guerra?
M: ¡¿Dónde queda Georgia?!
C: ...

(si sos casi o tan ignorante como yo: mapita-mata-burro)

Corta y al pie

Me sentí tonta leyendo a Todorov en la peluquería.

La jabonera de vieytes (?)

~Es seriamente cuestionable la calidad del shampoo Sedal, pero:
tiene perfume a verano~

martes, 5 de agosto de 2008

Agosto se viene con tutti

"Esto no es un shopping,

¿voy y vengo, voy y vengo, y en el

camino me entretengo? No, señor".

Teresita -me gusta la gimnasia- Buetto, allá por 1998 en Tanti, provincia de Córdoba.

Larregui enchastra pero no se hace cargo




Soñé otro mundo










hoy, 3.06h

Mono

"tu cuerpo calma mi dolor
y se dibuja el camino
matra del cielo sobre el tendal
teje tu nombre y el mío"

sábado, 2 de agosto de 2008

Faux faux jumeau



san isidro, casco. 2007.

viernes, 1 de agosto de 2008

La Mamita

"En el altiplano andino, mama es la Virgen y mama son la Tierra y el tiempo.
Se enoja la tierra, la Pachamama, si alguien bebe sin convidarla. Cuando ella tiene sed, rompe la vasija y las derrama.
A ella se ofrece la placenta del recién nacido, enterrándola entre la flores para que viva el niño; y para que viva el amor, los amantes entierran cabellos anudados.
La diosa tierra recoge en sus brazos a los cansados y a los rotos, que de ella han brotado, y se abre para darles refugio al fin del viaje. Desde abajo de la tierra, los muertos la florecen".

Eduardo Galeano.

Hoy es agosto

y un viernes al cual quiero ponerle color.

martes, 29 de julio de 2008

viernes, 25 de julio de 2008

Guantes Negros

¡Está la comida en la mesa! A ver, viejo, si van viniendo, che. Eso, delen, vamos que se enfría.
¡Ah!, no, no sabes lo que fue. ¡Por dios! Pepa, pasame la ensalada. Estábamos ahí nomás de tocar; salimos del coso, ahí en Paraná y bueno, me dice “no, acá está el parrillero esperándolo, Juan. No, está todo listo acá, la parrilla, tiene que venir”. Le digo “no, yo estoy con unos sanguchitos, usted sabe que yo antes de trabajar no puedo comer tanto porque después tengo la panza llena y no puedo cantar”. “No, no, tiene que venir, tiene que venir”, ahí se ve que se corta la comunicación y se cortó. Al rato, vino el remisero; me vino a buscar al club. Me lo mandaron, ¿entendés?, “soy el remisero, lo llevo sí o sí”, me dijo el hombre. ¡La puta madre! Voy para allá, está Francisco en la puerta, y Francisco, como te dije antes, es un tipo gordo, grandote, gigante es y: “Uy, Juancito”, me dice. “¿Y qué pasó, Francisco?”. “¡No!”, dice. “No, acá está el parrillero, lo va a atender; ya está todo servido para usted”. A la mierda, la puta madre… Y había una chica, ahí, al lado de Francisco. “Juanito”, dice, “te vamo’ a presentar a Karina”, dice, “esta linda rubiecita que trabaja acá conmigo, dame la mano”. Y yo la miro a Karina, le doy la mano, y la Karina tenía guantes negros y yo le veo…veo que cuando hace así, le doy la mano, veo que tiene guantes negros y le doy la mano: “Un placer, Karina, hola, ¿cómo estás?” y bajo la mano. Me dio la mano y no sentí nada. Y yo no sentí nada, sentía acá, viste, era como que sentí así, pero pensaba después “no la sentí”. Dije, “la puta que lo parió” y como se fue, me quería buscar la mano; se fue y nunca más, ¿viste? Bueno, saludo ahí a un montón de parroquianas de la comisión; me muestran la parrilla, me muestran el club, la cancha de fútbol, es todo en una manzana gigante, y me llevan a la esquina del club donde había otra parrilla gigante más y ahí vamos a comer. Voy hablando, así, así, así, este…el parrillero, todos cholulos ahí. El artista, que el folklore, que la doma, que qué sé yo qué hacen en el club. Me cuentan cosas del club, del músico y de grupos, de bandas y de artistas, todas esas boludeces, mientras yo trataba de mostrarle al grupo que estaba cenando, como un tarado. Tenía la panza así, este…una cosita así comí yo. “Bueno, con esto ya estoy, basta”, digo yo, “basta, no como más” y quedó dos mil kilo’ de asado.
Dulce, pasáme un poco de uva. Bue, el parrillero llega y vino un par de pibes a buscar bebidas que había ahí, para allá. “Este…decíle a María”, que se llamaba la mujer del parrillero, “no, porque…” dice, “no, porque quería hablar con vos, quería estar un rato con vos charlando y acá estamos tranquilos”, dice. Viene la mujer y otras cholulas más boludeando de la comisión, de lo otro, de las tortas fritas y las rifas, y todas esas pelotudeces que hacen en el club, ¿no? Y le digo, “linda gente acá, Francisco”, digo yo. Ahí entra una comisión de…de chicas y este… “¡Ah, claro!, la chica que me presentaste; yo quería saber…”, le digo. “¡No!”, dice. “No, no, ella no es de la comisión”, “¡Ah!, ¿no es de la comisión?”. “No, no, trabaja en la comisión pero yo, aparte, le doy una mano”. Porque, ¿cómo se di…, cómo es, este…? No sé si me dijo si se le murieron los padres, no sé qué mil bostas me contó, pero tuvo un accidente. “¡Ahí está!” me dije yo. “¿Qué pasó?”. “Y… Se cortó la mano”. “¡Cómo que se cortó la mano! ¡¿Con qué se cortó la mano, si yo…yo le di la mano?!”. “¡No!” me dice, “se le enroscó la mierda esa… ¿cómo se dice? La pastera y le cortó; quedó así”. Esto es lo que yo sentí, porque se cortó estos tres dedos, y lo que yo sentí fue esto, por eso, una cosa tan rara, y no, ¡no sentí la mano! Una cosa rara tenía. Sí, sí, se ve que tenía algo en el guante porque la palma no la sentí, para mí se cortó así; así se habrá cortado.
Después la vi a la chica, devuelta; estaba con la pareja, pero ahí ya no le busqué la mano porque el otro me había contado que quedó así, que quedó con estos dos dedos, y… Se habrá cortado ahí.
Pero mirá, fue intrigante, casi una hora pensando qué carajo, a qué, ¿quién carajo me dio la mano?, y si era mano o era una cosa extraña. No, no, un cago de risa, esas boludeces que me pasan en la calle, ¡qué bárbaro! No, no, pero cuando le di la mano me quedé medio uy, “¿qué toqué?” ¡Qué bárbaro!

-Gracias P-

martes, 22 de julio de 2008

De Berazachussetts

"El volantero se sentó frente a ella en el suelo, con las piernas cruzadas, invocó el nombre de Renzo y, rápidamente, simuló,unas convulsiones. Luego se acercó a besar los pies de la mujer, a subir por sus pantorrillas y a levantar su falda. No estaba nada mal para la edad que tenía. 'Cómo te extrañé, Susana', decía el volantero. 'Renzo, ¿sos vos?' 'Sí', respondía el hombre bajándole la bombacha y atrapado en la pollera como en una planta carnívora. '¿Seguro que sos vos?' 'Sí, mi amor...sí' 'Me lo jurás, ¿no? A ver...¿cómo se llamaba nuestro gatito?' 'Chispita, qué sé yo... no jodás con eso ahora o te reviento de un tortazo...' Susana perdió la desconfianza. La estaba acariciando su maridito. [...]"

Leandro Ávalos Blacha
Berazachussetts
Premio Indio Rico - Estación Pringles

¡Excusa- guay!

-Burn out o cabeza quemada-

Hasta que no termine de rendir finales, mi cabeza se verá imposibilitada de reproducir cualquier sintagma digno.

domingo, 13 de julio de 2008

Domingazo



.not today.

¡Sí, Fidel, sí nos gusta la pachanga!

Fiesta Efímera
Viernes 18-07 ------- $8
Tragos 2x1 hasta la 1.30h

Club Atlanta
Humboldt 400 (a 4 cuadras de Corrientes y Dorrego)
Organiza 2ºEFP- El Coreto- Circo Escuela

jueves, 10 de julio de 2008

Caprichito fotográfico










  1. La Doña con su negocio de helado de paila, cerca de Plaza de la Independencia, Quito. (Pitu)
  2. Brochetas en "Chioza", Montañita. (Pitu)
  3. Yo, maravillada con el Quilotoa, Zumbahua. (Pitu)
  4. The tereré and Pitu, Montañita, Guayas. (Chech)
  5. Fajitas, mercado de trueque, Cañar. (Chech)
  6. Tormento en Itchimbía, Quito. (Sol)
  7. Las Larregui en Yaku, Quito. (Sol)
  8. Marieta, La tía y Toña, mi sobrina candombera, La carolina, Quito. (Sol)

miércoles, 9 de julio de 2008

One Take

David Ford - Go to hell

lunes, 7 de julio de 2008

Mujeres

Domingo de tarde.
Dos amigas se sientan a la mesa en una cocina.
Somos Sol y yo, tomamos mate.
En realidad ella toma café con leche y yo...



Está bueno tener amigos como Sol.
Sol te cuida, te prepara sánduches de pan frances, queso y dulce de frambuesa.
Ella sabe.



Y la tarde es fea. Super gris.
Llueve de a ratos
y Fermín se trepa entre las rejas de la puerta, llorando,
pero Sol no lo deja entrar porque sabe que le tengo miedo a los gatos siameses.



Cuando llegué ella se estaba termiando de bañar.
Susana y yo nos sentamos en la mesa del comedor.
Charlamos de Josefina, La abuela.
Ella, sin saber, pone play a un cassette de Silvio; Mujeres.



Yo la escuchaba a Susana; triste yo, triste ella.
Su madre está internada y por eso está mal.
Yo, un fin de semana de perros.
Sol, una pesadilla conmigo de protagonista y la angustia;
no llegué a atender su llamada del sábado
estaba comiendo chau mien, perdoname.



Y ella y yo nos miramos un rato.
Sol tiene cara triste porque yo...
y como lo que me preparó y tomo mis mates fríos
mientras le hablo de él,
del hombre que amo profundamente
y es ahí cuando me doy cuenta de que el domingo no es tan feo.



Dos amigas que se quieren.
Un mate y un café.



Nosotras y la mitad del mundo

miércoles, 2 de julio de 2008

En la vida misma...

¿Que para qué sirve el teorema de pitágoras en la vida cotidiana, Susana Gimenez?

*Para saber que cruzando de vereda a vereda, en diagonal, te vas a ahorrar unos segundos.

*Para saber que si estás parado en 9 de julio y Corrientes, muerto de frío, y tenes que llegar a Plaza de mayo, tu mejor elección será tomar R. S. Peña y no: Corrientes hasta San Martín.

De todas formas:
Querido pequeño, no lo uses para la primera opción porque podría acabar con tu vida misma. usá la senda peatonal.

sábado, 28 de junio de 2008

Sábados circulares

yo estoy en una habitación de la casa estudiando sintaxis.

voy al baño.

voy a mi cuarto a buscar un par de medias porque tengo los pies fríos.

madre percibe mi presencia.

"¿todo bien?"

"seh..."

(en mi cabeza: ¡wow!, estaba mirando los simpsons.)

viernes, 27 de junio de 2008

De la nada,*

"...siento, por alguna razón, que tengo que saber el nombre de las personas a las que me gusta mirar".



*nada surge, diría Carolina.

jueves, 26 de junio de 2008

Lo (a)noté

"...yo soy de las que sacan las llaves una cuadra antes de llegar a la puerta de casa".

miércoles, 25 de junio de 2008

Ah!

me olvidaba...

conflicto del campo
de juego...?
tocata
en la plaza?
what?
what?

no entiendo NADA.
BASTA.

Tête brûlée


este día dice, tranquilamente: BASTA

martes, 24 de junio de 2008

DPD

correveidile. 'Persona que lleva y trae chismes': "Por el tren diariamente iban y venían los mensajeros, los correveidiles, los buscones" (UPietri Oficio [Ven. 1976]); 'persona que lleva mensajes de parte de otro, especialmente en asuntos amorosos': "En cierto modo era culpable por ponerla de correveidile entre él mismo y Estela" (Vergés Cenizas [R. Dom. 1980]). Es común en cuanto al género (GÉNERO2, la y 3k): el/la correveidile. Existe la variante correvedile, muy poco usada.


.Diccionario panhispánico de dudas.

miércoles, 18 de junio de 2008

Te lo digo noma'

Narciso el del estanque,
estancamiento y desastre.

gracias A.P.

domingo, 15 de junio de 2008

Panorama de pesca

Cuando amanece en Capilla un aire estático de invierno baña los arroyos secos; las llanuras abiertas, tajadas por la helada prolongadas en un deslizadero blanco, crispado, interrumpido por líneas troqueladas tras la corrida de alguna liebre. El primer sol rebota sobre los cuadrados de vidrio de la puerta de la cocina, luego, en el mango de la regadera que Astrid deja todas las noches al borde de la mesa, en la galería.

Los Guevara todavía son tres. Una casa, una parra de uva chinche, la huerta con berro y orégano, un horno de barro. Astrid, Juan y Cusitorto. Es un sábado intransigente, se siente en todos lados, en las paredes, en la hornalla, entre de las sábanas.

Frente a la imponente mesa de quebracho que delimita el centro exacto de la cocina, Juan sostiene entre sus dedos una cajita de fósforos, la hace rodar, juega de trompo. Su mirada sale con un ir y venir inquieto por los vidrios empañados que dan afuera, al otro monte, a este lado del cerro. Mira a Cusitorto manejar el arado con esa soltura que siempre envidió, liberando la espalda, moviendo arriba y abajo la mano derecha sin esfuerzo, con una leve inclinación del cuello hacia su hombro izquierdo y una flexión suave en las rodillas; no hay queja en ese cuerpo. Remueve la tierra de la quinta y sexta hilera con los pies paralelos al ancho de sus caderas pisando firme entre una y otra. Cusitorto silba.

De este lado, donde el fuego abriga, Juan espera a que el agua donde dejó el maíz y los porotos hierva para poder agregar, por fin, el charqui y los chorizos. Juan adivina la melodía.

A los veinte años de ambos, Astrid y Juan, contrajeron matrimonio en una capilla de San Marcos Sierra. Tras la llegada de Cusitorto, hermano mayor de él, de Buenos Aires, se mudaron a una quinta modesta, pero lo suficientemente cómoda para ellos y sus mañas en Capilla del Monte.

Las casas en tierra adentro son así, no hay barrios sino el almacén, la cantina de Jorge, cinco hogares que lindan con el de los Guevara, el palenque y el puestito de boletos para hacer expedición al Uritorco. Nada más. Kilómetros de campo, tranqueras, zanjas, robles; Astrid llorando en macramé y produciendo innumerables frascos de mermelada de uva y tomate; Juan preparando los cinturones labrados para la temporada alta y desahogando sus pasiones en cacerolas de hierro fundido, prestándole al invierno crudo de la sierra los más deliciosos guisos; Cusitorto labrando la tierra, porque eso es lo que lo mantiene de pie, tardes enteras formando callos en las manos de rastrillo, arado, tijereta; y, Adice Bermúdez viviendo sus más insoportables catorce años justo en el rancho de enfrente.

Adice es hija única de una pareja mayor. Por las tardes, al regresar de la escuela cruza hacia lo de los Guevara y se sienta junto a Astrid en los sillones de hierro que están en la galería. Astrid le enseña macramé. La madre de Adice sostiene que la niña debe aprender desde chica algún oficio y dada la cercanía y generosidad de la vecina, allí es donde decidieron que la pequeña comience a formarse al mismo tiempo que Astrid gana algo de compañía femenina.

A pesar de la calidez de Astrid, a Adice parece importarle un bledo; frente a ella, en la galería se comporta como una niña educada, interesada en los hilos de seda, presta atención, hace anotaciones y confecciona carpetitdas y fundas para teteras, pero la realidad es que la niña guarda cierto cinismo. Esas cosas difíciles de comprender, cuando Astrid entra a la cocina a preparar mate cocido para las dos, Adice, con habilidad y delicadeza de escultor, poco a poco, va tajando la funda de los sillones, deshace hileras enteras de nudos de los trabajos de Astrid, vierte pegamento dentro de la regadera, todo tipo de maldades menores, incomprensibles, que Astrid percibe pero las soslaya cuando se recuerda que se trata sólo de una niña y que no hay motivo para enfurecer del cuerpo hacia fuera.

Cusitorto ordena las bolsas de tierra, clava el arado en el suelo y se acerca a la galería. Se inclina levemente sobre uno de los postes que sostienen a la parra a modo de pérgola y enciende un armado. Hace frío, pero con el tabaco él siente que su cuerpo cobra un calor particular. Cusitorto está nervioso, intenta disimularlo mirando el cielo, la punta de sus botas, chupando el cigarrillo. Lo mira a Juan sentado en el banco de la cocina, lo mira ver el fuego de la hornalla; se siente triste, triste y nervioso por lo que va a suceder en no mucho tiempo y sólo espera que sea luego del almuerzo, no soportaría la sencilla idea de arruinarle el locro a su hermano sabiendo lo que este significa para él, cómo si a esta altura un guiso fuera verdaderamente relevante, pero así lo piensa.

Astrid camina por el pasillo que va desde su habitación a la cocina en enagua y botas de gamuza forradas de piel de cordero en su interior, ella sostiene que si los pies están abrigados el frío no tiene porqué pasar al resto del cuerpo. Camina lento, con pasos mareados, describiendo un leve zigzag entre las baldosas y rebotando con los hombros de pared a pared. Astrid no quiere entrar a la cocina, siente vergüenza traducida en pánico; no hace ruido. Antes de cruzar la puerta, desde la oscuridad del pasillo lo ve a Juan levantarse pesadamente del banco y a Cusitorto fumando en la galería tras la ventana que está a espadas de su marido.

Juan la escucha, es su mujer; Juan conoce sus pisadas, sus imperceptibles choques contra las cosas en las mañanas, el agudo roce de sus rodillas y su respiración entrecortada. Juan sabe que Astrid… sabe que está ausente, próxima a saludar con la cabeza cansada, mirando a cualquier lado menos a sus ojos, con la voz ronca y un gemido quejumbroso. Juan sabe.

-Buen día Juano -murmura Astrid entrando con paso corto en la cocina mirando casi fantásticamente la suela de sus propias botas.
-Cómo te madrugaste para un sábado Negrita -responde Juan con un tono perturbado propio del que tiene algo oprimiéndole el pecho.

Cusitorto se asoma por uno de los vidrios empañados de la ventana. La ve a Astrid parada en el medio de la cocina. Parada como una nena frente a un padre severo al cual le tiene que comunicar una mala calificación. Se inquieta, comienza a marcar un ritmo ligero pero mudo con el pie derecho sobre el felpudo, escucha un rechinar y mira de golpe hacia la tranquera, pero no hay nadie. Se alivia. Astrid y Juan, desde adentro parecen escuchar lo mismo y ambos dirigen su mirada al mismo lugar; nada, vuelven a la pava que está en el centro de la mesa.

-Cebame uno, dale. Con poco azúcar para mi -le pide Astrid con voz de niña buena, de la que sabe que se mandó una macana y es la única forma que se le permite.

Cusitorto camina rodeando la galería y entra en la cocina como siempre, tras un portazo.
-¡Puta!, ya te dije que no entres así, un día me vas a matar de veras, Tuerto -grita Astrid con un enojo un tanto extralimitado.
-Bah, que no es pa’ tanto, Negra. ¿Cómo marcha el locro, Juan?
-Para las doce estamos.

Ahora son tres. Están sentados a la mesa. Juan en la cabecera, cerca de las hornallas; Cusitorto a su derecha, en el lugar que él ocupaba antes, de espaladas a la ventana; y Astrid a su izquierda, mirando el cerro, esquivando los ojos de su cuñado. Hay silencio de luto. El ruido está dentro; Astrid acelera la respiración, mueve los labios. Juan se vuelve cada cinco segundos a la olla. Cusitorto no lo tolera un minuto más, da una chupada larga al mate y sale apoyándolo con una fuerza que termina en golpe seco y llamado de atención para los otros dos. Los Guevera, cada uno desde su lugar, echan un vistazo repentino a la tranquera: nada.

Adice está en su casa, en la cocina también. Está sentada junto a la ventana que da derechito a la quinta de los Guevara. Adice los observa con un rostro inmutable. Nadie entiende a esta niña. Ella los mira. Baja la cabeza, escribe; ella sabe. Está escribiendo en una hoja arrancada de un cuaderno Rivadavia que le regaló Astrid para que haga sus notas y dibujos de los nudos del macramé. Los mira, trama un nudo en su mente, baja, escribe. Repite mecánicamente la sucesión hasta conformarse. Levanta la cabeza, les da una última ojeada, sube el papel y lee en voz alta para corroborar el estilo en sus palabras. Adice sabe, le gusta y se regodea con sólo pensar en lo que está por hacer.
Astrid sigue sentada frente a Juan, –esa pendeja malcriada…- piensa.
Juan sigue paseando la mirada entre la olla y su mujer, -la puta que la parió…-susurra.
Cusitorto, firme frente a la tranquera esperando la aparición inevitable de Adice.

Son las doce menos cuarto del sábado; faltan apenas quince minutos para que el locro esté humeante sobre la mesa de quebracho. Astrid se levanta de repente y corre, por el pasillo, al baño. Se mira al espejo, le da repulsión su imagen proyectada. Ella sabe más que nadie y no puede soportarlo, sus piernas se aflojan, aferra sus manos sobre el mármol helado del lavatorio; se arquea en llanto.

Juan apaga el fuego, revuelve por última vez el guiso y lo tapa. Se dobla sobre la mesada, cierra los ojos y cubre su cara con el repasador.
Cusitorto siente el chirrido de la tranquera de Adice, voltea y la ve saliendo en dirección a la suya. Una puntada en el estómago lo retuerce.

Astrid, desde el baño parece percibir todo lo que sucede allí fuera. Se seca las lágrimas y vuelve a la cocina. Juan se reincorpora y comienza a servir en los platos, le quita el corcho a la botella de vino y llama a la mesa. Cusitorto respira profundo y acelera el paso hacia la calle, corre y alcanza a la niña.
En la cocina los tres Guevara, los tres platos, las tres copas de vino tinto, la tos de Astrid:

-El Tuerto va a ser papá, Juan.

martes, 10 de junio de 2008

Cimarrón









hoy fue una tarde fría.
el mate me quemó el paladar.
encontré una tita en un bolso
un billete de dos en el bolsillo.
descubrí una maldad
y,
que extraño su mano en mi espalda.

lunes, 9 de junio de 2008

Un Hallazgo

escribe MM:

"Checha pertenece a la corriente denominada 'minimal postmodern mystery vanguard boiled infusion drinker caleidoscopical paper writer', con aires de hipi, benévola y esporádica actitud metalera".

en un viejo espacio cibernético.
Ja!

*si Ud. desea la traducción del statement, PIDAMELA.


jueves, 5 de junio de 2008

miércoles, 4 de junio de 2008

¿Julio, cuánto te debo?

"(...) Oliveira sacó del bolsillo un pedazo de diario que estaba ahí vaya a saber desde cuándo (...).

- Primera sección -leyó-. Reconquista 446 (31-5488), Córdoba 366 (32-8845), Esmeralda 599 (31-1700), Sarmiento 581 (32-2021).
-¿Qué es eso?
-Instancias de realidad. Te explico: Reconquista, una cosa que le hicimos a los ingleses. Córdoba, la docta. Esmeralda, gitana ahorcada por el amor de un arcediano. Sarmiento, se tiró un pedo y se lo llevó el viento. Segundo cuplé: Reconquista, calle de turras y restaurantes libaneses. Córdoba, alfajores estupendos. Esmeralda, un río colombiano. Sarmiento, nunca faltó a la escuela. Tercer cuplé: Reconquista, una farmacia. Esmeralda, otra farmacia. Sarmiento, otra farmacia. Cuarto cuplé... "


de capítulo 31, Rayuela, Julio Cortázar.

Curioso

¿Será cierto que las madres no pueden evitar el hecho de usar las siguientes expresiones?:

  • "¡Se bajaron todo el jugo!"
  • "¡Se bajaron toda la coca!"
  • "¡Se bajaron todo el pan lactal!"
  • "¡Así no se puede vivir!"

lunes, 2 de junio de 2008

Un supuesto

*charla figurada:

-mm:"vos todo bien?"
-ceci:"si, requete guachi bien"
-mm:"el nuevo hogar en orden?"
-ceci:"todo en orden, ya cambie los cueritos, estampé unas cortinas nuevas con motivos pop y puse topecitos soft de goma en cada puerta, pa no hacer bolonqui con los portazos cuando llego tarde y la jefa duerme"
-mm:"madre como anda?"
-ceci:"josha"



*según MM, a friend and now a neighbour.

a Martín le debo unos chocolates suizos que ayer, accidentalmente, fueron abiertos. estuvieron cerrados en mi heladera desde febrero pero la curiosidad mató al hambre de madrugada!

Carta abierta

ME CENSURARON