sábado, 2 de agosto de 2008

Faux faux jumeau



san isidro, casco. 2007.

viernes, 1 de agosto de 2008

La Mamita

"En el altiplano andino, mama es la Virgen y mama son la Tierra y el tiempo.
Se enoja la tierra, la Pachamama, si alguien bebe sin convidarla. Cuando ella tiene sed, rompe la vasija y las derrama.
A ella se ofrece la placenta del recién nacido, enterrándola entre la flores para que viva el niño; y para que viva el amor, los amantes entierran cabellos anudados.
La diosa tierra recoge en sus brazos a los cansados y a los rotos, que de ella han brotado, y se abre para darles refugio al fin del viaje. Desde abajo de la tierra, los muertos la florecen".

Eduardo Galeano.

Hoy es agosto

y un viernes al cual quiero ponerle color.

martes, 29 de julio de 2008

viernes, 25 de julio de 2008

Guantes Negros

¡Está la comida en la mesa! A ver, viejo, si van viniendo, che. Eso, delen, vamos que se enfría.
¡Ah!, no, no sabes lo que fue. ¡Por dios! Pepa, pasame la ensalada. Estábamos ahí nomás de tocar; salimos del coso, ahí en Paraná y bueno, me dice “no, acá está el parrillero esperándolo, Juan. No, está todo listo acá, la parrilla, tiene que venir”. Le digo “no, yo estoy con unos sanguchitos, usted sabe que yo antes de trabajar no puedo comer tanto porque después tengo la panza llena y no puedo cantar”. “No, no, tiene que venir, tiene que venir”, ahí se ve que se corta la comunicación y se cortó. Al rato, vino el remisero; me vino a buscar al club. Me lo mandaron, ¿entendés?, “soy el remisero, lo llevo sí o sí”, me dijo el hombre. ¡La puta madre! Voy para allá, está Francisco en la puerta, y Francisco, como te dije antes, es un tipo gordo, grandote, gigante es y: “Uy, Juancito”, me dice. “¿Y qué pasó, Francisco?”. “¡No!”, dice. “No, acá está el parrillero, lo va a atender; ya está todo servido para usted”. A la mierda, la puta madre… Y había una chica, ahí, al lado de Francisco. “Juanito”, dice, “te vamo’ a presentar a Karina”, dice, “esta linda rubiecita que trabaja acá conmigo, dame la mano”. Y yo la miro a Karina, le doy la mano, y la Karina tenía guantes negros y yo le veo…veo que cuando hace así, le doy la mano, veo que tiene guantes negros y le doy la mano: “Un placer, Karina, hola, ¿cómo estás?” y bajo la mano. Me dio la mano y no sentí nada. Y yo no sentí nada, sentía acá, viste, era como que sentí así, pero pensaba después “no la sentí”. Dije, “la puta que lo parió” y como se fue, me quería buscar la mano; se fue y nunca más, ¿viste? Bueno, saludo ahí a un montón de parroquianas de la comisión; me muestran la parrilla, me muestran el club, la cancha de fútbol, es todo en una manzana gigante, y me llevan a la esquina del club donde había otra parrilla gigante más y ahí vamos a comer. Voy hablando, así, así, así, este…el parrillero, todos cholulos ahí. El artista, que el folklore, que la doma, que qué sé yo qué hacen en el club. Me cuentan cosas del club, del músico y de grupos, de bandas y de artistas, todas esas boludeces, mientras yo trataba de mostrarle al grupo que estaba cenando, como un tarado. Tenía la panza así, este…una cosita así comí yo. “Bueno, con esto ya estoy, basta”, digo yo, “basta, no como más” y quedó dos mil kilo’ de asado.
Dulce, pasáme un poco de uva. Bue, el parrillero llega y vino un par de pibes a buscar bebidas que había ahí, para allá. “Este…decíle a María”, que se llamaba la mujer del parrillero, “no, porque…” dice, “no, porque quería hablar con vos, quería estar un rato con vos charlando y acá estamos tranquilos”, dice. Viene la mujer y otras cholulas más boludeando de la comisión, de lo otro, de las tortas fritas y las rifas, y todas esas pelotudeces que hacen en el club, ¿no? Y le digo, “linda gente acá, Francisco”, digo yo. Ahí entra una comisión de…de chicas y este… “¡Ah, claro!, la chica que me presentaste; yo quería saber…”, le digo. “¡No!”, dice. “No, no, ella no es de la comisión”, “¡Ah!, ¿no es de la comisión?”. “No, no, trabaja en la comisión pero yo, aparte, le doy una mano”. Porque, ¿cómo se di…, cómo es, este…? No sé si me dijo si se le murieron los padres, no sé qué mil bostas me contó, pero tuvo un accidente. “¡Ahí está!” me dije yo. “¿Qué pasó?”. “Y… Se cortó la mano”. “¡Cómo que se cortó la mano! ¡¿Con qué se cortó la mano, si yo…yo le di la mano?!”. “¡No!” me dice, “se le enroscó la mierda esa… ¿cómo se dice? La pastera y le cortó; quedó así”. Esto es lo que yo sentí, porque se cortó estos tres dedos, y lo que yo sentí fue esto, por eso, una cosa tan rara, y no, ¡no sentí la mano! Una cosa rara tenía. Sí, sí, se ve que tenía algo en el guante porque la palma no la sentí, para mí se cortó así; así se habrá cortado.
Después la vi a la chica, devuelta; estaba con la pareja, pero ahí ya no le busqué la mano porque el otro me había contado que quedó así, que quedó con estos dos dedos, y… Se habrá cortado ahí.
Pero mirá, fue intrigante, casi una hora pensando qué carajo, a qué, ¿quién carajo me dio la mano?, y si era mano o era una cosa extraña. No, no, un cago de risa, esas boludeces que me pasan en la calle, ¡qué bárbaro! No, no, pero cuando le di la mano me quedé medio uy, “¿qué toqué?” ¡Qué bárbaro!

-Gracias P-

martes, 22 de julio de 2008

De Berazachussetts

"El volantero se sentó frente a ella en el suelo, con las piernas cruzadas, invocó el nombre de Renzo y, rápidamente, simuló,unas convulsiones. Luego se acercó a besar los pies de la mujer, a subir por sus pantorrillas y a levantar su falda. No estaba nada mal para la edad que tenía. 'Cómo te extrañé, Susana', decía el volantero. 'Renzo, ¿sos vos?' 'Sí', respondía el hombre bajándole la bombacha y atrapado en la pollera como en una planta carnívora. '¿Seguro que sos vos?' 'Sí, mi amor...sí' 'Me lo jurás, ¿no? A ver...¿cómo se llamaba nuestro gatito?' 'Chispita, qué sé yo... no jodás con eso ahora o te reviento de un tortazo...' Susana perdió la desconfianza. La estaba acariciando su maridito. [...]"

Leandro Ávalos Blacha
Berazachussetts
Premio Indio Rico - Estación Pringles

¡Excusa- guay!

-Burn out o cabeza quemada-

Hasta que no termine de rendir finales, mi cabeza se verá imposibilitada de reproducir cualquier sintagma digno.

domingo, 13 de julio de 2008

Domingazo



.not today.

¡Sí, Fidel, sí nos gusta la pachanga!

Fiesta Efímera
Viernes 18-07 ------- $8
Tragos 2x1 hasta la 1.30h

Club Atlanta
Humboldt 400 (a 4 cuadras de Corrientes y Dorrego)
Organiza 2ºEFP- El Coreto- Circo Escuela

jueves, 10 de julio de 2008

Caprichito fotográfico










  1. La Doña con su negocio de helado de paila, cerca de Plaza de la Independencia, Quito. (Pitu)
  2. Brochetas en "Chioza", Montañita. (Pitu)
  3. Yo, maravillada con el Quilotoa, Zumbahua. (Pitu)
  4. The tereré and Pitu, Montañita, Guayas. (Chech)
  5. Fajitas, mercado de trueque, Cañar. (Chech)
  6. Tormento en Itchimbía, Quito. (Sol)
  7. Las Larregui en Yaku, Quito. (Sol)
  8. Marieta, La tía y Toña, mi sobrina candombera, La carolina, Quito. (Sol)

miércoles, 9 de julio de 2008

One Take

David Ford - Go to hell

lunes, 7 de julio de 2008

Mujeres

Domingo de tarde.
Dos amigas se sientan a la mesa en una cocina.
Somos Sol y yo, tomamos mate.
En realidad ella toma café con leche y yo...



Está bueno tener amigos como Sol.
Sol te cuida, te prepara sánduches de pan frances, queso y dulce de frambuesa.
Ella sabe.



Y la tarde es fea. Super gris.
Llueve de a ratos
y Fermín se trepa entre las rejas de la puerta, llorando,
pero Sol no lo deja entrar porque sabe que le tengo miedo a los gatos siameses.



Cuando llegué ella se estaba termiando de bañar.
Susana y yo nos sentamos en la mesa del comedor.
Charlamos de Josefina, La abuela.
Ella, sin saber, pone play a un cassette de Silvio; Mujeres.



Yo la escuchaba a Susana; triste yo, triste ella.
Su madre está internada y por eso está mal.
Yo, un fin de semana de perros.
Sol, una pesadilla conmigo de protagonista y la angustia;
no llegué a atender su llamada del sábado
estaba comiendo chau mien, perdoname.



Y ella y yo nos miramos un rato.
Sol tiene cara triste porque yo...
y como lo que me preparó y tomo mis mates fríos
mientras le hablo de él,
del hombre que amo profundamente
y es ahí cuando me doy cuenta de que el domingo no es tan feo.



Dos amigas que se quieren.
Un mate y un café.



Nosotras y la mitad del mundo

miércoles, 2 de julio de 2008

En la vida misma...

¿Que para qué sirve el teorema de pitágoras en la vida cotidiana, Susana Gimenez?

*Para saber que cruzando de vereda a vereda, en diagonal, te vas a ahorrar unos segundos.

*Para saber que si estás parado en 9 de julio y Corrientes, muerto de frío, y tenes que llegar a Plaza de mayo, tu mejor elección será tomar R. S. Peña y no: Corrientes hasta San Martín.

De todas formas:
Querido pequeño, no lo uses para la primera opción porque podría acabar con tu vida misma. usá la senda peatonal.

sábado, 28 de junio de 2008

Sábados circulares

yo estoy en una habitación de la casa estudiando sintaxis.

voy al baño.

voy a mi cuarto a buscar un par de medias porque tengo los pies fríos.

madre percibe mi presencia.

"¿todo bien?"

"seh..."

(en mi cabeza: ¡wow!, estaba mirando los simpsons.)

viernes, 27 de junio de 2008

De la nada,*

"...siento, por alguna razón, que tengo que saber el nombre de las personas a las que me gusta mirar".



*nada surge, diría Carolina.

jueves, 26 de junio de 2008

Lo (a)noté

"...yo soy de las que sacan las llaves una cuadra antes de llegar a la puerta de casa".

miércoles, 25 de junio de 2008

Ah!

me olvidaba...

conflicto del campo
de juego...?
tocata
en la plaza?
what?
what?

no entiendo NADA.
BASTA.

Tête brûlée


este día dice, tranquilamente: BASTA

martes, 24 de junio de 2008

DPD

correveidile. 'Persona que lleva y trae chismes': "Por el tren diariamente iban y venían los mensajeros, los correveidiles, los buscones" (UPietri Oficio [Ven. 1976]); 'persona que lleva mensajes de parte de otro, especialmente en asuntos amorosos': "En cierto modo era culpable por ponerla de correveidile entre él mismo y Estela" (Vergés Cenizas [R. Dom. 1980]). Es común en cuanto al género (GÉNERO2, la y 3k): el/la correveidile. Existe la variante correvedile, muy poco usada.


.Diccionario panhispánico de dudas.

miércoles, 18 de junio de 2008

Te lo digo noma'

Narciso el del estanque,
estancamiento y desastre.

gracias A.P.

domingo, 15 de junio de 2008

Panorama de pesca

Cuando amanece en Capilla un aire estático de invierno baña los arroyos secos; las llanuras abiertas, tajadas por la helada prolongadas en un deslizadero blanco, crispado, interrumpido por líneas troqueladas tras la corrida de alguna liebre. El primer sol rebota sobre los cuadrados de vidrio de la puerta de la cocina, luego, en el mango de la regadera que Astrid deja todas las noches al borde de la mesa, en la galería.

Los Guevara todavía son tres. Una casa, una parra de uva chinche, la huerta con berro y orégano, un horno de barro. Astrid, Juan y Cusitorto. Es un sábado intransigente, se siente en todos lados, en las paredes, en la hornalla, entre de las sábanas.

Frente a la imponente mesa de quebracho que delimita el centro exacto de la cocina, Juan sostiene entre sus dedos una cajita de fósforos, la hace rodar, juega de trompo. Su mirada sale con un ir y venir inquieto por los vidrios empañados que dan afuera, al otro monte, a este lado del cerro. Mira a Cusitorto manejar el arado con esa soltura que siempre envidió, liberando la espalda, moviendo arriba y abajo la mano derecha sin esfuerzo, con una leve inclinación del cuello hacia su hombro izquierdo y una flexión suave en las rodillas; no hay queja en ese cuerpo. Remueve la tierra de la quinta y sexta hilera con los pies paralelos al ancho de sus caderas pisando firme entre una y otra. Cusitorto silba.

De este lado, donde el fuego abriga, Juan espera a que el agua donde dejó el maíz y los porotos hierva para poder agregar, por fin, el charqui y los chorizos. Juan adivina la melodía.

A los veinte años de ambos, Astrid y Juan, contrajeron matrimonio en una capilla de San Marcos Sierra. Tras la llegada de Cusitorto, hermano mayor de él, de Buenos Aires, se mudaron a una quinta modesta, pero lo suficientemente cómoda para ellos y sus mañas en Capilla del Monte.

Las casas en tierra adentro son así, no hay barrios sino el almacén, la cantina de Jorge, cinco hogares que lindan con el de los Guevara, el palenque y el puestito de boletos para hacer expedición al Uritorco. Nada más. Kilómetros de campo, tranqueras, zanjas, robles; Astrid llorando en macramé y produciendo innumerables frascos de mermelada de uva y tomate; Juan preparando los cinturones labrados para la temporada alta y desahogando sus pasiones en cacerolas de hierro fundido, prestándole al invierno crudo de la sierra los más deliciosos guisos; Cusitorto labrando la tierra, porque eso es lo que lo mantiene de pie, tardes enteras formando callos en las manos de rastrillo, arado, tijereta; y, Adice Bermúdez viviendo sus más insoportables catorce años justo en el rancho de enfrente.

Adice es hija única de una pareja mayor. Por las tardes, al regresar de la escuela cruza hacia lo de los Guevara y se sienta junto a Astrid en los sillones de hierro que están en la galería. Astrid le enseña macramé. La madre de Adice sostiene que la niña debe aprender desde chica algún oficio y dada la cercanía y generosidad de la vecina, allí es donde decidieron que la pequeña comience a formarse al mismo tiempo que Astrid gana algo de compañía femenina.

A pesar de la calidez de Astrid, a Adice parece importarle un bledo; frente a ella, en la galería se comporta como una niña educada, interesada en los hilos de seda, presta atención, hace anotaciones y confecciona carpetitdas y fundas para teteras, pero la realidad es que la niña guarda cierto cinismo. Esas cosas difíciles de comprender, cuando Astrid entra a la cocina a preparar mate cocido para las dos, Adice, con habilidad y delicadeza de escultor, poco a poco, va tajando la funda de los sillones, deshace hileras enteras de nudos de los trabajos de Astrid, vierte pegamento dentro de la regadera, todo tipo de maldades menores, incomprensibles, que Astrid percibe pero las soslaya cuando se recuerda que se trata sólo de una niña y que no hay motivo para enfurecer del cuerpo hacia fuera.

Cusitorto ordena las bolsas de tierra, clava el arado en el suelo y se acerca a la galería. Se inclina levemente sobre uno de los postes que sostienen a la parra a modo de pérgola y enciende un armado. Hace frío, pero con el tabaco él siente que su cuerpo cobra un calor particular. Cusitorto está nervioso, intenta disimularlo mirando el cielo, la punta de sus botas, chupando el cigarrillo. Lo mira a Juan sentado en el banco de la cocina, lo mira ver el fuego de la hornalla; se siente triste, triste y nervioso por lo que va a suceder en no mucho tiempo y sólo espera que sea luego del almuerzo, no soportaría la sencilla idea de arruinarle el locro a su hermano sabiendo lo que este significa para él, cómo si a esta altura un guiso fuera verdaderamente relevante, pero así lo piensa.

Astrid camina por el pasillo que va desde su habitación a la cocina en enagua y botas de gamuza forradas de piel de cordero en su interior, ella sostiene que si los pies están abrigados el frío no tiene porqué pasar al resto del cuerpo. Camina lento, con pasos mareados, describiendo un leve zigzag entre las baldosas y rebotando con los hombros de pared a pared. Astrid no quiere entrar a la cocina, siente vergüenza traducida en pánico; no hace ruido. Antes de cruzar la puerta, desde la oscuridad del pasillo lo ve a Juan levantarse pesadamente del banco y a Cusitorto fumando en la galería tras la ventana que está a espadas de su marido.

Juan la escucha, es su mujer; Juan conoce sus pisadas, sus imperceptibles choques contra las cosas en las mañanas, el agudo roce de sus rodillas y su respiración entrecortada. Juan sabe que Astrid… sabe que está ausente, próxima a saludar con la cabeza cansada, mirando a cualquier lado menos a sus ojos, con la voz ronca y un gemido quejumbroso. Juan sabe.

-Buen día Juano -murmura Astrid entrando con paso corto en la cocina mirando casi fantásticamente la suela de sus propias botas.
-Cómo te madrugaste para un sábado Negrita -responde Juan con un tono perturbado propio del que tiene algo oprimiéndole el pecho.

Cusitorto se asoma por uno de los vidrios empañados de la ventana. La ve a Astrid parada en el medio de la cocina. Parada como una nena frente a un padre severo al cual le tiene que comunicar una mala calificación. Se inquieta, comienza a marcar un ritmo ligero pero mudo con el pie derecho sobre el felpudo, escucha un rechinar y mira de golpe hacia la tranquera, pero no hay nadie. Se alivia. Astrid y Juan, desde adentro parecen escuchar lo mismo y ambos dirigen su mirada al mismo lugar; nada, vuelven a la pava que está en el centro de la mesa.

-Cebame uno, dale. Con poco azúcar para mi -le pide Astrid con voz de niña buena, de la que sabe que se mandó una macana y es la única forma que se le permite.

Cusitorto camina rodeando la galería y entra en la cocina como siempre, tras un portazo.
-¡Puta!, ya te dije que no entres así, un día me vas a matar de veras, Tuerto -grita Astrid con un enojo un tanto extralimitado.
-Bah, que no es pa’ tanto, Negra. ¿Cómo marcha el locro, Juan?
-Para las doce estamos.

Ahora son tres. Están sentados a la mesa. Juan en la cabecera, cerca de las hornallas; Cusitorto a su derecha, en el lugar que él ocupaba antes, de espaladas a la ventana; y Astrid a su izquierda, mirando el cerro, esquivando los ojos de su cuñado. Hay silencio de luto. El ruido está dentro; Astrid acelera la respiración, mueve los labios. Juan se vuelve cada cinco segundos a la olla. Cusitorto no lo tolera un minuto más, da una chupada larga al mate y sale apoyándolo con una fuerza que termina en golpe seco y llamado de atención para los otros dos. Los Guevera, cada uno desde su lugar, echan un vistazo repentino a la tranquera: nada.

Adice está en su casa, en la cocina también. Está sentada junto a la ventana que da derechito a la quinta de los Guevara. Adice los observa con un rostro inmutable. Nadie entiende a esta niña. Ella los mira. Baja la cabeza, escribe; ella sabe. Está escribiendo en una hoja arrancada de un cuaderno Rivadavia que le regaló Astrid para que haga sus notas y dibujos de los nudos del macramé. Los mira, trama un nudo en su mente, baja, escribe. Repite mecánicamente la sucesión hasta conformarse. Levanta la cabeza, les da una última ojeada, sube el papel y lee en voz alta para corroborar el estilo en sus palabras. Adice sabe, le gusta y se regodea con sólo pensar en lo que está por hacer.
Astrid sigue sentada frente a Juan, –esa pendeja malcriada…- piensa.
Juan sigue paseando la mirada entre la olla y su mujer, -la puta que la parió…-susurra.
Cusitorto, firme frente a la tranquera esperando la aparición inevitable de Adice.

Son las doce menos cuarto del sábado; faltan apenas quince minutos para que el locro esté humeante sobre la mesa de quebracho. Astrid se levanta de repente y corre, por el pasillo, al baño. Se mira al espejo, le da repulsión su imagen proyectada. Ella sabe más que nadie y no puede soportarlo, sus piernas se aflojan, aferra sus manos sobre el mármol helado del lavatorio; se arquea en llanto.

Juan apaga el fuego, revuelve por última vez el guiso y lo tapa. Se dobla sobre la mesada, cierra los ojos y cubre su cara con el repasador.
Cusitorto siente el chirrido de la tranquera de Adice, voltea y la ve saliendo en dirección a la suya. Una puntada en el estómago lo retuerce.

Astrid, desde el baño parece percibir todo lo que sucede allí fuera. Se seca las lágrimas y vuelve a la cocina. Juan se reincorpora y comienza a servir en los platos, le quita el corcho a la botella de vino y llama a la mesa. Cusitorto respira profundo y acelera el paso hacia la calle, corre y alcanza a la niña.
En la cocina los tres Guevara, los tres platos, las tres copas de vino tinto, la tos de Astrid:

-El Tuerto va a ser papá, Juan.

martes, 10 de junio de 2008

Cimarrón









hoy fue una tarde fría.
el mate me quemó el paladar.
encontré una tita en un bolso
un billete de dos en el bolsillo.
descubrí una maldad
y,
que extraño su mano en mi espalda.

lunes, 9 de junio de 2008

Un Hallazgo

escribe MM:

"Checha pertenece a la corriente denominada 'minimal postmodern mystery vanguard boiled infusion drinker caleidoscopical paper writer', con aires de hipi, benévola y esporádica actitud metalera".

en un viejo espacio cibernético.
Ja!

*si Ud. desea la traducción del statement, PIDAMELA.


jueves, 5 de junio de 2008

miércoles, 4 de junio de 2008

¿Julio, cuánto te debo?

"(...) Oliveira sacó del bolsillo un pedazo de diario que estaba ahí vaya a saber desde cuándo (...).

- Primera sección -leyó-. Reconquista 446 (31-5488), Córdoba 366 (32-8845), Esmeralda 599 (31-1700), Sarmiento 581 (32-2021).
-¿Qué es eso?
-Instancias de realidad. Te explico: Reconquista, una cosa que le hicimos a los ingleses. Córdoba, la docta. Esmeralda, gitana ahorcada por el amor de un arcediano. Sarmiento, se tiró un pedo y se lo llevó el viento. Segundo cuplé: Reconquista, calle de turras y restaurantes libaneses. Córdoba, alfajores estupendos. Esmeralda, un río colombiano. Sarmiento, nunca faltó a la escuela. Tercer cuplé: Reconquista, una farmacia. Esmeralda, otra farmacia. Sarmiento, otra farmacia. Cuarto cuplé... "


de capítulo 31, Rayuela, Julio Cortázar.

Curioso

¿Será cierto que las madres no pueden evitar el hecho de usar las siguientes expresiones?:

  • "¡Se bajaron todo el jugo!"
  • "¡Se bajaron toda la coca!"
  • "¡Se bajaron todo el pan lactal!"
  • "¡Así no se puede vivir!"

lunes, 2 de junio de 2008

Un supuesto

*charla figurada:

-mm:"vos todo bien?"
-ceci:"si, requete guachi bien"
-mm:"el nuevo hogar en orden?"
-ceci:"todo en orden, ya cambie los cueritos, estampé unas cortinas nuevas con motivos pop y puse topecitos soft de goma en cada puerta, pa no hacer bolonqui con los portazos cuando llego tarde y la jefa duerme"
-mm:"madre como anda?"
-ceci:"josha"



*según MM, a friend and now a neighbour.

a Martín le debo unos chocolates suizos que ayer, accidentalmente, fueron abiertos. estuvieron cerrados en mi heladera desde febrero pero la curiosidad mató al hambre de madrugada!

Carta abierta

ME CENSURARON

viernes, 30 de mayo de 2008

Un detalle (versión censurada)

... Roberto se acercó explicando el alivio (?) que le producía haberme conocido, por fin, agregando que era una suerte, para mí, haberlo conocido a él en su más agraciada faceta de lustrador de parqué. Yo me disculpé y entre risa interna le dije: "permiso, me voy a comprar tomates".




En realidad, sencillamente fui a tualé.
nota al pie: si Ud. desea leer la versión original, PIDAMELA.

martes, 27 de mayo de 2008

Exquisita parte 1

Avances
Anticipos, "colas" de una película.

Bárbaro
Término ponderativo. "Comiendo y chupando en familia, pasamos unas fiestas bárbaras". (Celentano, Entrecasa.)

Bebé
Más fino que bebe, como dijeron siempre los argentinos.

Besote
Palabra de mujeres refinadas, pertenecientes a círculos muy exclusivos, que por lo general se emplea por teléfono, en el momento de la despedida: "Bueno, un besote enorme".

Brasileño
"El argentino, que siempre ha dicho brasilero, de un día para otro dijo brasileño. Ese día no fue hace mucho. En mi juventud decíamos brasilero, sin dejarnos convencer, aparentemente, por los cafés La Brasileña, que abundaban en nuestra ciudad. Digo aparentemente, porque en definitiva el cafetero purísta salió con la suya". (Icaro Astul, Género libre, o Del Cosmopolita al Bataclán, Temperley, 1978).

Cheto
Persona que se muestra en los lugares adecuados, que se viste y que habla como corresponde. Puede llegar en motocicleta. "Me encontré con los chetos, en La Veredita".

Chica
Mucama. "Ay, señor, no la llame chica a su hija. Me da no sé qué".

Chocho
Muy contento. "El fulano me mandaba al demonio y yo chocho, che". (Granato, La novela de un hombre superior.) Úsase en las presentaciones en lugar de "mucho gusto".

Estar
Living room, hall, sala de estar. "Los arquitectos, responsables del neologísmo, aguardaban la sentencia en el estar". (Toro y Gómez, La pena capital según nuestras leyes.)

Fabuloso
Muy bueno, excelente. "Pasamos una tarde fabulosa frente a la pequeña pantalla". (Münchausen, Facetiae, Buenos Aires, 1975.)

Facultativo
Mejor que médico. "Mi hija, la facultativa".

Filme
Grafía de film, para personas defectuosas que requieren vocal de apoyo.

Imagen
"Hay que cuidarla". (Javier Miranda, Diccionario de frases hechas.)

Mamá, Mami, Papá, Papi
Vocativos de interpretación complicada para el observador ajeno al grupo familiar. Los maridos, nostálgico de no sé qué incesto, llaman mamá o mami a sus mujeres y éstas llaman papá o papi a sus maridos. La madre llama a su hijita mamá o mami, y tal vez llame al hijito papá o papi, pero más probablemente lo llame mamá o mami. El padre llama a su hijito papá o papi, y tal vez llame a su hijita maá o mami, pero más probablemente la llame papá o papi.

Movilizarse
Exquisitamente, moverse."Ay, pobres los que sirven, no tienen casi espacio para movilizarse". (Marian Brown, En el restaurant.)

-------------------------
de Breve diccionario del argentino exquisito, Adolfo Bioy Casares, Emecé, 1978

De diccionarios

locución
~ adjetiva.
1. f. Gram. La que hace oficio de adjetivo. De tomo y lomo. De rechupete.
(Diccionario de la Real Academia Española)
--------------------------
4. lo que es. Construcción propia del habla coloquial que se emplea para presentar en primer lugar, con intención enfática, un determinado elemento de la oración: «Lo que es gracia tiene muy poca, el pobrecito» (Moix Arpista [Esp. 2002]); «Llévate lo que quieras. Lo que es yo, iré vestida de Mignon» (Donoso Elefantes [Chile 1995]); «Pero firmar la paz como tú quieres, [...] no. Lo que es en mi casa, por lo menos, no» (Gala Invitados [Esp. 2002]). Normalmente se usa como locución fija (lo que es yo, lo que es tú, etc.), pero a veces se hace concordar el verbo ser con el pronombre que lo sigue: «Lloverá o no lloverá, pero lo que soy yo, no estoy dispuesto a moverme de aquí» (Romero Declaración [Ven. 1988]).
(Diccionario Panhispánico de Dudas, RAE)
---------------------------
regio
Término de imparcial aquiescencia, sinónimo de "lo oigo".
"-¿Salimos esta tarde?
-No puedo, che. Murió mami.
-Regio".
Personas poco finas dicen también fenómeno. Menos finas, fenómeno.
Ver correcto, exacto, perfecto.
(Breve diccionario del argentino exquisito, Adolfo Bioy Casares)

Costumbres cristianas

Con motivo de nada en absoluto les presento algunas cuestiones, inquietudes, vicisitudes, pavadas:

El pasado lunes, o sea ayer, La Rosa pasó a mejor vida. Las casas fúnebres, cocherías, funerarias son atendidas por locos desquiciados con altas dosis de cafeína sin importar el turno laboral en el cual desempeñan su trabajo. No sé su nombre, no se lo pregunté, pero a cambio me escupió un soliloquio fatal -vale- acerca de todas las posibilidades que tenía a la hora de decidir el futuro de la tía. Eso fue:

"vos.sentate.acá.que.yo.te.cuento.y.te.hago.los.papele.y.vos.perá.perá.pasa.el.documento.la.

libreta.de.bóveda.tené.tené.la.llave.porque.mirá.que.ahora.es.todo.diferente.ah.no.sabías.no.

el.pami.no.te.cubre.no.ahora.no.ahora.me.pagas.a.mi.y.le.ponemo.el.formulario.a.nombre.del.

abuelo.y.eso.después.te.lo.reintegra.el.anses.pero.no.mañana.dentro.de.tre.mese.o.un.año.no.

sé.depende.vite.hay.gente.que.todavía.sigue.esperando.vos.sentate.acá.que.yo.te.lo.hago.perá.

perá.e.así.vo.mañana.vas.te.estás.en.el.hospital.a.las.ocho.ocho.y.cuarto.depsués.te.vas.para.el.

cementerio.llevas.la.libreta.de.bóveda.firmás.pagás.cientosientepeso.y.te.vení.para.acá.perá.perá.

cuachá.acá.terminamo.todo.y.la.llevamos.para.allá.no.NO.nosotros.ya.no.nos.encargamos.de.eso.

lo.tené.que.hacer.todo.vos.entonces.cientosietepeso.en.allá.y.al.tipo.que.yo.te.mando.le.das.los.

dosmilcienpeso (¿¿¿¿dos miel cien????? ¿¿¿eso sale morir???).

que.te.faltan.en.efectivo.o.en.cheque.vo.fijate.tarjeta.no.yo.no.sé.de.las.otras.casas.pero.nos.come.

mucha.guita.vite.cómo.es.pasa.que.ahora.aumetó.mucho.todo.las.lacas.la.madera.e.un.quilombo.

(¿¿¿y qué pasa si no tengo dos mil cien pesos??? ¿¿¿qué hago con La Rosa??)ah.vite.cómo.e.e.así.

así.tene.que.ir.a.la.municipal.pero.ahí.no.tene.bóveda.se.te.complica.y.no.te.dan.pelota.pero.perá.

hay.lugar.en.la.bóveda.no?.porque.sino.tamo.fritos. (¡si hay!).ahora.alguien.tiene.que.venir.atrás.

a.ver.el.cajón.(¿¿¿estás fuckin' demente??? cualquiera, el que te parezca) no.no.uno.tiene.que.

venir.tené.que.elegir.nena. (¡yo no ma!).

Las posibilidades, evidentemente, se reducían a UNA. Le pagábamos los dosmildocientossietepeso y ellos no hacían absolutamente NADA, salvo llevarla a.

¿Hay algo mal en todo esto, no? es casi tan terrible, como la compañía de banda ancha y cable; HAY ley contra el monopolio. ¿La buscamos?

miércoles, 21 de mayo de 2008

Vamos!

.
.

¡Quiero vale cuatro!

(...)
ce: ¡ja tengo la mano derecha estratégicamente manchada con pintura roja y cada vez que la veo, sin querer, pienso que la tengo lastimada, jajaja!
... porque pasan cinco minutos y me vuelvo a olvidar de que es pintura.

pe: ¡jajajaja... blogueá eso!

ce: ¿vos decis?

pe: o no, a ver si se enamora toda la blogósfera de vos.
... no no no, no digas esas cosas fantásticas.

ce: pero yo estoy enamorada solamente un parte de la blogósfera. (sic)
(iba a decir blogEsfera)

pe: "yo" "estar" "enamorada" "un" "parte" "blogesfera"
cómo que de una parte?

ce: claro... de un simple blog, digamos... (...)

jueves, 15 de mayo de 2008

Intermedio

Me colgué de la palmera.
Suena Nigeria.

Próximamente, Ique Tomei, el nuevo corresponsal de mi zamba.

...........

Mi profesor de redacción, Juan Moris, confesó haberse parado y aplaudido tras el último episodio de la tercera temporada de Lost.

Demando explicaciones.




Pitu y quien escribe. Qué bien se está patas al río.

Villa Paranacito, Entre Ríos.

jueves, 8 de mayo de 2008

Glu, glu

desordenada, soy una espiral encendida. si miro un poquito hacia la derecha la puedo ver, cuánta risa me da esa toalla de osos bipolares que cuelga del barral de la bañera. estando ahí, a la derecha, en el fondo me puede ver. vuelvo al centro. ahí me tropiezo con esos ojos, el izquierdo tiene una ceja diferente, la ceja puede subir voluntariamente cuando se aburre un poco, eso le pasa sobretodo los martes, porque los martes son demasiado intransigentes para el gusto de esa ceja. los martes no son el principio ni el medio de nada. el medio es esta nariz, medio tímida que tiene un resfrío peculiar para la primavera de noviembre y que tiende a correrse cada vez que está al borde del infinito o del estornudo. el infinito está en mi ojo derecho, eso sí, porque a diferencia del izquierdo, él sabe divertirse. maldad. tristeza. alegría. nostalgia. nostalgia, es la forma de divertirse que ha elegido estos últimos días. entonces subo el párpado, miramos los dos juntos al ojo izquierdo y al ratito no más subimos a un azulejo que me espía por detrás. sujetos a la pared recordamos. pienso en cómo mis labios ceden y se entreabren, el cuello se cansa un poco y vira hacia mi hombro. el flequillo se pone atrevido y se abre y es ahí cuando mi toda yo nos olvidamos de la nostalgia y nos ponemos exigentes. la cabeza se endereza, los ojos se abren, la boca se cierra. por el ángulo inferior derecho se van asomando esos dientes, esos diente de carey berreta, marrones, amarillos. los ojos se achinan, el ceño se frunce, mis labios dan un beso apretado al aire. estaticidad. el peine se incrusta en el pelo rebelde. ¡flequillo chito! tranquilidad. fase neutra. está llegando una melodía, está saliendo de uno de los patios. fue: Ojos miran a Boca, boca se frunce y emite un sonido agradable. está silbando, porque cuando me miro al espejo mis labios y yo sabemos silbar como nadie.

lunes, 5 de mayo de 2008

Viejo

The Buenos Aires Affair, Manuel Puig.-

domingo, 4 de mayo de 2008

Cosas con acento bonaerense

Es mayo. Parte Uno.

Casi de golpe te das cuenta de que te estás empezando a aburrir de algo, supongamos. Unos días antes de mayo decidís invertir x cantidad de dinero en un charango. Te gusta el folklore y la sierra pero en este momento cambiarías en un mercado de trueque a tu madre por unos metros de mar. Te sentás a investigar tu nueva adquisición, contenta, te olvidás del piano y las clases pagas, te olvidás tanto que dejás plantado a tu profesor Gregorio (el que según el fiscal municipal que te lo recomendó “es igual a Jude Law”, sí así fuera jamás lo dejaría plantado) y te internás en un sucucho, en una parte de tu casa, a tocar el bendito charango.

Suena. ¡Qué instrumento generoso! Todo suena lindo, redondo al oído. Pero seguís de viaje en tu cabeza y sin querer, con algo de fuerza, te conformás pensado que el sonido que suelta se parece mucho al del ukelele y a su vez, casi por default, al del cavaquinho.

Entonces, comenzás a suponer cosas como que: podes estar en Hawai tomando algo que se sirve en coco, podes dejar de tocar folklore, podes empezar a ver cómo suenan otros ritmos, podes cambiarle la afinación, dejás de tocar una cuerda, te acordás que Jimi Hendrix y Neil Young tocaron el ukelele alguna vez y que Oscar Aleman puso sus dedos en un cavaquinho y, logró, luego, a mi humilde oreja, pasarle el trapo al gitano de Reinhardt salvo que éste último tocaba con solo tres dedos…

Cosas, pensas cosas.

Te cebás un mate, apoyás tu charango sobre la cama y agarrás la guitarra para ver cómo era ese tema que no te sale en el nuevo instrumentito. Tirás un si menor y tus ojos se abren horrorizados, sentís que estás tocando un acorde deforme en un contrabajo (nunca lo hiciste pero presentís que así sonaría en un instrumento de esas dimensiones). La costumbre.

Y mayo sigue. Venías medio estancada en algo que no era el charango, precisamente. Estancada físicamente, supongamos, y con la cabeza a setenta revoluciones (¿esto es mucho? Si no lo es, piensen, los que saben de dinámica, en alguna cifra que lo sea) por minuto, buscando algo urgente que no sea el charango, buscando el momento para tirar la bomba. Para bajar, vas al video club y te alquilás una película de suspenso pochoclera y otra que ya habías visto hacía poco pero que te habías rehusado a ver durante muchos años.

Pasan unas horas, un poco de mayo, y entendés que la pochoclera no era más que eso y sobre todo que era una especie de resumen de las películas del género de los últimos tiempos; todo a medias, con malísimos giros narrativos, errores espantosos de continuidad, errores cronológicos pero, con un arte de la madona. Típico.

Y con la otra te sentís medio pelotuda y te queda esa canción final en la cabeza que no dejás de silbar y que cuando tenés una guitarra a mano no haces más que tocarla como si tu repertorio se acotara a ese tema y confirmás otra cosa: Julie Delpy tiene una forma medio retorcida de poner sus dedos sobre las cuerdas y pensás… “bueno, es francesa, qué le va a hacer”.

miércoles, 30 de abril de 2008

Descargo

Una profesora jamás debe portar SCHWINDT como apellido de casada y menos aún si forma parte de su dirección de correo electrónico al cual debo mandar un trabajo de importancia estatal.

Muchas gracias,
La Dirección.

martes, 29 de abril de 2008

Algunas reflexiones sobre el día del animal

Primera: En los próximos meses va a hacer mucho más frío que hoy. Evitemos agotar recursos. Una mañana con solazo como el de el día de la fecha no requiere, exclusivamente, tres pulóveres, un buzo polar, campera de plumas, guantes, bufanda, orejeras. ¡vamos! ni tampoco el tiriteo desenfrenado, la expulsión de aire por la boca para ver el vapor que sale como "humito" y confirmar, para convencernos, de alguna forma, que es real el frío polar, con el que pretende tentarnos el meteorólogo fashion de Arriba Argentinos con sus fórmulas al mejor estilo Carmen Yazalde. ¿Se fue el humo y ahora necesitamos del frío polar para tener de qué charlar en la parada? bah.

me duele la muela.
izquierda.


Entonces: El fresco y sus disgustos. Sus caras amargadas, arrugadas, los ojos chinos, las manos en movimiento para evitar el potencial congelamiento...

Segunda: No recordaba que hoy fuera el día del animal hasta que descubrí, bajo alguna circunstancia dudosa, el blog de una compañera fantasma de la facultad. Resulta que es bibliotecaria, que tiene una gata que se llama Flora, que asiste a un grupo de tejedoras y que cumplió sus 39 años el pasado 14 de abril. ¡Ah! y que se llama Emilce.

Tercera: El nene no me come. El nene no me estudia. Es correcto amigos. Así que basta de utilizar el término me para posibles burlas estúpidas. ¡Viva el dativo de interés!

Nota mental: la RAE no da más.

Cuarta: En ecuador el primero de mayo se cobra dos fabulosos días, a cambio de uno, para recuperar el dinero perdido por las inundaciones últimas. Resultado: mi hermana se cobra un viaje a Bogotá y, supongo, un café doble real por primera vez en años.

Nota mental bis: El café instantáneo Colcafé (la versión colombiana del peor Arlistán) que asegura ser auténtico café colombiano me envenenó el hígado un mes entero. Si visitan Ecuador, tomen de la góndola uno más barato.

Quinta: En La boutique del libro de San Isidro se come rico. Ñoquis del 29 y dos pesos bajo el plato (esto último puede que sea mentira).
Curiosidad: Cuando los empleados jipis se van "atrás" con una cajita de fósforos Fragata en la mano no es para buscar algún título perdido.
Dato de interés (que nada tiene que ver con el dativo): En esta misma librería, les recomiendo buscar títulos viejos, re viejos, medio hechos pelota, deformes por el agua de las goteras y si les falta en su interior el ISBN mejor aún, ya que les será una tarea complicada rastrearlo en la computadora y pueden correr la misma suerte que yo al llevarme, hoy al mediodía, un libro casi de reliquia de Nabokov al módico precio de quince con ochenta.

Nota mental-moral: No se quemen la cabeza pensado en que ésto puede llegar a perjudicar al jipi. No es así.

Sólo un momento



Quelle heure est-il au paradis ?

sábado, 26 de abril de 2008

Elecciones

Era junio. Yo estaba en la cocina esperando que el agua estuviera lista para el quinto té del día. La tetera de la abuela Lola, de porcelana con flores horribles, ya estaba sobre la mesita de pared que había decidido colocar bajo la ventana el día anterior. Pegada a la heladera no iba a durar mucho tiempo, los imanes me volvían loca, me desconcentraban y terminaba pensando en cosas grandes, sin sentido, en por qué me había mudado al departamento, por ejemplo. Ayer a la tarde, entonces, corrí la carpetita, la olla de hierro y la coloqué debajo del marco de la ventana que da a Tres de febrero; de paso regué la estrella federal al mismo tiempo que recordaba su existencia.

Con la nueva disposición, la nueva vista, comencé a disfrutar más de la cocina. Yo, sentada en la silla de fórmica naranja de Lola, con los pies afuera, en el balcón y el resto del cuerpo adentro, en tierra segura. La mesita en frente, la ventana entreabierta con el mosquitero colocado aunque agujereado por partes y mi taza a lunares con jengibre y miel lista para recibir el baño de agua hirviendo; esperaba el llamado de Ique.

Tras el último sorbo, ya un poco frío pero placentero por esa picazón que deja el jengibre en la garganta, levanté el tubo y en no más un minuto anoté la dirección y el colectivo que me dejaría a tres cuadras de su casa. Ique me llamaba desde la clandestinidad de su cubículo laboral.

Aproveché el tiempo que me quedaba hasta que anocheciera y tomé un baño, me sequé el pelo, elegí un buen abrigo. Un buen abrigo era el de paño azul con tres botonazos verdes que había dejado Lola entre tantas otras cosas. Los sacos de antes sí que conocían el frío verdadero. Casi lista para salir, me apuré y manoteé uno de los tres libros que tenía sobre la mesa de luz. Estaban todos empezados así que era indistinta la elección, debía terminar alguno. Lo guardé en mi bolso, tomé las llaves que religiosamente descansaban en el aparador del living, luego un sentir ligero, la llave en la cerradura. Estaba al pie de la escalera, frente a la gran puerta de vidrio; una mueca zonza distinguí en el reflejo.

Quince escalones hacia arriba, la llave, la cerradura, el apuro. La casa, mi casa, el departamento de Lola, el aparador y el vergonzoso papel de caramelo con la dirección de Ique bajo el cenicero.

Después, la mano ya inquieta guardándolo en el bolsillo del pantalón. Volvió la llave a la cerradura, como una toma mal hecha. Yo estaba, otra vez, al pie de la escalera, frente a la gran puerta de vidrio; salí a la calle. Nada, la avenida seguía siendo la misma porquería de siempre y veía pasar el sesenta del bajo que, con mucha suerte, dentro de los próximos cuarenta minutos podía pasar el siguiente.

Sentada en el banco de la parada, buscaba como tonta algún recoveco, algún ángulo donde el viento no me aplastara contra el acrílico de las publicidades. Era una verdadera noche de fines de junio y yo con un verdadero saco de paño azul del cual comenzaba a dudar. Para matar la costumbre, encendí un cigarrillo y parece que me sucedió lo que les sucede a los que tienen suerte o son fervientes lectores de las leyes de un tal Murphy.

Veinte centavos escupidos de la máquina y una explosión de calor humano en la frente. Haciendo paso, logré llegar a la mitad trasera del colectivo. Con vista ventajera divisé a una señora abrochándose el pulóver y envolviendo su cuello en una bufanda que me provocó una carcajada interna. Me acerqué. Entre permiso y permiso conseguí un asiento. A medida que iban pasando las cuadras, la gente se iba reduciendo, ojalá hubiese sido en tamaño, siendo así gracioso y no preocupante para mí que desconfiaba de los colectivos medio vacíos en las noches verdaderas de junio.

Al rato, casi mágicamente, éramos cuatro las personas que ocupábamos los cuarenta asientos disponibles. Hacía un rato ya que había sacado el libro de mi bolso y mal que mal, forzando un poco la vista, podía leer intercalando renglones con veredas buscando el famoso hipermercado donde debía tocar el timbre para así bajarme correctamente, en la parada de Las Heras y Maipú.

De golpe y porrazo, el respaldo que tenía en frente se me incrustó en el pecho y el rebote hizo que mi cabeza sonara contra la ventanilla. Sí, esto también podía llegar a ser gracioso de no ser que en mi cabeza, del lado izquierdo tenía una hermosa hebilla con piedritas violetas que de alguna forma las sentí parte de mi cuerpo.

Reincorporándome, tomé un poco de aire y me senté más derecha, sufro de columna y los colectivos jamás fueron un buen lugar para mí. Leo a oscuras y me encorvo de formas inhóspitas para poder ver la calle; jamás entenderé a los desgraciados que pensaron inteligente la colocación de un marco de aluminio justo a la altura de la vista de una persona tipo, como yo, que no supera el metro setenta ni está debajo del medio metro.

Tras la frenada, subió un hombre. Él sí pertenecía a ese grupo agraciado del post metro setenta, vestía unos vaqueros desgastados, borceguíes negros, remera blanca (sí, remera) con una inscripción que no llegué a leer. Tomó su boleto con la mano izquierda porque la derecha la tenía ocupada con una botella de cerveza envuelta por una bolsa del famoso hipermercado. Un poco tambaleándose y haciendo ruido fue caminando hacia atrás. Yo lo miraba, lo miraba entre renglón y vereda y él me miró, él me vio.

Cinco pasos re pesados y se sentó al lado mío. No recordaba tanto olor a alcohol desde mi borrachera de los veinte y mi estómago vacío haciendo malabares con un té de jengibre y miel hasta llegar a las empanadas salvadoras de Ique.

-¿Es judío ese, no? – inquirió con sonidos casi guturales.
-Perdón… - dije yo entre perturbada y con aire de acá no pasa nada.
-Que ese, ese tipo, cómo es, es judío.
-Ah… éste – mirando el señalador que se asomaba de Woody Allen y pensado alguna respuesta rápida y poco comprometedora- sí, así parece.
-Mirá, y ¿a vos te gusta ese, che?- dijo acercando su aliento.
-Bueno… este…vi algunas cosas.- le decía, pensando, pensando- igual este me lo regalaron en una librería- buen punto, sentencié.

Vicente López parecía ser el lugar más lejano del mundo. Esos viajes por paisajes desérticos donde uno especula la cantidad de nafta y las ganas desenfrenadas de comer un sándwich. El supermercado no se asomaba por ningún lado y ahora paseaba con un borracho, antisemita y potencial asesino serial. Qué linda noche verdadera de junio.

-Mirá lo que tengo acá- dijo mientras se subía la botamanga del pantalón.

Bajé la mirada, obligada, y vi una cara gigante de Jesús entre espinas de cristo, aureolitas y mantos de rosas re tatuados en su pantorrilla.

-Mirá vos… ¿dolió mucho?- salió de mi garganta a esta altura atragantada mientras que mi manita derecha iba guardando poco a poco, como quien no quería la cosa, el libro debajo del bolso.
-¿Qué va a doler? Por este, lo que sea- balbuceó el mártir en su curda-
-Ajá, claro, qué bueno. Bueno, permiso eh, me tengo que bajar en la próxima- le dije casi suplicándole a algún dios que me sacara de esa situación.

De la forma más desprolija, me abotoné el saco, cerré el bolso con el libro bien adentro y toqué el timbre liberador. El hipermercado, obvio a esta altura, no había aparecido, pero era claro que iba a sentirme más tranquila caminando por la avenida, mal abrigada, con El Anticristo del maldito alemán bien guardado en esa verdadera noche de junio.

lunes, 21 de abril de 2008

Poesía popular



Sometimes I dream about reality
Sometimes I feel so gone
Sometimes I dream about a wild wild world
Sometimes I feel so lonesome


Hey Bobby Marley
Sing something good to me
This world go crazy
It's an emergency

Tonight I dream about fraternity
TONIGHT I say: one day!
One day my dreams will be reality
Like Bobby said to me

Hey Bobby Marley
Sing something good to me
This world go crazy
It's an emergency

Hey Bobby Marley
Sing something good to me
This world go crazy
It's an emergency

Tonight I watch through my window
And I can't see no lights
Tonight I watch through my window
And I can't see no rights


-Manu Chao-

El panadero, Cajas, Azuay, Ecuador.-

miércoles, 16 de abril de 2008

Qué tan lejos

Era la tercera vez que se inclinaba para alcanzar el encendedor. Mecánica algo ridícula la de volver a dejar las cosas en su debido sitio, como si de no ser así el universo fuera a colapsar de momento a otro. El cenicero de bronce, manchado por los años de tanta soledad, le respondía casi obediente en el extremo derecho del escritorio. Dos colillas exprimidas, un rastro del verano haciéndose ceniza. Eso es el palo santo, se dijo. Lo había traído de Manglar Alto, de la costa ecuatoriana, un poco creyendo que era cierto eso de que los mosquitos no pueden volar entre su humo, y otro poco con la encubierta razón de que los olores son, para él, el mejor modo de anclarse a un lugar determinado, a un lugar del cual jamás quiso partir, donde su condición de parasiempremente solo no lo amenazaba.

Esa tarde era la lluvia. Los sonidos encontrados golpeando en la persiana inquieta de tanto viento por el comienzo de algo, nuevo. La tormenta, ahora más tranquila, se apagaba con un cielo turbio al norte, pero las antenas altas dejaban en evidencia al sol poniente sobre el Tres Cruces delimitando el valle.

Varios años lo separaban de aquel oeste. De la humedad sobre los telares, el edificio de la comuna, la radio parlante, sequía en domingo de carnaval. De este lado, en este hueco, el azúcar se pierde sobre las cucharas, los aguaceros son sorpresa de media tarde, la niebla puntual. Calato se inclinaba.

Dónde estaría mañana, con la tinta desparramada sobre los expedientes de forajidos de Azuay. Dónde, con los zapatos de cuero curtido marcando surcos de nada sobre el felpudo de hogar bienvenido, donde los encebollados se acomodan en los estantes del refrigerador para recordarle la autonomía cada noche tras las campanas de la Catedral. Dónde, en casa Latina esperando la bendición de doña Elisa para salir confiado a sentarse en otro banco, frente a otros papeles, otra ventana para mirar la punta de sus pies ante la mirada caníbal y aniñada de la supervisora.

Un día más, dónde, sobre el traqueteo del camino que permite solo la compañía de una banquina desafiante. Calato se inclinaba para ver cómo el páramo viraba a selva.





Ingapirca, Cañar, Ecuador - Flor de los buenos sueños.-

lunes, 7 de abril de 2008

Haga como si estuviera en su casa

Una esperanza se hizo una casa y le puso una baldosa que decía: Bienvenidos los que llegan a este hogar.

Un fama se hizo una casa y no le puso mayormente baldosas.

Un cronopio se hizo una casa y siguiendo la costumbre puso en el porche diversas baldosas que compró o hizo fabricar. Las baldosas estaban colocadas de manera que se las pudiera leer en orden. La primera decía: Bienvenidos los que llegan a este hogar. La segunda decía: La casa es chica, pero el corazón es grande. La tercera decía: La presencia del huésped es suave como el césped. La cuarta decía: Somos pobres de verdad, pero no de voluntad. La quinta decía: Este cartel anula todos los anteriores. Rajá, perro.


Julio Cortázar, Historia de cronopios y de famas.-


miércoles, 2 de abril de 2008

Che y Chu fueron al río


"Doctorchu, del dichu al hechu hay un mucho trechu"
Alejandrita.

martes, 1 de abril de 2008

yo, rezongo

oiga! que ser mujer no es ningun pecado ni desgracia.
basta de eso que las niñas lo van a empezar a creer.

Un lunes

una boya con cara de cruz
el sol que se va yendo
los chicos jugando a lo que quieren ser en el agua
la pareja quejosa, gritona
el sol que se fue
ahora
el viento que golpea desde el este
sudeste
los areneros lejísimos
el junco, pajonal rioplatense
los dedos frágiles
la bicicleta
la aproximación
las ganas de fumar
la sombra de alguien mirándome la espalda

domingo, 30 de marzo de 2008

Hace más de un mes


el perfume del palo santo
el olor al repelente de mosquitos
los gritos de los vecinitos
la voz de pancho que me enseña
la muñeca sin tiempo
lolita por el cable ayer a la noche
la guía de perú con la guita reservada
la mudanza a la casa con vida
la visita de un gran amigo
las cervezas frías
mi perfume de verano
noche y día sobre la mesa.




Volcán Quilotoa, Ecuador, 2008.-

sábado, 29 de marzo de 2008

De anoche

soñarte de la forma más agotadora.

viernes, 28 de marzo de 2008

Teníamos como catorce


El primer cadáver.
Fábula gris.


Vi una llama azul, un cristal molido, cenizas grisáseas que caían de un álamo, la infancia.

¿Y qué si es una mierda? ¿Acaso esperabas ver a Cenicienta?

Tengo noticias malas. La vida no es un cuento de hadas.

Y sí, ahora los veo, nos vemos en el reflejo, la lluvia.

Un grito en la oscuridad.


jueves, 27 de marzo de 2008

¿Calato?



Brasil empapaba las mesas; en la mía cerveza.
Un sombrero de paja, un djembe, la vela peor ubicada.
Un viento amigo lleva al sombrero sobre el fuego. Me gusta el fuego.
Gesticulaciones ridículas, llamado de atención en voz inadvertida.
Un resolver casi gracioso y me acerco a evitar el desastre.
Se ríe.


Me gusta cuando se ríe.

martes, 25 de marzo de 2008

Siesta


...eu nao sei dormir sem a tua companhia...

jueves, 20 de marzo de 2008

Pacífico soñé tus olas

Venía de Cuenca, valle del sur de la cordillera. El bus cargado, pocas mochilas, mucha mercadería, mucho trabajo. Esta vez nos tocaba viajar de día, eso era bueno; las rutas no nos ofrecían los mejores paseos por la noche y era difícil conseguir el sueño entre tanto traqueteo. Viajábamos entonces. Salimos del centro de la ciudad y una jovencita subió a repartir jugos en botellas cuadradas. Jugo de naranja, jugo ácido que no tomamos.

El televisor se encendió y con él el miedo. “Termineitor” o una prima hermana, no recuerdo; el volumen por el cielo. Nos reímos como lo veníamos haciendo en cada bus que nos tocaba tomar. La risa, lo curioso, las diferencias escondidas.

Mi compañera leyó un tramo, otro durmió y escuchó su música. Yo, no sé. Tenía la ventanilla y el frío, el agua condensada que bajaba por el vidrio y me mojaba el pelo, el chaleco en las rodillas. Dormí.

La montaña, el camino, la niebla espesa; un lugar común. El cajas, la ruta elegida por el chofer.
Páramo, pura roca, pajonal, frío. La banquina tan lejos y tan cerca, el ritmo que encontraba a cada kilómetro. La vista como una cinta de filmación vieja, arriba y abajo, siempre para adelante y rápido. La lluvia.

Vacío a nuestra izquierda, viajábamos alto. Unas horas más tarde y casi sin notarlo Ecuador me sorprendía una mañana más. El monte de la derecha iba virando a selva. La vegetación poco a poco se iba poniendo verde furioso, crecía en volumen. Las palmeras. Humedad.
Guayaquil iba asomando a cada metro.
Llegamos.
Cruzamos un puente, un puente para cruzar el río Guayas, el río que une la tierra. El nacimiento en el Amazonas y su destino en el pacífico. Miramos, calladas. Cachalotes en carrera.
Terminal Terrestre de Guayaquil. “Guayaquil está en marcha” predicaban los carteles del alcalde. Y de golpe y porrazo el pantalón mojado, la cara pegoteada, el aire acondicionado, los baños limpios pero lucrativos, las cadenas gringas de comida rápida.

Esquizofrenia.
Luchamos en los pasillos para encontrar la boletería. Dieciséis kilos de más en mi cuerpo y la lucha contra los que te quieren llevar a Machala mientras uno quiere Montañita.
Once dólares. Pasajes en mano. Almuerzo. Baño. Afuera.
Encontramos al bus y descansamos las mochilas. Un pibe se me acercó y me dijo que la “cola” para Montañita era atrás de él y de su amigo. Me reí por dentro y pensé que sólo un argentino podía decir eso. Matías, fue Matías con su remera de Inka Kola y su guitarra. Le hice caso y corrí el equipaje. Atrás estuvimos y charlamos hasta que el bus arrancara. Venían viajando. Venían de Perú dónde les habían dicho que si iban al Ecuador debían ir a Montañita. Todos estábamos en la misma, salvo que ellos sólo habían vivido a Guayaquil dos días y eso no era Ecuador, por suerte.
“El es Cory, está contento porque somos los primeros que encontró que hablamos inglés en tres días, viaja con nosotros a Montañita”. Somos cinco, hay equipo. Ellos viajaban desde el diez de diciembre y perdieron el mate. Mariano tenía “algo” de agua caliente en el termo y yo tenía el mate y la yerba. Hay equipo. Subimos al grito de “Montñita, montañiiiita”, y nada es casual. Los cinco teníamos los cinco asientos del fondo, los cinco. Hay equipo. Nos reímos. El aire acondicionado nos iba a matar. En Gye la gente no puede vivir sin aire acondicionado, la humedad y el calor te destrozan, pero para nosotros que no estamos acostumbrados a esos cambios de temperatura tan bruscos nos podía matar realmente. Nos la rebuscamos.
De izquierda a derecha: Pitu ventanilla, Yo, Matías en el medio-estira-patas, Mariano comprimido, Cory ventanilla derecha con i-pod-veinte-gigas-en-mi-haber.
Viajamos. Tres horas y puchito. En la tercera empezamos a ver el Pacífico, cuánto aire, cuánta locura. CUANTO PACIFICO.





“¿Será esto Montañita?”, “no, no, tiene que ser más adelante”. Así pasamos cinco pueblos. El último: Manglar Alto. Próxima estación: Montaña. Ahhiii.


Llegamos. Llovía. Barro.
Bajamos y luchamos por sacar nuestras mochilas. Nota: somos TODOS atolondrados.
Con todo encima, mojándonos, muriendo de calor y humedad, parados felices. Un nene de ocho años se me acercó vendiéndome un hostel. Esperé más ofertas aunque la idea de mandar a un chango así de pequeño le toca el alma a cualquiera, malditos dueños. Esperé y llegó Jorge, el cubano. Nos gustó la idea de vivir lejos del “centro” y en lo de Juancho.







Los cinco lo seguimos. Había equipo pues...

viernes, 14 de marzo de 2008

Montañita desordenada

Los amos de casa

Nueve días en lo de Juancho, argentino nacido en Monserrat y criado en Cuidad Evita. Hace diez años ya que vive en Montañita.

Juancho vive con Anahí, se novia cubana. Anahí hace tres años que vive en el Ecuador y ya no lo soporta un día más. "La gente es muy inculta", me dijo una noche mientras lavaba los platos.

Jorge es el arregla-tutti del lugar. Jorge es cubano también pero no tiene queja alguna sobre el país. Jorge le da al tabaco y a la caña manabí todo el día.

Jorge también le da a otras cosas y es un habilidoso cazador de ratas envenenadas.





Montañita es un lugar lleno de ratas

(grandes ratas)



Los perros

Pucho: el malo guardián de Juancho. Pucho es de una raza que no conozco. en realidad sí pero no la recuerdo, además de que no me gusta eso de las razas. es negro, con ojos chiquitos y una bocasa enorme llena de dientes afilados. Pucho me re-conoce y me quiere como yo a él. Lo tienen mucho tiempo atado, eso me entristece pero se ve que los visitantes carnavaleros se lo pueden afanar. Una desgracia (sería).

Pucho tiene primos

Meteoro: un labrador que no se acostumbra al calor de la costa aunque disfruta de sus horas de nado en el mar pacífico. Meteoro es un gran perro, es el perro de Anahí, ella lo ama y se le nota en los ojos cuando le habla.

Meteoro tiene una hermana que vive en lo del vecino carpintero, en la vereda de enfrente. no recuerdo su nombre pero es una perra bien viva, debería llamarse Chispita. Le ladra a las ratas que viven en el pozo del tanque de agua.



El techo compartido

Tin: duerme en la plata baja o en su defecto hasta donde lo dejen sus piernas cuando llega a la mañana, la silla del quincho, la escalera de entrada o la hamaca paraguaya son destinos posibles. Es un gringo que hace tres meses está poseído por Montañita. Hace varios años se fugó de Estados Unidos y ahora reside en Amsterdam. Tin vive de noche, chupa que da calambre y fuma lo que venga. Tin se emociona cuando toco temas de Cash en la guitarra de Matías y cuando ponemos a Dylan en el equipo del bar. Tin está harto del reggaeton y nos quiere por eso.

Ben: es un pequeño canadiense que llegó a Montañita unos días después que yo, es puro amor y sinceridad. Ben me cae lindo, es de alma transparente. Está de viaje por sudamérica y dentro de un tiempo se viene para Buenos Aires. Ya quedamos citados para ir a ver a La bomba de tiempo en algún lugar de la capital. A Ben le gustan los sombreros panameños y me contó el origen de su nombre. A Ben le regalé una magdalena y tomamos mate viendo el primer atardecer sin nubes.



Cory: es de Florida y tiene una tonada extraña que hace que le pregunte miles de veces qué dijo porque me cuesta entenderle. Cory no se esfuerza en lo más mínimo. Lo conocí en la terminas terrestre de Guayaquil. Los dos estábamos haciendo la cola para subir al micro que nos llevaría a Montañita. Cory cargaba con una valija vergonzosamente pequeña y con un bajo acústico. Una noche se cortó la luz y nos sentamos a tocar temas de sublime, Santeria sonaba de lujo! (se permite la risa). Su propósito en el pacífico era visitar a su room-mate, un colombiano que vive en Florida y que hace surf en Montañita; éste se codeaba con los capo-capón de la comuna. Son cómicos.

Pancho y Martina: una pareja de chilenos hermosos. Llegaron a lo de Juancho una noche que yo estaba en la cocina haciendo una tara de brócoli y Martina se me acercó medio tímida preguntando por un "algo" para cocinar sus "hot dogs". Mientras se hacía la tarta jugamos al truco con sus cartas; chilenos buenos jugadores de truco, admirable. Nos acompañaron varias rondas y cervezas. Pancho luego de una visita a Buenos Aires se hizo fanático del mate así que tuvimos reserva de yerba "por las dudas".

Mariano y Matías: qué decir, dos hermanos de La Plata con los que compartimos viaje, comida, mate, playa, tejo improvisado de ostras. Mariano es un cocinero en potencia, ingeniero de profesión; Matías óptico y guitarrista errante. Nos conocimos en la terminal de Guayaquil también y desde ese momento tuvimos un acuerdo tácito de compañía.

Y más allá de las no paredes del living duerme Terry: otro gringo copado en las últimas. Terry o Cangrejo, como comenzamos a llamarlo una noche tras la humilde observación de Mariano (o pudo haber sido Pitu, no lo recuerdo), es de Nueva Jersey, fortachón, rubio, bronceado, musculoso de ojos celestes; si yo no fuera yo se me estaría cayendo la baba. Todo indicaba que Terry era otro de los amigos drogui-punchi de Juancho pero un día, gracias a Ben, me enteré de que mi prejuicio berreta de había desmoronado. Terry The Crab no era más que un apasionado de la pesca, vegetariano, atleta, abstemio y menos que menos drogui-punchi. Se acostaba a las diez a más tardar y saltaba del colchón con el canto del primer gallo (o con el único de nuestra casa que a mí no hacía más que fastidiarme por las madrugadas). Por las mañanas el pana se calzaba las pata 'e rana, el traje de neoprene y el arpón y salía a pescar. Una tarde cayó a casa con unos pescados maravillosos, se comían con sólo mirarlos. (no era vegui, no comía carne roja no ma') A la noche siguiente cociné la ya mencionada tarta y le ofrecí una porción; él una del pescadito. Fue uno de los platos más ricos que comí en todo el viaje. El filete vuelta y vuelta con oliva y ajo, bien jugoso, ni que me conociera! Ese día le hice las pases n mi mente. Pobre Terry.

Esa misma noche habían aparecido en casa Mario y Patricio; dos viejos amigos de Juancho. Mario, argentino, integrante de una antigua banda en Buenos Aires y rival de truco. Patricio, español bebedor de mate (cruz de malta) y fanático de Las Pelotas.
Todo sigue,
por suerte.






sábado, 1 de marzo de 2008

era de viaje

esta noche es el frío
el páramo en mi espalda









hoy ya nadie duerme
pienso.

martes, 26 de febrero de 2008

MUTANDO

viernes, 15 de febrero de 2008

Si la tierra quiere

pancho con su diciplina. adios a las agujas, a las chancletas, a las miradas de la calle.

buscándolo; el colombiano amigo con su franqueza me sienta frente a él y nos saludamos riendo.

-pancho, cecilia gusta conocerte.

y hablamos. le di mi reloj como si de esa forma le estuviera entregando una parte de mi.

me invita a la playa, a un fuego para vernos mejor.
nos sentamos y dejamos nuestras chancletas en un tarro de basura y bailamos en la arena húmeda.

camarón de la isla. el mediterráneo.
buscamos otro fuego y descubre mi luna, mis ojos grandes, canarios.
las brazas.
un amigo ecuatoriano nos ofrece su botella y brindamos junto con la mamita para no emborracharnos.
-¿te gusta el mar?
-lo respeto.
-¿te vienes de viaje conmigo?
...
sentados junto a otro fuego, de golpe la lluvia de verano y caido del cielo nos recive un paraguas hermoso, rojo.
un rap nacional nos une por primera vez.
el agua es astuta y corremos al primer techo.
cubiertos con un lienzo floreados nos queremos.
hostal:centro del mundo (cierra el ciclo de mi viaje)
un guardia duerme y nosotros bailamos salsa frente a él.
un pasillo. puertas. una habitación con baño, libre. nos teníamos que encontrar y nos amamos bajo el aire ecuatorial. el sueño. el no tiempo.
sale el sol y escapamos.
salimos bailando, girando en la playa.
nuestras chancletas ya no estaban, habían desaparecido. una suerte! siento la tierra en mi cuerpo.
sin tiempo.
vamos a desayunar.
encebollado con chifles en la vereda mientras los muchachos siguen derrochando carnaval.
...
pancho es un caminante de la península ibérica, quiere ser viejo con pelo blanco narrador de historias.
pancho quiere nietos y ver el mar.

viernes, 8 de febrero de 2008

Montañita



el pacífico seguía sin sol aparente

quemaba y te ibas...

Intermedio



nadie debe abrir las lunas. adentro está el horror o la nada.





gracias julio, una día más.
  • calendario lunar utilizado por los cañaris. cañar, ecuador.-

encabalga.miento


22.18hs. Cuenca.


la cama rechina

el vecino se enfiesta con pirotecnia

aguardiente de carnaval

vermouth nuevo

los pies se calientan

muerden el filo que quema

que quisiera

hoy es noche y marea

las siete con televisor-alarma

el respaldo choca

la pared recive con las dos bes

beso de nunca antes

en mí

blusa desarmada de ver

sólo

tu fotografía este enero

jueves, 7 de febrero de 2008

la mamita

gracias por dejar fruta en casa