
si pilotearan como redactan, ai mi madre.
Terminal. Máquina de enganchar muñecos en un local de video juegos. Suena de fondo la lambada.
-¿Querés que te queme el osito panda, maricón?
-Sí, te quiero, te quiero.
Esa no era la respuesta ni la frase para remediar una relojeada lasciva de culo a la negra que revoleaba todo lo que a ella le faltaba. Pita estaba re podrida, cansada de la humedad de Río, de Chano, de los quince días que tuvo que soportar al lado de su futuro ex novio. Chano ya lo era, pero pronto se convertiría, para todos sus conocidos, en el abominable, en el calentón incurable, en el desgraciado que le había destrozado la vida. Pita se encargaría, personal y minuciosamente, de arruinarlo.
Hacía dos horas que estaban varados en la rodoviária, como Pita había aprendido a decir. Ya no le gustaba eso de “terminal terrestre”, de modo que cada vez que se le presentaba la oportunidad de decirlo, lo hacía orgullosa. Lo había intentado todo. Le había dado a Chano todas las oportunidades que no merecía, pero esta vez no iba a pasar de Brasil.
Por los altoparlantes, entre interferencias de todo tipo, una mujer comunicaba la cancelación del micro que ellos iban a tomar de regreso a Misiones.
-¡Brazucas de mierda!
-No hables así. ¿Sos pelotudo? ¿Querés que nos linchen, gil?
-Calláte.
Pita levantó su mochila de la forma más ridícula, pesaba unos cinco kilos menos que ella pero lo logró. Chano, mirando el televisor que tenía sobre su cabeza, tomó la correa de su valija con rueditas.
-¿Vamos?
-¿A dónde?
-Y, qué sé yo, nena, pero ¿vos tenés muchas ganas de quedarte a dormir en la terminal?
Salieron.
La calle estaba más húmeda y pegajosa que hacía unas horas. Una leve llovizna había caído y ahora, el último sol evaporaba cualquier huella de agua que hubiera quedado sobre el asfalto. El calor era cada vez más fuerte y Pita andaba tropezándose.
No tenían mucho dinero. Chano se las había rebuscado para achicar la suma intentando sacar algún osito de la máquina, hasta que, tras la quinta desilusión, desistió, no por orgullo, sino porque prefirió gastar los últimos diez reales en una cerveza importada de Argentina.
Caminaron hasta el pequeño centro donde Chano eligió un cuarto de pensión. Pita necesitaba un baño, hacía días que no aguantaba las ganas de pillarse y vomitar. Estaba segura de que era culpa de los cuatro kilos que camarão frito que había consumido en la última semana, así que no se preocupaba, pero sí incrementaba su mal humor.
En planta baja, a menos de dos metros de la calle, estaba el cuarto, oscuro y estancado; las paredes eran de color mostaza invadidas por manchones grises de los años y la humedad. Grandes huecos descascarados en las esquinas y una pequeña ventana corrediza que dejaba ver un puesto de comida sobre la vereda de enfrente. Con algo de suerte o más bien pura casualidad, consiguieron una habitación con baño. Un ínfimo cubículo sin puerta, con una ducha eléctrica y un inodoro.
Pita tiró la mochila al lado de la cama, y la hizo chocar contra la mesita de luz desde donde voló un portarretratos con una foto del Fluminense posando en el Maracanã. El vidrio se astilló y ella suspiró al darse cuenta de que era una foto y no un espejo. Pita era tremendamente supersticiosa. De todas formas, antes de disparar hacia el baño, procuró ordenar lo que había provocado y decir en voz baja un versito protector, no fuera cosa de que su estadía siguiera empeorando.
Chano se tiró panza arriba en la cama matrimonial sin reparar demasiado en las pulgas ni en que el cubrecama no estaba húmedo, como todo en la ciudad, sino mojado.
Pita encontró la manera de hacer de su paso por el baño una situación poco traumática, aunque la descompostura se dejaba palpar por cualquier rincón. Con una voz doliente, le avisó a Chano que saldría a buscar una farmacia. Chano, prefirió no escucharla y se cubrió la cabeza con la almohada.
Tras el portazo inadvertido, Chano se asomó al baño, se calzó las hojotas y giró la llave de agua. Tenía miedo de morir electrocutado pero el calor ya era insoportable. Movió la patita hot/cold pero no había diferencia aparente entre una y otra, así que prefirió la fría presumiendo que de ese modo no correría peligro.
Al salir del baño, el cuarto seguía vacío, pero él no lo notó. Desnudo como estaba, volvió a acostarse; era estúpidamente corajudo. Una hora bastó para que Chano se sumiera en el más profundo sueño.
No mucho tiempo después, alguien llamó a la puerta. Dos o tres golpes amables y unas patadas desquiciadas segundos después. Chano soñaba con la negra de la lambada.
La foto del último día era una cama matrimonial, él durmiendo y Pita haciendo fuerza para abrir la ventana y saltar dentro de la habitación para poder estrangularlo, posiblemente. Tras meter la segunda pierna, el portarretratos del Fluminense volvió caer y Chano abrió los ojos.
-¿Te hago café?
-Uh, sí, sí, dale.
-¡Sos pelotudo, eh!
Chano se quejó y volvió a dormirse.
Pita dio vuelta su mochila, volcando todo lo que había en su interior sobre el borde de la cama. Arrimó la valija de Chano y repitió la operación. Inercambió el contenido, abrió la ventana y tiró la valija afuera. Las cosas de Chano quedaron sobre el piso. Buscó la llave de la habitación y se cercioró de que la puerta estuviera cerrada. Saltó nuevamente por la ventana. Se quedó quieta un momento mirando hacia delante, luego buscó en el suelo de tierra mojada. Consiguió lo que quería. Cerró la ventana y en el marco colocó dos varillas de madera. Paró un taxi y partió rumbo a la Terminal.
Cecilia Larregui
Diciembre 2008
Biblioteca. Colegio estatal. Una bombita de cuarenta pende de un cable pelusiento.
—Yo a vos te enseñé lo que sabía, Elvira, de pe a pa (nerviosa). Todo lo que sabía.
—Concursos son concursos, Marta. Se ve que no estaba de dios que fueras vos.
A Marta la desconcertó esa última frase, “no estaba de dios que fueras vos” hacía eco en los enormes huecos de su cabeza. Marta era cabezona, pero ninguna zonza. Años trabajando en la biblioteca del Comercial, décadas asesorando a la incompetente de Elvira, deseando que alguna vez, alguna decidida vez, pudiera ocupar el puesto de inspectora para, por fin, mandarla al lugar que merecía, de portera, por ejemplo. “No estaba de dios… y la re putísima”, pensaba.
Marta había pasado su intelectual juventud en Normandía, de modo que guardaba todas esas irreverencias para su más íntimo interior. No permitiría jamás mostrarse ante Elvira de una forma tan genuina. No.
—Elvira, ¿sabés lo que sucede? —cantó por lo bajo Marta impostando una serenidad más que ajena.
—No, Martita, contáme vos —se apuró la orgullosa de ser directora.
—Sucede que estoy cansada, desanimada, chiquita; no puedo seguir un año más como bibliotecaria, considero que es hora de ocupar el puesto que me corresponde y vos sabés muy bien a qué me refiero —sentenció Marta.
—Vamos, Marta, que no es de tanto escorchar. Mirále el lado dulce a la vida: con la edad que tenés, quién quisiera estar en tu lugar. Rodeada de pibes, de libros, comiendo budín de pan en los recreos, vamos —repuso, casi incoherentemente, Elvira.
De pronto, el eco otra vez. “No es de tanto escorchar”, rebotaba dentro de Marta. ¿Qué le pasaría a esa mujer, que ni ocupando el puesto de directora, podía articular el lenguaje mejor que un reprobado? Los nervios le crecían y sus manos deshacían inconscientemente el anillado de un tomo fotocopiado del Curtis.
—Buenos, bueno, ¿sabés qué vamos a hacer? Mañana será otro día, hoy más vale dejar las cosas como están y no agregarle una lancha más al Tigre, Martita. No es para tanto, pensálo, además ¿cuánto tiempo más pensás seguir trabajando? Ya es suficiente, ¿no te parece? Quizás no sea mala idea ir pensando el la retirada, con la antigüedad que tenés… quisiera yo ser bibliotecaria, mirá —escupió la desgraciada de Elvira.
“Salud mental uno, salud mental dos, salud mental tres…”, pensaba Marta hasta que llegó a la décima salud mental. —Elvira, hay días en los que me resulta realmente imposible entenderte (“Y eso que no le sumo lo de la lanchita del Tigre” superpuso el pensamiento a sus palabras). Esto no se trata de títulos, puestos burocráticos, acá se está manoseando otra cosa, chiquita.
El timbre del segundo recreo hizo vibrar los vidrios maltrechos de las vitrinas de la biblioteca.
—Bueno, Marta, no te amargués, pensálo, tranquila a ver si encima te me das por un síncope —dijo Elvira deseándolo de cierta forma y desapareció tras una ráfaga de colonia con aroma a talco Véritas.
“Mañana le meto un barco y se le hunde el Delta”, pensó Marta mientras reacomodaba el anillado que había destrozado como si fuera un cable de teléfono.
“Cinco Espasa Calpe de química, devueltos, un tachón. Dos Romero de quinto, deben, estos pibes del centro me van a escuchar, cruz roja. Cuatro AZ Serie plata, los de geografía siempre vuelven rápido, adentro, tachón. Conflictos y armonías en la historia argentina de Luna, uno y me lo deben; siempre me lo deben”.
—Permiso, permisito —interrumpe Jorge las entradas y salidas de Marta.
—Pasá, querido — siempre amable, ella.
—Te dejo el budincito sobre el escritorio. Hasta mañana —saludó Jorge antes de que se le cayera la cucharita al piso.
Mario conoce esa pregunta. Le revienta.
Le revienta saber que hace dos años trabaja con su hija. Le revienta que ella tenga que acompañarlo. Miércoles y domingos, feria, curanto, turistas. Dos días de acordeón y violín, veinticuatro horas de chamamé para gringos que viajan solo para comerse el sur.
Bariloche explota en un enero generoso; la pileta municipal desborda de chicos, puntos negros que bailan y que se dejan ver desde el centro cívico; las playas sin un espacio de roca, vendedores de ensalada de fruta. Hace calor seco y desde la terraza del departamento de Quaglia y Albarracín se ven los picos nevados.
Desde que dejaron la humedad y la tierra colorada de Misiones, Mario no pudo tomar un mate tranquilo.
La nena no conoce la nieve. Nunca enterró sus manos en la espuma de hielo, no conoce la sensación fría que quema y enrojece la punta de los dedos. Ella sabe de la tierra, de las uñas negras y cortas que separan las crines de cola de caballo que forman el arco de su violín. Se quita los abrojos de la bocamanga del pantalón y, entre tumbos, se mete en la cama que está en el living, contra la pared compartida con la cocina donde está Mario sentado de espaladas a la ventana. Inés, sobre la mesada, se desenreda el pelo y empapa el ambiente con ese perfume invasor de las cremas para peinar. Mario la ama y eso es lo que lo llevó al sur, aunque cada mañana, al despertar, se pregunte porqué decidió seguirla.
NOTA PEGADA CON CINTA ADHESIVA SOBRE LA BOTONERA DE UN ASCENSOR
“Se les comunica a los inquilinos de L.N. Alem 452 que el……martes 10…….., a partir de las…10h…, la empresa fumigadora ESTHER MINIO pasará a realizar su trabajo por los departamentos. Se ruega atender a los fumigadores ya que, desafortunadamente, sufrimos una invasión imprevista de bichos munición, más comúnmente llamados bicho bolita.”
La Administración.
*
L.N. Alem 452 1º B
San Isidro (CP1642)
Buenos Aires
Argentina
San Carlos de Bariloche, 9 de marzo de 1983
Estimado Coronel Honorio Bote:
Desde la Escuela Militar de Montaña, le hago llegar a Ud., mi Coronel, las insignias y condecoraciones que me ha pedido. Me he tomado el atrevimiento, mi Coronel, de enviarle la placa de bronce en su honor que, a desgracia, ha olvidado en el cuartel.
Con sumo respeto y honor, lo saluda
Teniente 1ro Raúl Remo.
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 10 de agosto de 1983
Al Sr. Bote Honorio:
En el boletín adjunto se detalla la información solicitada.
Atte.
I.A.F.P.R.P.M Instituto de Ayuda Financiera de Pago de Retiros y Pensiones Militares.
BOLETÍN
Los Retiros y Pensiones Militares se rigen por la Ley Nº 19.101, sus modificatorias y por la Reglamentación de la Ley para cada una de las Fuerzas Armadas. Dicha normativa corresponde a un Régimen Especial de retiros y pensiones que nada tiene que ver con los llamados Regímenes de Privilegios. Sus particularidades más importantes son:
1. El Personal Superior y Subalterno del Cuadro Permanente de las Fuerzas Armadas tiene derecho a un haber de retiro a partir de los veinticinco años de servicios militares, según la Tabla de Porcentajes establecida en la citada Ley.
2. El Personal Militar en situación de retiro y sus pensionistas continúan aportando el 11% de su haber hasta la extinción del beneficio.
El trámite para el otorgamiento de un beneficio pensionario debe ser iniciado en la Fuerza Armada correspondiente, existiendo a la fecha, un régimen de pagos provisorios.
Una vez otorgado el beneficio, se envía una comunicación de alta al titular, indicando la fecha y el lugar de pago en donde deberá efectivizar el primer y los sucesivos cobros.
*
PAPELES TRABADOS POR EL BURLETE DE LA PUERTA DEL 1º B
Rotisería “Los Cedros” Menú-Mediodía 12/08
Colita de cuadril al horno con papas……………………………. $1050
Soufflé de calabaza gratinado…………………………………… $800
Tarta de acelga o choclo………………………………………… $600
Milanesa de ternera con fritas…………………………………… $1000
Budín de pan……………………………………………………. $350
Arroz con leche (me quiero casar)……………………………… $400
Tintorería Yatekito
Honorio: el gabán y el vestido de gasa verde están listos. Páselos a buscar por favor que no tengo más espacio en los percheros. La capa se la tengo lista para el miércoles a última hora. ¿A quién se le ocurre ponerse spray con la capita puesta?
De la estación –Diarios y Revistas-
Sucursal Acasusso
Eduardo Costa 604
San Isidro (1642)
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TIQUE FACTURA B
FECHA 12/08/83
HORA: 15:44
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xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
A CONSUMIDOR FINAL
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PARA TI
4,000 X 700,0 2800
ÁMBITO FIN
30,00 X 300,0 9000
MACRAMÉ PASO A PASO
2,000 X 800,0 1600
TOTAL 13.400
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Lanzarote, 9 de agosto de 1983
Papá:
¿Cómo te trata la zona norte, viejo? Mucha humedad, imagino. Te escribo por un par de razones:
Ayer le festejamos el cumpleaños a Memé, no sabés lo linda que está, los dos años le sientan de maravilla, si la vieras correr a Felipe por la playa gritándole como loca “pepe”, le dice Pepe ¿Podés creelo? Pepe en vez de Pipe, qué plato. Hicimos un almuerzo con la familia de Ernesto, algo sencillo, nada de andar con preparativos.
Por acá, entonces, todo lindo, tranquilo, acostumbrándonos de a poco a la isla, es tan diferente. Yo no sabía que estábamos tan cerca de África, para mi las Canarias eran cerquita nomás de Europa. En fin, qué te digo.
Por otro lado, y esto es lo importante: Hacéme el favor. La semana pasada tuve la suerte de hablar por teléfono con Nelly y me dijo que todavía no hiciste el trámite de la pensión de mamá. Esas cosas hay que hacerlas, no me hagas fastidiar que estoy lejos y no puedo hacerlo yo, y Nelly ya sabemos cómo es, más vale dejarla con sus cosas que sino después anda reclamando. Sé que tenés que llevar los recibos de pago del ministerio o bueno, no sé, los que le daban en el Normal, si mal no recuerdo los guardaba en una carpetita amarilla en el cajón derecho de la cómoda, la que tiene el vidrio arriba con las fotos de La Falda, esa.
Bueno, viejo, hacélo y no rezongues. Los nenes y yo te mandamos un fuerte abrazo, Ernesto también por más que se haga el machito.
Graciela.
*
SECCIÓN CUENTOS DE “EL ARTE ES MORIRTE DE FRÍO – REVISTA LITERARIA”
ENTREGA 1: “Rosa de lejos” Por Lisandro Dedánn
El edificio queda entre las calles 25 de Mayo y Acasusso. Por cada piso de los cuatro que tiene, hay dos departamentos: A (frente) y B (contrafrente, pero más luminoso que el primero).
Los propietarios son todos, en su mayoría, sexagenarios y llevan más de treinta años como vecinos. Es así que se conocen todos con todos y tienen una relación cordial. Han visto crecer hijos y morir a esposas y a esposos en esos treinta años. Yo, sin embargo llevo sólo cinco años viviendo aquí con mi madre y soy el único joven del bloque.
Es notable, ha ocurrido algo insólito hoy. Cuando bajé a buscar la revista de literatura que me llega todos los meses, me crucé con R en la planta baja, y me comentó algo que despertó la curiosidad de todos. Mientras arreglaba el zócalo de una de las paredes, comenzó a contarme de la inesperada desaparición de mi vecino de piso, H. Me dijo que mientras limpiaba el hall de entrada se cruzó con M, la señora del 2do A que se encarga de cobrar las expensas y ésta le preguntó por el Coronel (así le dicen). M le dijo que estaba extrañada que el Coronel no había pagado la cuota de este mes, que había tocado varias veces por día a su puerta durante cuatro días seguidos y no había obtenido respuesta alguna. R me dijo que también estaba atónito: H no acostumbraba a desaparecer de esa manera y el hecho de que se hallara atrasado con el pago de las expensas era aún más que inusitado en su persona.
Por mi parte, debo decir que si R no me hubiese puesto al tanto, creo que nunca hubiese notado la ausencia de mi vecino.
H era un militar de alto rango del ejército de montaña. Era un hombre de por si reservado, en estos cinco años que llevo en este edificio, nuestras charlas no se han prolongado más allá de un austero saludo matutino, cuando ambos bajábamos para comprar el diario. Luego, él salía con su perrita a dar unas vueltas, para regresar y encerrarse en su departamento, por lo tanto, siempre me había parecido un personaje algo fantasmagórico; recién hace dos semanas supe que era viudo.
Pero, desde que ella apareció he comenzado a fijarme cada vez más lo que sucede en el departamento que le pertenece, ¿o pertenecía? al Coronel; no hace ninguna diferencia no conocer su rostro, ni su voz, ni siquiera el porqué y el cómo de su súbita aparición me importa. Sólo sé que estoy enamorado y que a pesar de mis 19 años no estoy dispuesto a perder la oportunidad de conocerla…
Continuará.
*
ARTÍCULO APARECIDO EN LA REVISTA PARA TI DE NOVIEMBRE
Muebles y objetos de antaño para la decoración de hoy
En este mes que llevo en Amsterdam he aprendido algo sobre mí. Me gusta, me tranquiliza y me calma el alma el estar rodeada de historia. Pasear por calles empedradas, exuberantes parques de árboles milenarios, antiguos canales y puentes de piedra, u observar que las casas se apoyan torcidas las unas en las otras cual elegantes ancianitas fatigadas me llena del indescriptible sentimiento de pertenecer a la humanidad, de venir de algún lado, de ser una microscópica partícula de un largo camino, que en este punto se encontró conmigo.
Los anticuarios son lugares que, por instinto, busco en cuanto llego a una ciudad y muchas veces las amo en función de estos pequeños reductos llenos de vivencias pasadas que se reflejan en sus muebles.
En París o Londres los anticuarios reflejan más que nada su esplendor histórico, pero es en Madrid con su carácter cotidiano y desordenado donde he encontrado los anticuarios más eclécticos, variados, alegres y amistosos.
De entre ellos una de mis tiendas favoritas es La Europea. No se por qué, pero así son los grandes amores. La simpatía de sus dueñas, el macho pato disecado, ese mejunje de muebles y objetos inútilmente bellos que a mi tanto me emocionan ¿Quién sabe? El caso es que me gusta y mucho.
Eugenia y Sonia renuevan constantemente su stock, trayendo joyas de todas partes gracias a sus viajes. Su buen gusto refleja una predilección por los muebles antiguos, que realmente parecen antiguos, y que restaurados o no, mantienen el sabor elegante o rústico del pasado. Quizás a ellas les pasa como a mí: la restauración es indispensable, pero que no se note.
TRANSMITE LRA1 RADIO NACIONAL BUENOS AIRES, REPÚBLICA ARGENTINA Y LS 82 ATC CADENA NACIONAL PARA TODO EL PAÍS. HABLA A LA NACIÓN ARGENTINA EL PRESIDENTE RAÚL RICARDO ALFONSÍN.
(…) “Todos somos humanos y falibles, pero esta vez no contamos con mayor espacio para el error o la flaqueza. No debemos fallar. No fallaremos. Y si al cabo de nuestros mandatos hemos cumplido con aquellos grandes fines del Preámbulo de la Constitución que alguna vez nos hemos permitido recordar de viva voz como ofreciendo a la gran Argentina del futuro nuestra conmovida oración laica de modestos ciudadanos, entonces, como también lo hemos dicho en más de una ocasión, nada tendremos que envidiar a los grandes personajes de nuestra historia pasada, porque esta generación, la nuestra, tan hondamente agitada por las luchas y las frustraciones de este tiempo, habrá merecido de su posteridad el mismo exaltado reconocimiento que hoy sentimos nosotros por quienes supieron fundar y organizar la República.
Con el esfuerzo de todos, y unión y libertad, que así sea”.
DIARIO ÁMBITO FINANCIERO, 11 DE DICIEMBRE DE 1983
Alfonsín prestó juramento ante la Asamblea Legislativa reunida en el Palacio Legislativo, rodeado por representantes de todas las fuerzas políticas, jefes de Estado y delegaciones de primer nivel de países extranjeros, los ex presidentes constitucionales Arturo Frondizi y María Estela Martínez de Perón, legisladores y autoridades nacionales electas.
Tres minutos después de las 8, Alfonsín entró en el recinto de la Cámara de Diputados en medio de los aplausos de quienes colmaban el lugar. En el mismo acto, prestó juramento como vicepresidente Víctor Martínez, tras lo cual el presidente dirigió su mensaje a ambas cámaras legislativas, difundido por la cadena nacional de radio y televisión.
El discurso fue varias veces interrumpido por los aplausos. El mensaje se extendió 60 minutos. A las 9.10 se entonaron las estrofas del Himno Nacional, tras lo cual el senador Edison Otero dio por concluida la sesión.
El flamante presidente constitucional fue a la Casa de Gobierno en un automóvil descubierto, en compañía de su esposa, y precedido por un batallón de Granaderos a Caballo, siendo aclamado en todo el trayecto por una bulliciosa concurrencia que lo vitoreó sin cesar y cubrió la Avenida de Mayo y el vehículo con papeles celestes y blancos y flores.
*
LISTA DE LOS MANDADOS SOSTENIDA POR UN IMÁN, RECUERDO DE CERRO OTTO.
ü Café La Morenita
ü Agua tónica
ü Gancia
ü Zapallitos
ü Tomates
ü Leche
ü Papel higiénico
ü Acetona
ü Jabón de tocador
ü Azúcar
ü Mermelada de naranja
ü Fijador spray
ü Clavos de acero
ü Pomada borravino
NOTAS ENGANCHADAS AL PICAPORTE DE LA PUERTA DEL DEPARTAMENTO DE HONORIO BOTE POR RAMÓN
Señor:
Le pido por favor que mañana por la mañana atienda al muchacho de la fumigación porque la semana pasada no lo atendió nadie y es importante que terminemos con la invasión de estos desgraciados.
Ramón.
Pa:
Vine a traerte la postal que mandó Graciela, para que la vieras nomás, pero no estás. ¿Dónde estás, che? Me dijo el portero que no te ve hace tiempo. No te la dejo porque andá a saber si alguien mete mato y me la roba. Paso en otro momento. ¡Ah! ¿Quién es el pibe del A que escucha Virus a todo lo que da?
Nelly.
*
SECCIÓN CUENTOS DE “EL ARTE ES MORIRTE DE FRÍO – REVISTA LITERARIA”
ENTREGA 2: “Rosa de lejos” Por Lisandro Dedánn.
Yo no estaba acostumbrado a escuchar ruidos provenientes del otro departamento, menos a esas horas de la madrugada, por eso, cuando escuché unos tacos afuera del departamento, y luego el ruido de alguien buscando las llaves, me sorprendí. Me levanté de la cama trastabillando y me aproximé a la puerta, acerqué un ojo a la mirilla y la vi. Más o menos, porque sólo alcancé a verla de espalda y parte de su cabeza. Llevaba sólo un pequeño bolsito. Era una mujer de gran estatura y de contextura fornida; iba vestida de gala. Luego, cerró la puerta y la perdí de vista.
Tambaleando en la oscuridad, me senté un momento a pensar. Esta mujer era una total desconocida, sin embargo tenía las llaves de la casa del Coronel. Y ¿dónde estaba el hombre?, ¿estaría gravemente enfermo?, ¿de viaje por La Polinesia?, ¿habría estirado la pata? ¿Quién cuernos era esta señora?
Víctima de un rapto de ansiedad, tomé una libreta y comencé a formular hipótesis acerca de todos estos extraños episodios y me quedé a la espera de que, por alguna de esas casualidades, la mujer saliera otra vez del departamento.
Pasé las siguientes horas con la mirada fija en el reloj de la video casetera y escuchando el zumbido del motor de la heladera. En ese estado de hipnosis causado por el tintineo de las lucecitas de la video me hallaba cuando, a las 5.37 de la mañana, volví a escuchar movimiento fuera del departamento.
Corrí precipitadamente hacia la puerta, en el trayecto dejé que mis anteojos volaran, hasta estrellarse contra el piso, para luego ser pisados por mi descalzo pie derecho. Pero por el momento, mi mente sólo operaba para llegar a la puerta lo más rápido posible. Sólo vi una imagen difusa de una mujer de pelo castaño, pero sé que era ella. Llevaba anteojos para sol de un tamaño considerable, algo bastante curioso, dado que todavía no había amanecido.
El otro detalle que escuché junto con el taconeo de la mujer fueron los trotecitos de la perra del Coronel. Luego, sentí cómo las dos bajaban por la escalera. Me percaté de que la mujer, probablemente, saldría del edificio a pasear a la perra, por lo que nuevamente inicié una carrera hasta la ventana. Me fue sorprendente el hecho de que la mascota del Coronel fuera tan simpática con una desconocida, ya que la pequeña bestia era una de las criaturas más hoscas que haya conocido.
Sin pensarlo, salí a la calle y comencé a seguirla. Descalzo y todavía en calzoncillos y camiseta. La seguí a una distancia segura hasta el quiosco de diarios. Ahí, pidió Ámbito financiero y la revista Para Ti y continuó caminando hasta la panadería de donde salió con un paquete de cañoncitos de dulce de leche, que luego convidó a la perrita.
Dieron la vuelta manzana y regresaron al edificio. Dejé que entraran con tiempo y luego de un rato entré yo. R estaba barriendo la vereda y me abrió con una sonrisa chabacana por mi atuendo, pero al notarme tan apurado prefirió abstenerse de hacer algún comentario. Cuando llegué al primer piso, la mujer ya había ingresado a la casa del Coronel.
Decidí quedarme todo el día, de esa forma conseguiría controlar cada movimiento que ella hiciera…
Continuará.
*
Lanzarote, 23 de diciembre de 1983
Viejo:
Qué bueno que escribiste, por fin. No pasó tanto tiempo desde la última carta, pero te confieso que me había quedado algo preocupada.
Entiendo que los trámites sean un plomo, pero es un tirón más. Si ya tenés todo organizado es más fácil. ¿Los recibos estaban donde te dije, no? Me acuerdo patente de esa carpetita, mamá se volvía loca cada vez que yo metía mano en ese cajón. Para mí que guardaba algo secreto… no, chiste. Entonces, con eso ya está, una mañana te armás de paciencia, te comprás algo rico en la panadería y te vas a hacer la cola al PAMI sin chistar, viejo.
Hablé con Nelly, me llama cada dos por tres ahora. Parece que la dejó el novio, es un atorrante ese pibe, yo lo vi un par de veces antes de venirnos para acá y, la verdad que no me gusta ni medio. ¿Por qué no te das una vuelta por su casa? Me dijo que el otro día pasó por el departamento y que no estabas, era para mostrarte la postal que le mandé, pobrecita.
En fin, te dejo porque tengo que llevar a Memé al dentista; me da miedo, no sé cómo son los gallegos con los dientes. Pobre nena.
¡Beso grande, Pa!
Graciela.
P.D.: ¿Qué tal es Alfonsín?
*
SECCIÓN CUENTOS DE “EL ARTE ES MORIRTE DE FRÍO – REVISTA LITERARIA”
ENTREGA 3: “Rosa de lejos” Por Lisandro Dedánn.
A eso de las 12.10 del mediodía tocaron a la puerta del departamento contiguo. Observé por la mirilla a un joven con un paquete, al parecer, de ravioles, pero nuevamente, no podría precisarlo. Al rato la puerta se abrió y la mujer lo atendió en bata de seda; estaba muy guapa o eso imaginé. Para mi sorpresa, el chico pasó adentró y la mujer cerró la puerta.
Pasaron diez minutos y el joven salió con un sobre tamaño carta.
Más tarde, decidí bajar y hacerle un interrogatorio a R, esta vez tomé la precaución de ponerme los pantalones. Cuando bajé, R limpiaba el ascensor. Me dirigió una mirada socarrona y, con una sonrisa me preguntó si se me había dado por hacer jogging matutino. No le respondí, pero sí le pregunté si sabía algo nuevo del Coronel. Dejó de pasar el trapo y me dijo que M había recibido el pago de las expensas que debía H en un sobre que le habían deslizado por debajo de la puerta, algo de por sí insólito, pero que por lo menos significaba que el Coronel había vuelto, o si no se había ido nunca, que había tomado la sabia decisión de ponerse al día con el pago de sus impuestos.
Llegué a la conclusión de que R desconocía el hecho de que una desconocida estaba viviendo en la casa del Coronel, y que seguramente, ella se había encargado de saldar la deuda. No sé por qué, pero instintivamente no dije nada y seguí sólo con mi investigación.
Comprendí que el joven había sido el encargado de entregar el sobre y que era obvio que la mujer prefería mantenerse en el anonimato. Sólo salía a altas horas de la madrugada para mantenerse fuera de la vista de todo.
Decidí pasar por el quiosco de diarios y hacerle un par de preguntas a T y por último, pasar por “La Reina” para conseguir algún indicio y, de paso, llevarme media docena de cañoncitos. Ninguno supo darme información válida. La describieron como una persona bastante corta de palabras, hacía su pedido, pagaba y se iba sin más. Aunque, a ambos le llamó la atención que estuviera tan bien vestida y que llevara lentes oscuros a las seis menos cuarto de la mañana. También mencionaron algo sobre su voz, como de fumadora vieja; pero nada más que me condujera a algo más allá de lo que ya sabía.
Me sentí frustrado, no había indicio alguno de quién era esta mujer, y cómo se relacionaba con la desaparición de H; me estaba desesperando. Pero lo que más inquieto me ponía era otra cosa: esta persecución obsesiva, este misterio que rodeaba a tan bella mujer me estaba haciendo sentir cosas que jamás había sentido por alguien. Toda esta situación me tenía muy confundido y excitado. Fue entonces que llegué a la conclusión de que para que el misterio fuese develado sería necesario entrar a la casa del Coronel por medios ilícitos, aunque fuera en contra de la ley.
El allanamiento se llevaría acabo de la siguiente manera: primero, necesitaría una ganzúa y una que otra herramienta para forzar la cerradura. De no resultar, la tiraría abajo a golpes con una maza y, en su defecto, simplemente la prendería fuego. El ruido no sería un problema, todos los que viven en el edificio por la noche no usan audífonos.
Ya para ese entonces, mi trastornada ansiedad y mi locura no dejarían lugar para hacer un trabajo más fino, sino, nunca llegaría a conocer a la mujer que me desvelaba. Ya nada me importaba.
Una vez que la puerta dejó de ser un problema, entré al recinto donde vivía mi amada. El ambiente olía a un perfume dulce y era evidente que la decoración respondía a un gusto delicado. Las figuras de porcelana, los tapices con motivos florales… ¿la colección de armas antiguas? Dejé la ganzúa sobre la mesa y empecé a recorrer los demás ambientes.
Entré a la cocina, luego a su dormitorio y, por último, al baño. Y ahí lo noté. Las dos tapas del inodoro estaban levantadas y un dejo de líquido amarillo ensuciaba el excusado. Mi corazón paró de latir y sentí que toda la sangre se me iba al estómago. Luego, sentí que alguien entraba al departamento. La pude ver de cerca. Todos mis temores y mis sospechas se confirmaron: el Coronel era Rosa de lejos, ni más ni menos.
gracias mercedes.
Nota de la autora -esa vengo a ser yo-: ¡hoy me puse seria, canejo!
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Ayer escuché en dos programas de televisión, curiosamente, hablar sobre la ciudad que parece esconder el secreto de la juventud eterna. ¿Hechizos, chamanismo? Veamos:
Entonces, sabemos que es indiscutible la pureza en los altos valles de la cordillera, pero no todo se simplifica a eso.

Así y todo, no creo que sea efectiva... Estuve pensando (con Paquito) y jugando en estos días, pero no tengo idea de qué bodega es. Casi, casi tan maravilloso como La llama que llama (que me tomó años entender que era de Telecom -la relación waaa de que las llamas están en el norte y la empresa operaba en la zona norte de Buenos Aires y Telefónica en el sur de la meeesma) (¿Quedó arcaica la significación, no?)
odio decir gracias MMA
NO POR NADA VA TAN PEQUEÑO
"Esto no es un shopping,
¿voy y vengo, voy y vengo, y en el
camino me entretengo? No, señor".
Teresita -me gusta la gimnasia- Buetto, allá por 1998 en Tanti, provincia de Córdoba.